+Elena Poniatowska, la de los ojos grandes y preguntones, y algo inolvidable para mí, vía Alejo Carpentier

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La frase:

¡Qué rápido pasa el tiempo! Cualquiera lo diría, pero parece que fue ayer cuando nos conocimos y ya han pasado muchos años.

PARA ELENA PONIATOWSKA

 

Voces: Creo que es la palabra exacta que define y precisa en su quehacer literario a Elena Poniatowska. Sí la de los ojos grandespreguntonesllenos de dudas, de desconfianza, de investigar más allá de las cosas, lo que hay detrás y hasta lo que no hay y no existe. En su persona, se fincó para siempre la curiosidad de mirar a su alrededor para conocer y saber de qué están hechas las cosas para tratar de explicar lo que no se conoce a fondo, provocar con esa sonrisa que descubrió, cuando vio que las cosas que soñó o que tal vez no pensó, ni imaginó se llevaron a cabo.

Así ha transcurrido la vida de alguien que se tuvo que adaptar a la mente de los habitantes de este país, ya que nace el 19 de mayo de 1932, en ParísFrancia. Su nombre kilométrico y si se incluye en los libros que ha publicado hasta la fecha, puede abarcarse en su extensión, por ser hija de la nobleza polaca, de Polonia, para ser precisos, le tocó llamarse: Hélène Elizabeth Louise Amelie Paula Dolores Poniatowska Amor. Sus padres fueron Jean Joseph Evremond Sperry Poniatowski y María Dolores Paulette Amor Yturbe. A raíz de la Segunda Guerra Mundial llegó a nuestro país, México en 1942, de ahí que tuvo que aprender el español y las costumbres que aquí se realizaban de manera natural y que a través de su mirada atenta y avispada fue asimilando la realidad que tenía frente a sus ojos. Fue miembro de la realeza polaca con derecho a un trono, sólo que éste no era hereditario sino por elección, por lo que de ser la niña que todo lo tuvo, debió adaptarse a lo que ahora se le ofrecía en otro país.

Sus estudios los combinó entre México y Estados Unidos para después a su regresó estudiar taquimecanografía para incorporarse como secretaria bilingüeno estudió la preparatoria. En 1953, año significativo, entró a trabajar en el prestigiado periódico Excelsior, donde firmó como Hélène, se especializa en la realización de entrevistas donde su divina mirada y divino olfato le hacen descubrir los datos desconocidos de las celebridades, allí publicaba una entrevista diaria, conoce e interroga a Juan Rulfo cuando aún no era célebre ni reconocido como gran escritor debido a que en ese año de 1953 recién circulaba su colección de 17 cuentos: El llano en llamas. Los dos primerizos, conversaron con nerviosismo sobre sus inicios en este arte, por parte de Elena de preguntar y Juan en el arte de contestar aún sin apretar del todo los dientes y con cierto dejó de soltura en su rostro. Dos iniciados conversaron con la ingenuidad que el momento les proporcionó o que descubrieron.

En 1955 decide cambiarse de periódico y ahora es en Novedades en donde publica la mayor parte de sus colaboraciones o de los encargos que ahí le dejaron. Ahí descubrimos más realidades existentes, pero que la mayoría de los habitantes de este país veían con naturalidadsin asombrocon indiferencia, pero a ella –a Elena– era colocarla frente a una realidad que recién descubría y que, por timidez no se atrevía a comentarlo con el resto de la familia. Todo el material acumulado le hizo dudar si era periodístico o no o se podría aprovechar en otro aspecto de la escritura, ahí va moldeando lo que sería su primer libro de cuentos Lilus Kikus1962.

