El reencuentro
Los días de quincena hacen de los centros comerciales un hervidero de compradores que buscan trocar papelillos y monedas por satisfactores.
Las escaleras eléctricas suben y bajan cargadas de hormiguitas que no se conocen.
El lúdico gusto de adquirir, el modo de transformar el dinero, a veces en veleidades.
Color, ofertas, y de fondo música instrumental. Un perenne zumbido y un agradable calorcillo cobijan a este humano panal.
Luisa y Tomás, de la mano, sonriendo, suben a las ofertas del segundo piso. De vez en cuando un furtivo beso y de pronto plack la escalera queda estática, igualmente para los que enfrente bajan como Roberto y su novia Susana que piensan que las ofertas están en la planta baja. Por azar las parejas quedan frente a frente y Luisa viendo a Roberto piensa pecaminosamente que ese tipo, está hecho para ella y Beto, comiéndosela con los ojos piensa que por qué no la conoció antes. Dos pares de cuchillos salidos de las retinas se clavan mutuamente, en tanto Tomás y Susana vista al frente, ni en cuenta. Estáticos, aparentemente indiferentes, parecen no darse cuenta de la atracción de sus parejas.
Ojalá fuera mía piensa Roberto y Luisa, a su vez, suspira dos veces sin quitarle la vista.
Cada uno por su lado piensan como hacerle para volver a encontrarse de nuevo. Los acompañantes de reojo, ojos tristísimos no quieren saber nada del encuentro y sus miradas perdidas como que se llenan de agua salada.
Plack, se destraban las escaleras y suben y bajan a los pasajeros, se mueve la vida de nuevo y al alejarse a los cuatro, algo les lacera el corazón.
Al llegar a su destino, Luisa y Roberto, los que se atrajeron con la mirada, nunca sabrán del amasiato de año y medio de sus parejas que se rompió cuando asistieron a una fiesta en la que, de broma, hubo una hora de cambio de acompañantes y ni ella ni él aguantaron y en un alocado rasgo de celos terminaron su relación. Y ahorita en este momento que van como zombis, los antiguos amantes, piensan que fue un error y recuerdan su frenesí pasional y su terminación:
– ¿Neta mi Tom?
– Neta Susi puteaste a sabiendas.
– Y tú cabrón con esa nalgona ¿no?
Y ahora en este momento, ninguno de los 4 mira las ofertas pensando unos –Luisa y Beto– como reencontrarse y decirse:
– Hola ¿Cómo te llamas?
Y los antiguos amantes:
– ¿Cómo que la regamos? ¿No crees?
La visita inesperada
Expectante seguía el fluir de la docta palabra del maestro de Economía que nos explicaba las teorías de Keynes y Friedman sobre la utilidad que representa lo globalización económica.
– Los países pobres deben saber que usar créditos… cuando de pronto se presentó. Como intrusa que llega a una fiesta a la que no fue invitada, la idea se metió a mi cerebro: Eso que escuchas ya ha sido dicho y discutido, cámbiale, hazme caso yo apenas voy a nacer.
¡¿Qué?! Quede entre dos fuegos; la idea nueva al fin mujer, fue imponiéndose. Escuchaba sólo jirones de la catedra: dejar que las leyes de la oferta y la demanda sean las que rijan el mercado… y por el otro lado la idea, empecinada me susurraba: Escribe lo que sea, que sea tuyo, que sea tu creación, no repitas lo que es de dudosa utilidad.
Hazme nacer. Así, aunque el tema de clase era vital para el próximo examen opté por transigir con mi inopinada huésped: ¿Si platico, si escribo de ti, de tu súbita llegada, si escribo lo sucedido tal cual y luego lo publico, me dejarías en paz?
¡Okey! bien claro escuché. Entonces escribí lo que ustedes leen y curiosamente la idea me dejó en paz.
De nada sirvió pues el maestro, en ese momento tomando sus dos libros y con su metálica voz nos dijo:
– Es todo. Nos vemos en el examen.

