El punk: un movimiento sub cultural soluble en el anarquismo

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El punk y el anarquismo son tan inseparables como el cuerpo y el alma, el anarquismo es una tradición intelectual y artística que lleva en la memoria humana más tiempo que el punk. Así que autores como Mijail Bakunin, de origen ruso, Ricardo Flores Magón, de origen mexicano, Joseph Pierre Proudhon, de origen francés o Errico Malatesta, de origen italiano, se ocuparon en generar una propuesta teórico-política que rompiera con los esquemas ya existentes. Sólo se trataba de una propuesta que favorece a la vida, pero no al sistema, en ella se afirma el individualismo, así como el colectivismo, es una idea de autogobierno sin la necesidad de un Estado; tiene que ver con crear una sociedad libre en donde cada uno sepa lo que tiene que hacer sin perjudicar a otros.

Esta cuestión queda más clara con la afirmación de Piotr Kropotkin en el sentido de que nosotros, los anarquistas, no tememos renunciar al juez ni a la condena. No tememos declarar haz lo que quieras y como quieras, porque estamos convencidos de que la inmensa mayoría de los hombres, a medida que se eduquen y se quiten de encima las actuales trabas, actuarán siempre en una dirección útil a la sociedad. Habría que decir que al punk hay que considerarlo como una contra cultura ya que tiene una filosofía propia, más aún, estilo de vida. Desde su origen, ha concebido ideas que forman parte de la cultura colectiva, como la expresión no hay futuro; ésta, que pasó a formar parte del punk bajo la creencia de que hay que explotar el mundo del ahora, más que un mundo lleno de futuro que es inalcanzable y subordinado al mundo verdadero.

 

En este contexto es que en 1974, cuatro jóvenes del distrito de Queens en Nueva York, se autodefinieron como desadaptados sociales, empezaron a tocar en CBGB, un bar. Decían ser Ramones. Sus presentaciones eran polémicas, con un ritmo agresivo y un mensaje directo que quería rescatar al rock de un abismo interminable e inaplazable. Sin embargo, un año después, Londres se convierte en la cuna de una incipiente banda denominada Sex Pistols, que, con la influencia de Ramones y sonidos propios iniciaron una nueva corriente en Gran Bretaña, a diferencia del rock ‘n’ roll ya hablaban de un lenguaje al que no se le había apostado más que con reservas, el de la calle. Johnny Rotten se une a Strand y el seis de noviembre de 1975 montan el primer show de Sex Pistols en Saint Martins Art College en Londres.

 

La historia oficial del punk empieza con uno de los conciertos más influyentes de toda su trayectoria. En febrero Pistols tocan en Marquee club en Londres y destrozan el lugar. Lo mismo se repite con su primer concierto en 100 Club, equivalente de CBGB, en la capital inglesa. El 4 de junio toca en Manchester Free Trade Hall y se considera que en la sala hay menos de cien personas. No obstante, entre el público están futuros miembros de Buzzcocks, The Clash, Joy Division, The Smiths, quienes, inspirados por la música y la energía de Pistols, forman bandas propias y provocan la explosión de la primera ola de punk.

 

Así es que se puede considerar 1976 el año del nacimiento del punk, es el momento cuando explota en toda su intensidad, entró en los periódicos y llegó a conocerse en muchos lados del mundo, sobre todo en Occidente. Pero la propia historia del punk comienza antes. Hay que considerar algunos antecedentes tempranos, las primeras manifestaciones a mediados de los sesentas en Nueva York y Detroit. En 1972 The Saints empiezan a tocar punk en Australia y The Stran, el primer nombre de la banda que luego se convertirá en los Sex Pistols, arrancan en Londres. No olvidemos el concierto en Wembley de The New York Dolls que marca un antecedente cargado de significado en las futuras bandas inglesas de punk. Tanto Ramones como Sex Pistols más que ganar fama, querían lograr una transformación social y recuperar el espíritu rocker que pedía un empuje en tiempo récord. Esto originó el surgimiento de otras bandas como The Clash y, a finales de los setentas, Siouxsie & the Banshees, que era comandada por una mujer. Así es que nace una sub cultura juvenil que tiene como objetivo entregar mensajes cargados de rechazo a través de la música y de la moda.

