EL REMANSO COMO ECO DE LA LOCURA
La ira incontrolable, e inasible, sin timón que valga, esas palpitaciones sin música, la abundante transpiración de las manos, y esos deseos cual iconoclasta, de destruirlo todo. Te acechan, te acorralan. Una energía de altos voltios, muy intensa, pasional e irracional se apodera de ti. Te conviertes en la víctima de tus creencias o esclavo, mejor dicho, y sin fecha de cumplimiento de condena. Es parte de ese mecanismo de relojería que aprendiste para expresarte, para asegurarte de que al menos, sintieran algo por ti. Eran necesarias esas guerras que iniciaste, esos incendios que provocaste con un cerillo, y tantas batallas que compraste a precios altísimos para poder calmar a esa locura, la tuya, exclusivamente.
Hablas con el Supremo gritándole y exigiéndole una respuesta, una, por lo menos una. Las lágrimas comienzan a drenarte y respiras dejando salir ese monstruo que te posee, y en ese momento recuerdas a la abuela cuando te decía que: Así como el peine quita los nudos del pelo, llorar saca los nudos de la garganta. Es entonces cuando ocurre, que, respiras entrecortado, y te rindes.
Cuántas veces estuviste mordiendo el polvo. Sin embargo, ocurrió lo inesperado, en el reto más insolente a la probabilidad, te levantaste sin ser el mismo. Algo debiste haber aprendido luego de volver de un coma profundo. O aun así, sigues topándote con aquello que te hace daño, pero que en el fondo te gusta y te regodeas en ese placer. Eres masoquista, no existe otra palabra, y disfrutas de esa oscuridad, que tanto te cuesta aceptar que tienes dentro, tuyo, como los poros que te visten. Porque sabes que todos tenemos nuestro lado macabro, sólo que lo que no queremos es aceptarlo. O darle la bienvenida si quieres ser más sofisticado. Debes aprender a aceptar la arquitectura de todo lo que eres, porque son tus luces y son tus sombras, que como la piel que cubren tus ojos, no pueden dejar de parpadear en ese tono vital que bombea el corazón.
Deja que estas dos fuerzas se fusionen, que dejen de ser partes separadas, de manera que puedan transformarse en algo nuevo y más grande, más enriquecedor y hasta fascinante, que tiene que ver con el hecho de conocerte. Anhelo por siglos perseguido. Así será, cómo la atracción intensa entre los opuestos te llevarán a una fricción que, provocará la confrontación, ese choque inevitable, para que luego llegue la calma y ahí tu transformación, empiece a tomar el campo de batalla.
Es una emoción que deberías incorporar, para que ya no te gobierne sino seguirás preso de una ilusión, que como tal, en algún momento se borrará…porque dime…
¿Qué es eso que tienes ahí atorado?, ¿Qué estás escondiendo? ¿Qué es lo que no quieres ver?
Todo eso es un portal para trabajar esos puntos ciegos, pudiendo utilizar tu paleta de colores y así poder elegir entre tu pantone, el número preciso, del tono que necesitas. Para eso tendrás que cortar la soga que sostiene tu ancla.
Y es en ese momento, cuando entra en acción, tu dínamo. La noria, esa atroz tendencia a culpar a otros, de tus comportamientos, y de las emociones no deseadas. Se ve muchísimo, en vínculos de mayor intimidad. Cuanto más nos vinculemos con los demás, más se activarán los reflejos que emiten los espejos. Si nos negamos a profundizar un vínculo, nos quitamos la posibilidad de conocernos a nosotros mismos.
Como si fuese una energía escorpiana –todos la tenemos–, es una emoción densa, y manipuladora con el deseo de control por delante. Porque siendo así, aquello, nos hace sentirnos seguros y no sentirnos vulnerables. Todo esto en realidad, se da para tapar un miedo oculto al cual abordaremos en otra ocasión.
Jung dijo: Hasta que no hagas consciente lo inconsciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino.
Revelar tus partes ocultas, prohibidas o negadas te llevará a una integración, donde el viejo conocido deja de representarte. De esta forma, le darás vida al verdadero Ser que eres, haciéndote cargo y dándole el giro que quieras a tu vida, pero siendo consciente de elegir, de optar, haciéndote autor de tu experiencia, y sin que nadie te arrebate ese protagonismo.
Integrar esta polaridad que habita en nuestro interior, es el punto de equilibrio. Renunciar a viejos patrones y creencias que nos gobernarán para poder barajar y dar de nuevo, viento al molino, siendo ésta, una partida donde hayamos podido en la más artística fotografía, logrado ese famoso blanco y negro, integrando las luces y las sombras, aceptándonos y perdonándonos a todo lo que nos hemos expuesto, sin ninguna sombrilla de protección.
Y cuando finalmente empiezas a transformar esas emociones, aprendes a cambiarle el grado a esa vibración como quien ecualiza los graves y agudos de tu volumen, de tu voz interna y hasta externa, y te encuentras, con ese tesoro al final del arco iris, sin necesitar de un pantone.

