El Periplo del Héroe

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Suponga que nació dentro de una familia de cualidades decorosas, que recibió cierta instrucción, que cuenta con algunos sueños e ideales. Es usted un héroe de la vida común, que iniciará un viaje corto, largo o nada más a su interior para demostrarse alguna cosa o para pasar el tiempo simplemente.

Se supone que todos cumplimos una misión en esta vida, aunque es frecuente que no nos enteremos de ella, hasta ser individuos entrados en años, sólo algunos iluminados la conocen de primera instancia, mientras juegan en la infancia o deambulan en los jardines de la adolescencia.

El resto, se enfrenta a la iniciación (como la llamara Jung); sin más herramientas que la edad cronológica. Va sorteando las dificultades del camino, encontrándose con brujos, adivinos, asesores, maestros comedidos y otra gama de ayudantes que a manera bondadosa proveen hechizos y armas para vencer al enemigo. Un dechado, pero de malignidades, camuflado entre la gente de bien; no es uno solo, son varios en el transcurso de la vida y hay victorias, cómo no, pequeñas, pero deliciosas victorias.

 Y allá va el Héroe resignado, prometeíco, atando cabos, defendiéndose de algunas ofensas, estudiando. Hasta que un día, decide ya no ser Héroe y volverse un animal: no piensa, no mira, no analiza, mira rigurosamente una pantalla con publicidades de internet, come alimentos procesados de alta aportación calórica, ruge, rumia el ocio, el desdén por el arte y la elocuencia.

Sólo subsiste en su interior, la llama pequeñita del amor, esa cita a la que no pudo acudir porque el planeta Tierra fue sacudido por una ola pandémica de coronavirus-2 que provoca un síndrome respiratorio agudo severo. Jung y sus padres pueden irse muy lejos.