EL PLAN (Segunda Parte)
Intervino Urbina:
– Exactamente al revés de lo que hacen los gringos.
El ambiente se iba tensionando. La hebra jalaba un lógico camino en donde no aparecía la solución.
La diplomada del Estado Mayor, Eugenia Lazzo intervino:
– No se puede secuestrar a ningún miembro del equipo de Trump, no se puede pasar el muro que protege a güero mechudo, simplemente entrar a Estados Unidos es un problema.
– ¡Tienes razón! Gritó la otra militar, debemos centrarnos en cosas factibles. En aranceles y deportaciones, por ejemplo, no hay nada que hacer. Son decisiones unilaterales, más que de ellos de Trump que tiene la sartén por el mango.
Silencio sepulcral.
Antonio Salvatierra había ganado sus galones militares actuando en el campo de guerra del narco y tenía fama de “adivinar” por donde atacar, por donde hacer daño sin sufrirlo él.
No había hablado. Dejó su taza de café perfectamente acomodada en el platito y lentamente fue desgranando palabras que hicieron que los otros creyeran que había perdido la razón:
– Vamos a matar a Trump.
Se alebrestó el gallinero.
–¡En serio! – Ni pensarlo! – No es posible es prácticamente una locura. Les cayó como una bomba lo dicho por Salvatierra.
Antonio dejó que aminorara el vendaval:
– Miren lo he meditado concienzudamente y no hay de otra. 5 razones obvias, lógicas se imponen:
1.) No hacemos daño más que al orate de Trump.
2.) El es el director del mundo y en especial de nosotros.
3.) Matando al perro se acabó la rabia. Y es un mal menor para lograr una estabilidad mundial mejor.
4.) Es la oportunidad para con inteligencia y uso del talento, la improvisación y la tecnología hacer algo factible.
Y lo más importante es no vernos, no dejar cabos sueltos, hacer de esto una obra de arte.
5.) Recalcar sobre el silencio absoluto. Si inmiscuimos a quien sea, de la Guardia Presidencial, júrenlo que se sabría al momento.
Dejó de hablar y el avispero voló:
–¡No! ¡Peligra México! ¡Se haría un caos! ¡Es una locura!..
El general Terriquez acariciando un puro sin lumbre puso orden:
– Como dice el pueblo, hasta ahora que “me cayó el veinte”. Sí, en efecto la única forma es darle jaque-mate al rey que chinga a todos. Pero, fijaos bien: Debe ser una operación perfecta, quirúrgica, claro si la aprueban todos.
El chinito volteado en el mostrador seguía viendo el partido de la UEFA que transmitía su pantalla. No reparaba en que a unos pasos se decidía una eliminación que cambiaría el ritmo del mundo, por cierto visión no compartida por la mayoría de los presentes.
El oriental no reparaba en que a unos metros se hablaba de la posible muerte del hombre más poderoso del mundo, por cierto misión no compartida entre otros por Abraham Jaimes, avezado jefe de paracaidistas:
– Bien. Eliminamos a Trump pero ponen a otro igual.
El general Antonio Salvatierra intervino:
– Calmado primero hay que sopesar la factibilidad de hacerlo. Creo que nos arriesgamos mucho aquí. Váyanse uno por uno y tomen una tarjeta. Es la dirección de lo que era la casa de mis padres, en la Colonia Narvarte en la calle de Yácatas… yo pago. Ahí nos vemos de hoy en ocho exactamente a las seis de la tarde ¿OK?
El grupo fue saliendo a pausas.
CONTINUARÁ