 

Una de las ideas más fuertes del punk es la expresión por medio de la autodestrucción y la falta de toda civilización y valores, que son premisas que corren por sus venas, pues desde los ochenta era bastante frecuente ver a jóvenes en las grandes ciudades expresando descontento tanto en la música, como en su persona mediante símbolos o comportamientos inusuales; de ahí que su atuendo sea extravagante y contrario a las modas. Es evidente que el punk está hoy vigente y que se ha convertido en un movimiento artístico que levanta el interés tanto del público en general como de críticos y académicos, que se ocupan de establecer el punk como un movimiento sub cultural. También quieren reivindicar el papel que tuvieron las mujeres en el movimiento a partir de la exploración del cómo se articula la identidad de género desde el punk. Vemos que ciertos aspectos de la experiencia de estas punks, como la experimentación sexual, la libertad, la creatividad, la agentividad mostrada en poder pasar de ser parte de la audiencia a ser ejecutantes, son los elementos que han hecho historia o más bien leyenda.

 

Si ubicando al punk dentro del círculo del rock, vale la pena señalar lo dicho por Pablo Seman en el sentido de que en los sectores populares (…) la tradición roquera se hacía presente de forma infrecuente, formando ínsulas, sobre todo de oyentes de rock duro, básico o heavy metal, y después, en un campo dominado por la música melódica, la cumbia, el chamamé y la música folclórica en general. Con el paso del tiempo, la escena punk comenzó a adquirir matices proletarios, aglutinando bandas procedentes de zonas que no formaron parte del circuito exclusivo inicial. Se deja de lado la posición etnocéntrica de clase, tanto que la cultura rock, percibida y autopercibida como resistente e impugnadora durante los años que van de 1976 a 1983, capturaba fundamentalmente sujetos urbanos y de clases medias; y sólo en sus márgenes a los jóvenes de las clases populares.

 

Después de la ola hippie, en la que pululaban las largas melenas, prendas oversize y cuya libertad estaba en la forma de vestir, el punk sugería todo lo contrario. En esta tendencia, los pantalones bota elefante eran una ofensa y la palabra naturalidad se guardó en el baúl de los recuerdos. En las calles había una atmósfera dominada por el olor del cuero. Los pantalones skinny en este material y las chaquetas moteras se convirtieron en ícono de los adolescentes de aquella época. Asimismo, los jeans con agujeros hechos a mano, adornados con nodrizas metálicas de todos los tamaños asaltaron las aceras de Estados Unidos y Reino Unido. También como decía Strongman:

 

El pelo corto y los tejanos ceñidos que conferían un aspecto sucio y que provocaban el acoso policial en 1976 y 1977 habían sido adoptados por casi todo el mundo de menos de 30 años. Las botas Dr. Martens, tipo militar, se volvieron tan populares como los Chuck Taylor All- Stars, en forma de botín, tanto en hombres como en mujeres, así como el delineado grueso, en los párpados inferiores. Los accesorios de piel con remaches y taches; las cadenas metálicas y los pines con mensajes políticos fueron los favoritos. De hecho, algunos escribían mensajes de rechazo al sistema en sus camisetas de algodón, con marcadores permanentes, también las pieles marcadas.

 

También hay que destacar una nueva feminidad; la minifalda, prenda originaria de los sesentas, en contraste con otras piezas que luchaban por no desaparecer, se quedó como un ícono de feminidad. Sin embargo, materiales como el paño fueron reemplazados por el dénim. Los outfits se dejaron de lado fusionando estas prendas con otras que sólo eran vestidas por hombres, como las botas industriales. Ellas ahora no le temían a cortar su pelo, rasurarlo y pintarlo de colores fuertes y, aun así, robarse la atención de los hombres. La rudeza era su sex appeal.