Elecciones USA

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En realidad, la importancia de las elecciones en los Estados Unidos de Norteamérica (como debería ser mencionado su nombre) tiene la misma importancia para todos.

 

No por el hecho de que un demócrata le ganara a un republicano, algo que ha venido sucediendo desde hace más de 150 años (tal vez un poco más), sino por el hecho de que los personajes en la política norteamericana siempre han tenido un impacto en nuestro país, de manera directa o indirecta.

 

Tanto en la economía como en lo social, los presidentes gringos han influenciado mucho en la toma de decisiones que a nivel político, económico y social han tenido que llevar a cabo los representantes, no sólo de nuestro país, sino de nuestro continente.

 

Se habló mucho de la presencia de un presidente afroamericano (hecho que un novelista predijera de manera literaria en los años setenta), o el que un actor fuera el habitante de la Casa Blanca (algo que en el cine fuera objeto de burla), o que finalmente un presidente fuera obligado a renunciar por actos de corrupción política.

 

Pero quizá lo más notable fuera el asesinato de un mandatario, acto que a la fecha sigue sin resolver y con un sinfín de teorías conspiranóicas que pululan en la red, y que ha dado el material suficiente para que cientos de libros y horas de televisión y radio se hayan realizado.

 

Aunque en nuestro continente se han llevado también asesinatos de presidentes legalmente elegidos, estos hechos no han tenido una importancia mundial como el que John F. Kennedy fuera baleado en Texas.

 

Algo sin duda ha llamado la atención a últimas fechas en las contiendas políticas del vecino país. Un millonario, ególatra y poco cuerdo, por lo que se ha visto, llegó a la presidencia norteamericana con una votación en donde se pone en duda la cordura de uno de los países que más ha enaltecido su deber hacia la democracia.

 

Sin embargo, y con la derrota del millonario presidente, acusado infinidad de veces de actos corruptos en los negocios (aunque se dice que nunca fueron demostrados), la democracia norteamericana no ha dado un paso hacia adelante, y sí, ha demostrado que la realidad de la sociedad norteamericana es mucho más allá de la simpleza de su sistema bipartidista.

 

Sabemos de antemano que el racismo y la discriminación social, que fue elevándose en estos años de Trump, no disminuirá porque, a pesar de ser un país con alto índice de migración, este tipo de prácticas sociales siempre ha prevalecido desde el momento en que los primeros colonos llegaron a las playas  norteñas del continente.

 

No sabremos, hasta que los primeros conflictos estallen, cómo será el presidente electo ni qué medidas tomará contra los migrantes. Ni tampoco sabremos cómo será la política de buen vecino que siempre han cacareado los políticos del otro lado del Río Bravo para los países que conforman la zona latinoamericana del resto del continente.

 

Por el momento, sólo queda observar las barbas del vecino, para que pongamos a remojar las nuestras, digo, sólo por decir…