Ella, La Vida, tu Vida

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Ella  se te otorga sin que la pidas, simplemente llega y a veces la tomas, otras la dejas.

Ella te enseña, te exige, te pone a prueba, te acompaña permanentemente a través de cada bombeo de tu corazón.

Ella te hace débil o fuerte, dependiendo de qué lado te adaptes más.

Ella te regala las mejores sonrisas, pero te arranca las lágrimas más profundas, esas que te dejan sin aire y sin aliento.

Ella te arrebata lo superficial, hasta mostrarte sólo lo que verdaderamente importa.

Ella te pone a prueba, en todo momento, haciéndote sentir muchas veces súper héroe que todo lo puede o un simple mortal totalmente indefenso.

Ella te decepciona, una y otra vez, sin tregua para que aceptes la realidad y dejes de pensar que los chanchos vuelan y asumas de una vez, por todas, de que simplemente caminan en su condición de cuadrúpedos, más nada.

Ella te arranca lo más preciado, muchas veces aunque te parezca injusto, para que  tal vez ahí recién le pongas valor a lo que verdaderamente merece.

Ella sabe ser cálida, trayéndote amor y chispas de cariño intermitente.

Ella suele ser fría, porque tal vez así, aprendes  a buscar abrigo y no conformarte con el famoso: es lo que hay.

Ella tiende a asustarte, constantemente, para que de esa manera, el miedo que sientes, te haga más fuerte y avances, mas no te paralices,  menos retrocedas.

Ella es amiga de tus enemigos, y los guía hacía ti, tantas veces sea necesario, para que reacciones y cambies de ruta, siguiendo una brújula distinta, hacia el sendero llamado, estoy a salvo, a buen recaudo.

Ella es soberbia, al punto que no descansa hasta verte hundido, pidiendo clemencia y prometiendo humildad.

Ella es una montaña rusa, que sube y baja y no tiene cuando parar, porque si se queda quieta, nada habrá válido la pena y no habrás aprendido la lección.

Ella es el sacarsmo encarnado, que se burla de ti y te pasea a su antojo, enseñándote de que reírse de uno mismo es a veces el inicio del camino acertado  de tomarse las cosas más a la ligera y con una chispa de optimismo.

Ella es el cuchillo recién afiliado, el francotirador buscando su víctima, la pistola con el gatillo siempre listo para ser presionado, ya que es la manera de mantenerte siempre alerta y respirando sobre la nuca de tu objetivo.

Ella te hunde, sin salvavidas, para despertar la creatividad que llevas dentro y tus capacidades más ocultas para salir adelante.

Ella es repetitiva, sigue patrones, patrones que te harán ver qué es lo que realmente quieres y que rechazas  porque no te hace feliz y que tengas capacidad de decisión, algo de lo cual muchos carecen.

Ella te pone el amor al frente, disfrazado,  para que elijas libremente y descubras tu destino.

Ella te quita el control absoluto, te maneja a su antojo, para que por un instante, te dejes llevar y fluyas.

Ella te aplasta, te humilla, te entierra y te revuelca, tantas veces sea necesario para que logres dominar tu ego, o inclusive lo entierres para siempre.

Ella es dueña de tu tiempo y hace con él lo que se le antoja, para que tomes consciencia de que nada es para siempre.

Ella te enseña que el alma es mucho más valiosa que el cuerpo, el alma permanece, el cuerpo se desintegra y finalmente fallece.

Ella es otoño, invierno, primavera, verano, para que entiendas, que el cambio es constante, y que estar en constante confort aburre, ya que la adrenalina es indispensable para seguir andando.

Ella te aleja de lo más deseado, para que tu deseo se convierta en acción, constancia y esfuerzo.

Ella te da momentos, tristes, alegres, en un constante vaivén para que no te aburras y siempre busques algo más, algo nuevo en un permanente reinventarse para romper la monotonía y caer en la costumbre que pone en silencio los sentimientos y finalmente los destruye.

Ella estoicamente te sostiene de la mano, a veces no la entiendes, muchas veces no la quieres, intentas deshacerte de ella, otras la amas, te aferras con nervios de acero, la disfrutas cada segundo, pero finalmente la tienes y por eso, vívela hoy, no la dejes para mañana, cuando el telón se haya caído y la hayas perdido para siempre.