Al trabajar como asistente del célebre antropólogo Oscar Lewis, sus ojos grandes y asombrados le hicieron que percibiera la escritura testimonial que él había iniciado, con el libro Los hijos de Sánchez1961, que abrió nuevos caminos no sólo a Elena en su literatura, sino que significó una desgracia para dos hombres claves de la edición: Arnaldo Orfila Reynal y Joaquín Diez Canedo Manteca, quienes fueron despedidos por el Fondo de Cultura Económica al editarlo, ya que la censura de aquella época no permitía que leyeran algo que denigraba a nuestro país, como diría Mario Benedettinuestra miseria no está visible.

Amable con todos.

Ahí es donde encuentra una veta maravillosa de hacer sus textos dejando un testimonio de lo que ve y oye, jamás olvidaremos a Jesusa Palancares, sí, la protagonista, el primer personaje femenino en la novelística mexicana, la sirvienta que se eleva no como las historias de Walt Disney de terminar casada con alguien de la realeza o con un millonario sino la vida que viven, que muchos dirán no es interesante, que cualquiera puede realizar las actividades que le encargan. No eran visibles, pero sí claves para tener una casa reluciente y rechinando de limpia aunque en aquel entonces sólo existían el Fab y el jabón Ibis para lavar la ropa, los trastosplanchar almidonando los cuellos de las camisasalzarle o componer la valenciana del pantalón del patrón y dejarle, cosa contradictoria, la raya bien dibujada en lugar de que a ella le dieran una buena raya salario– por las labores realizadas además de servir de paño de lágrimas tanto de las señoras como de las hijas de su patrona y hasta de psicóloga había que hacerle.

Todo ese mundo maravillosos nos lo muestra en su primera novela Hasta no verte Jesús mío1969; en su interior, escribe esto, pero va madurando algo que la marca para siempre y que es algo imborrable en su mente y en su posición ante la vida, el suceso del 2 de octubre de 1968 en donde Jean Poniatowski, su hermano, pierde la vida, mismo que la impulsa a investigar y a entrevistar a la mayoría de los participantes de ese movimiento que están en la cárcel de Lecumberri, el palacio negro, en la crujía H para conocer a fondo lo que realmente pasó y del poqué concluyó así, con la matanza de los estudiantes, material publicado en 1971La noche de Tlatelolco.

En 1974, casi a fines de año, nos encontramos en el café de Sanborns de Plaza Satélite para entrevistar a la entrevistadora para conocer cómo le hizo para entrevistar a Mario Vargas Llosa a quien describe como el autor de dientes de conejo, lo luce en su rostro de rasgos definidos y que no titubea al mostrarlos para darnos un retrato de su persona. El 7 de febrero de 1975 lo tenemos frente a frente y descubrimos esos dientes como los describió, aparte de la calidad de sus tres novelas: La ciudad y los perrosLa casa verde y Conversación en la catedral.

Salud Elena Ponistowska por llegar a esa hermosa edad de 90 años con esa lucidez y esa curiosidad que siempre has tenido por conocer a fondo la realidad de las cosas. Me uno a través de este texto al homenaje y al reconocimiento que te han realizado.

Jamás olvidaré que fuiste la única en darme crédito y escribir mi nombre en la portada del Novedades de 1975, en el mes de noviembre, cuando no tuvimos más remedio que compartir nuestra preguntas con cerca de 100 reporteros en la embajada de Cuba, para conocer la voz y las respuestas del novelista cubano Alejo Carpentier, y escribir, de acuerdo a sus indicaciones, de apagar sus grabadoras porque nos dedicó 15 minutos exclusivos para preguntarle. Fuiste tú –Elena– quien escribió mi nombre en esa portada al decir que: el primero en preguntarle fuimos nosotros, viene de Toluca y quien tiene en su haber una gran cantidad de entrevistas de autores de gran calibre… eso jamás se olvida.

 

ELENA PONIATOWSKA, HOMENAJE POR SUS 90 AÑOS

 

La consagración de la primavera, libro del escritor cubano Alejo Carpentier y Valmont, editado en México, me permitió hacer migas con Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor, aunque ya nos habíamos conocido 4 años antes, haciendo entrevistas a escritores y personajes destacados en la ciudad de México o que venían a la capital.

