El RESPLANDOR (Parte II)

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Mi vida la tomo como una película, le llamo mi largometraje, porque llevo ya algunos años aun con pulso y con sangre viva corriendo por mis venas.

Aunque peque de sonar obvio, todos somos los protagonistas de nuestra película, y por consecuencia, personajes secundarios de la película de otros, diría que de todos los que nos marcan y tocan de alguna manera, y nosotros los tocamos a ellos también.

Muchas veces, casi siempre son la mayoría, no somos conscientes del impacto que generamos en la película de alguien. Somos significantes en la vida de las personas, porque en el transurrir de dichas películas, esa palabra de aliento que dimos, ese abrazo que estrechamos, esa llamada urgente que contestamos, ese vacío con nuestra compañía y silencio que llenamos, siguen siendo los motivos claves, ese aliento inquebrantable para aquellas personas que nos acompañan y nos impulsan e impulsamos a crecer. Todo esto es energía, es lo que transmitimos, y esta energía, negra o blanca,  dirigida por donde vamos y con lo que tocamos, siempre marca un antes y un después en la vida de aquellos que logramos que se crucen en nuestro camino.

El acto simple de una palabra, una frase, es energía, blanca o negra, pero lo es. Una buena o mala palabra, una o dos frases,  pueden generar un impacto trascendente, apocaliptico, tan grande sobre alguien, que termina siendo el responsable de la trayectoria de esa persona a lo largo de su vida.

Les quiero compartir la historia de un amigo, que cuando era pequeño, sus padres lo llevaron al psicólogo, después de muchas evaluaciones, entrevistas y demás, el psicólogo los citó. El resumen de su informe oral fue el siguiente: El coeficiente intelectual de su hijo es extremadamente alto, rara vez he visto uno así y el carácter de su hijo es incontrolable, lamentablemente su hijo está perdido. Les espera lo peor de él, irresponsabilidad absoluta, faltas de respeto sin medida ni freno. Nosotros no podemos ayudarlos. Los padres salieron consternados y preocupados. Tenian varios hijos, pero como mi amigo, ninguno. No entendían qué había pasado, qué cosa habían hecho mal.

Mi amigo siendo un niño aún, los vió preocupados, preguntó que había dicho el psicólogo y ellos, que previamente se habían puesto de acuerdo, le respondieron:  Nos ha dicho que eres un niño maravilloso, capaz de lograr lo que te propones y que vas a tener mucho éxito y vas a ayudar a mucha gente.

Mi amigo tuvo una vida de desastre, todo al revés, nunca fue niño, de frente pasó a ser adolescente. No tuvo freno, no tuvo reglas, no tuvo temor de nada ni de nadie. Sus padres, lo declararon efectivamente caso perdido. Lo dejaron ser, tiraron la toalla.  Un día,  agotado de esa vida, sin ganas de seguir adelante, tomándose un whisky, recordó las palabras de sus padres, de aquella vez cuando era niño. Este día marcó la historia de su vida, su largometraje. Ese día fue, el día que tomó la última gota de alcohol, y se despidió de aquella vida mundana. Hoy en día, porque aún respira, es un profesional de más de dos carreras, sí, efectivamente tiene un IQ alto, lo cual lo convierte en genio, tiene premios importantes y grandes tras su espalda. Es inventor, pero sobre todas las cosas es filántropo y dedica su vida y sus días a brindar palabras y construir frases, esas palabras y frases que a él le cambiaron la vida para bien y para siempre, esas palabras que lo salvaron de sí mismo, de su yo oscuro, que todos llevamos dentro, el famoso, nuestro otro yo. Día a día intercambia su energía blanca, que antes fue negra, y cambia vidas de blanco y negro a vidas de colores y matices infinitos.

Sus padres, lograron generar ese cambio, no importó el cuándo, importó el cómo. Sus padres evitaron que se quedará siendo…  un perdido en lo mundano, sí lo fue, pero finalmente logró dejarlo.

Definitivamente, sus padres tenían energía blanca, la negra lo hubiera llevado al fracaso absoluto.

La energía blanca  está en aquellos que nos impulsan, que nos mienten en positivo, porque confian y saben que somos capaces de convertir esa mentira positiva  en realidad.

La energía blanca está en aquellos que no nos envidian, que nos admiran, que nos valoran, siendo imperfectos como somos, sacan lo perfecto de nosotros.

La energía blanca está en escoger las palabras correctas y ejecutar las acciones adecuadas con las personas que tocamos y nos tocan,  porque puede cambiar su película de terror en película con happy ending, en película con final feliz.