El reclamo femenino: luz en el siglo XXI

Views: 576

Echando la vista atrás, hacia el convulso siglo XX, ciertamente se puede decir, como pretende Angus Deaton, la eminencia económica británica, que estamos mejor que nunca. De una forma u otra es justo decirlo. Los censos nacionales no arrojan resultados que en un futuro se estudiarán con estupor –como los censos rusos de la primera mitad de siglo–, la tecnología ha conseguido desarrollar el conocimiento y la técnica a ritmos antes impensables, y las libertades que antes se añoraban, ahora no sólo son una realidad, sino que están justamente protegidas y entendidas como un asunto de suma importancia. Y si bien es cierto que la actualidad no es un paraíso terrenal –algo no sólo imposible sino indeseable–, puede decirse también que, como lo fue antaño para la despenalización de las drogas, para la caída de la pauta conservadora como instancia moral última, o para la libertad de orientación sexual, el ahora para el feminismo, es un momento bastante próspero.

La lucha por la reivindicación femenina constituye, en la hora corriente, el reclamo político que, larga, larguísimamente, tiene más trascendencia de todos los actuales. Felizmente, aún, ni la corrupción lo pudre ni la radicalización lo termina de hundir, como la naturaleza humana no puede evitar hacer en cualquier asunto o problema que cae en el terreno de lo político. Así pasó con la infinita cantidad de intentos de abolir la pobreza en las naciones, así pasó con la liberación de esta o la otra nación latinoamericana, y así pasa en todo el mundo de la indexación universitaria. Los colectivos feministas sobreviven aún a todos estos escollos connaturales al género humano con una salud envidiable. Y además, en su mayoría, lo hacen manejando la cantidad de información necesaria sobre su historia y fundamentos intelectuales más importantes para defender con razón y eficacia todo el asunto.

En pocas palabras, es increíble la claridad y la convicción que ahora, cualquier mujer de un país libre, tiene en que su género no tiene como función última el cuidado del hogar y de los hijos. Las predilecciones de las mujeres ahora no nada más son válidas sino importantes, algo aparentemente obvio pero que hace un siglo era simplemente humo. La mujer de hoy en día tiene el derecho y la seguridad para poder expresarse con expresiones del tipo: quiero o voy a, un logro más que significativo, si se considera que durante gran parte del siglo XX el género femenino podía pensar en términos de me gustaría que, o mis padres han elegido para mí que. El haberlo logrado en un puñado de décadas es, de una forma u otra, revertir un asunto político que durante siglos se ha blindado desde la más tierna educación, y que tiempo atrás, hubiese sido tan impensable como inviable.

Con todo, a este pájaro aún sin mordaza, tan prometedor como es el movimiento por la liberación de la mujer, le hace falta no ser saboteado y hundido desde sus interiores con base a corruptelas y luchas de intereses, y no tender hacia ningún extremo para seguir siendo una esperanza política por la que empeñarse. Más aún si se considera el carácter político del siglo XXI, que casi invita a pensar de manera anárquica o libertina como opción más coherente. Y es que, blindarse de dichos fenómenos supone anteponerse a los peores males a los que el ser humano tiende por naturaleza. Algo importantísimo, si se recuerda que ambos son las causas que se han hundido y deslegitimado gran parte de los movimientos sociales más prometedores de la historia.