Por ese entonces, Elena frisaba los 44 años, de cara aniñada, de sonrisa fácil, nos vimos en la antigua sede de El Colegio Nacional, donde su esposo, el físico Guillermo Haro daba una conferencia.

En esos cuatro años, ella acudía a entrevistar personajes con su pesada grabadora de carrete, la cual le brindaba una gran fidelidad para la voz del entrevistado y de ella misma, obvio con el correspondiente micrófono. Parecía con esa enorme maleta, una visitadora médica.

Su trato siempre ha sido muy agradable, parece distraída, pero no lo es. Como casi siempre nos encontrábamos, me cuestionó sobre mí, por eso supo mi nombre y el medio en que trabajaba en ese entonces.

Dos fases

En 1975, vino a México el escritor Alejo Carpentier, un hombre corpulento de fuerte hablar, a quien llamé cuando apenas se estaba instalando en el Hotel María Isabel.

Me contestó muy amable, le dije quién era y la entrevista que pretendía. Su respuesta fue contundente: Chico, pero tú no eres periodista, eres agente de la CIA, porque se supone que estoy de incógnito en MéxicoSin embargo, con mucho gusto te doy la entrevista, pero dentro de un mes, cuando termine de corregir las galeras de mi libro. Dame tu teléfono, te llamo.

No creí que eso sucediera. Sin embargo, un mes despuésme llamó para decirme: Mañana te doy la entrevista, pero será en conferencia de prensa, porque casi cien periodistas me pidieron lo mismo.

Decepcionado, porque quería una nota exclusiva, acudí a la embajada de Cuba en México. Efectivamente había un centenar de periodistas, me senté hasta atrás.

Comenzó la sesión y dijo con esa voz fuerte: Solamente aceptaré doce preguntas, espero que respeten las respuestas. Por cierto, esta conferencia se da, porque el primero en solicitarme una entrevista fue Guillermo Garduño, ¿Está por aquí? Respondí que sí.

Me vio y dijo a todos, él tiene derecho a dos preguntas.

Hubo más de 12 preguntas, hice mis dos cuestionestuve respuestas de primera, una sobre El recurso del método, perteneciente al ciclo de lo real maravilloso.

Ahí me respondió que el personaje central es un tirano ilustrado, pero en realidad es un montaje de los elementos que caracterizaron a numerosas dictaduras latinoamericanas.

La otra fue sobre La consagración de la primavera, basada en dos personajes, Vera bailarina rusa y Enrique un joven cubano de buena familia, cuya vida es prácticamente la de Carpentier.

Ahí nos permite ver la historia y la realidad del continente hispanoamericano, prácticamente inaugura un arte revolucionario y plenamente latinoamericano.

Al terminar se me acerca Elena, me pide autorización para iniciar su entrevista con la respuesta a una de mis dos preguntas. Le dije que sí y agregó: mira te doy tu crédito. Le dije que no era necesario, prácticamente la corté, porque me interesaba que Carpentier me diera una entrevista exclusiva, cosa que finalmente logré.

Al día siguiente, la entrevista de Elena fue la segunda nota en la portada del periódico Novedades y efectivamente, se podía leer:

Esto se lo dijo a Guillermo Garduño, joven periodista que viene de Toluca quien tiene en su haber 150 entrevistas con escritores de gran calibre.

Ahí se fomentó nuestra amistad, la que ha sido aderezada por varios desayunos en la Fil de Guadalajara y varias entrevistas con motivo de la aparición de los libros de Poniatowska.

O bien aquella vez en que desayunábamos y llegó Carlos Monsiváis –eran muy amigos– y Elena se puso a hacerle cosquillas.

En otra ocasión, Elena y su hijo Emmanuel, bajaban del elevador y Mario Vargas Llosa subía, en el lobby del Hotel Hilton de Guadalajara.

Total, una gran vida la que ha llevado Elena Poniatowska.