El ser como una posibilidad semiótica en tanto creación de transformación segunda parte
El ser humano es un ser integral que se desenvuelve dentro de un ambiente; en el cual confluyen características biológicas, psicológicas, sociales y espirituales. Esto significa que posee una conciencia, inteligencia, voluntad, por consecuencia en tanto ser potencial de posibilidades; una intencionalidad, afectividad y creatividad. Esto implicará una personalidad, la cual sería producto del contexto creado ya sea por el verdadero ser o por el ego, tendrá que ver también con su ubicación temporal, esto es su momento histórico, y espacial, donde eligió habitar. Es importante resaltar que la persona, es una totalidad imposible de separar en sus dimensiones, ya que no es fácil establecer cuánto influye una sobre las otras; es decir, cuál es el nivel de autoconciencia respecto a ubicar con toda claridad de lo que somos que no es sinónimo de lo que tenemos.
También es fundamental estar claros de que somos unidad con el contexto que hemos elegido generar y es nuestra responsabilidad de cada quien asumir este contexto como una unidad con nuestro ser. Así es que la persona es un ser integral, sin embargo, el concepto que tengamos del ser humano depende de nuestra cosmovisión, es decir, de la percepción de nuestro yo y del mundo que nos rodea. Dicha percepción, como bien explica Vélez, es el resultado de la ciencia, la filosofía y las creencias adquiridas por cada uno de nosotros. Es por ello que atinadamente recomienda que: Toda persona debe introspectar los datos y experiencias vividas, analizarlos y formarse su propia idea del ser humano, a esto se lo denomina: cultura. Todos los filósofos, desde Sócrates, han insistido en la necesidad de escarbar dentro de sí, como único método para llegar a la verdadera sabiduría.
Ahora regresando al tema de la comunicación y lo que nos hace diferentes de otras criaturas hay que decir que, por ejemplo, un grupo de abejas, una manada de caballos o lobos tienen, sin duda, formas de comunicación que hacen viable la vida gregaria, sobre todo en ambientes adversos donde existe escasez de recursos. Tal vez observamos, que la hembra puma enseña a sus cachorros a cazar, es prueba de un aprendizaje vicario que deberán poner en práctica diariamente para la sobrevivencia, sin embargo no refleja una interpretación simbólica de la realidad. Con esto se quiere hacer ver que la comunicación humana no sólo tiene un propósito de sobrevivencia gregaria, sino que se involucra una representación de la realidad a través del pensamiento abstracto y la significación simbólica, es decir, el ser humano piensa y luego se crea y se representa, y entonces existe.
De ahí viene el conocido cogito ergo sum, pienso luego existo. Es por esto que ahora podríamos afirmar que más que más allá del humano, del hombre, es el ser humano el único ser que, si así lo elige, puede lograr el tener conciencia de su existencia y, en tanto la tiene, es posible su ser, y de ahí el desprendimiento del ego y de todo lo que por confort hemos convertido en las historias de nuestro ser; es decir, de nuestro no ser. De esto se trata la transformación o proceso de autoconciencia que podemos elegir, pero esto dependerá de nuestra capacidad de responder ante el mismo proceso de nuestra razón de ser o motivación de ser que se llegará al momento de trascender la razón de estar.
Entonces, si entendemos al ser humano como ser pensante, que conoce la realidad en tanto la experimenta y la conceptualiza, el peso de la cultura y, por tanto, de la comunicación se vuelve fundamental. El tema clave del ser tiene que ver con vivenciar su realidad. Está será, a final de cuentas el motor de la transformación y esta estará siempre presente en el plano de las posibilidades, así es que se trata de una elección que es posible gracias al presente del divino libre albedrío que se encuentra en el aquí y ahora.
Por otra parte sólo habrá construcción de realidad y elaboración de cultura en tanto haya un sistema de comunicación con los elementos suficientes para trasmitir los significados y significantes y se genere un entramado que acompañe todas las acciones humanas. Ya hemos hablado de la inherente personalidad al ser. Así es que la noción de persona se encuentra en constante construcción. En este proceso de construcción y metaobservación que realiza el ser humano se rescata el estatus inmortal que se ha atribuido a sí mismo través del concepto de alma. En psicología diríamos que se trata de un constructo basado en la articulación compleja de mitos, creencias y tradiciones que fueron generados desde los inicios del Homo cultural y como explicación conceptual de los fenómenos que le rodean, de ahí también las concepciones de los que se conoce como espacio y tiempo o categorías espacio temporales.
Ahora bien. No basta con la construcción de realidad sino que hay que tener la capacidad de responder ante las consecuencias de este proceso individual u personal. Aquí vale la pena hacer referencia a lo que decía Nietzsche respecto a lo que él llama la incapacidad humana de perecer o de hacerse responsable de sí mismo, en esa situación de permanente escapatoria de la mortalidad, de la carne, de lo perecedero, es allí donde surge la persona como ser excepcional. Es precisamente esta sacralización del ser la que da al humano un carácter especial y lo distingue de los demás animales, sin olvidar que es también animal, y se reinventa convirtiéndose en ser humano más allá del humano demasiado humano.
En este proceso de autoconciencia surgirán preguntas como: ¿Cuándo somos persona? ¿En el momento de la fecundación? ¿En el estado de embrión o feto? ¿En el alumbramiento o cuando comenzamos a pensarnos a nosotros mismos? ¿Somos persona en tanto somos humanos? Es decir, las dudas comienzan desde la autoconciencia biológica hasta la espiritual. Entonces en este proceso de pensar–se y re–conocer-se a sí mismo como distinto a otro tienen gran importancia el entorno social, familiar, ambiental, histórico, político y económico. Esto es que somos producto de nuestro tiempo y contexto, y es en relación con éste que se van formando nuestras valoraciones, redes comunicativas, significados y significantes, en suma, nuestra semiótica del ser. Hay que decir también que es en los primeros años de vida donde el ser humano totipotencial adquiere las formas o categorías conceptuales con las cuales llegará a comunicarse, interpretar y conocer su realidad.

