ELLA Y ÉL
ELLA (CONSTRUYENDO SU CASTILLO)
(Sólo para menores de 14 años)
Ella tiene el coloso de Rodas en su pequeña sonrisa
que dibuja muchas otras, quizá todas como en una joyería portátil
para todos los gustos, y en todos los blancos de cualquier pantone.
Su sonrisa es una obra maestra que no encuentra género para ser colgada
en el Louvre. Le están buscando espacio.
Su sonrisa es secreta y pública y tiene el son de la risa como si ella sola con sus labios, bailara en una danza sin fin ni cortes,
porque cuando me abraza me abraza y me mata y me revive
como el tic tac de cualquier ser embelesado que se topa con ella,
y es así como siendo imposible no sucumbir ante ese espectáculo a teatro lleno con una sola butaca; Yo, la contemplo, y su existencia en su cuerpo ligero y blanco que no camina, sino que se desliza con sus patines invisibles para llegar a tiempo ennoviada muy a mi pesar con Harry Potter, y con sus deseos de dibujos animados de enviudar tierna y virgen con un anciano que no la pueda tocar ni con la mirada… heredando justo el día de su matrimonio.
Vive como patinando, otra vez, sobre hielo celeste, conjugando sus sueños de Londres, caballos, y Taylor Swift en vivo y coleando sin vinilo.
Y en su mundo paralelo y en sus lágrimas rojas y sus inolvidables galletas que azucara con solo to car la masa, renace mi niña que se viste a veces…
con algunos vestidos que van subiendo milímetro a milímetro por arriba de la rodilla para mi martirio de callejero jubilado
Ella es así, acabando de describir apenas un milímetro de su ser hecho de alma, espíritu espolvoreado de un breve cuerpo de sirena anfibio que embellece las cosas con su belleza como su perfecto inglés británico
ÉL (RODANDO SU BALÓN DE ORO)
Él es una risueña y noble bestia de la ternura y de la bondad
Intermitente como las luces cortadoras de las discotecas a las que no va todavía
Curioso y desenfrenado
delira por lo legos, el fútbol, el tenis de mesa
y sobre todo quizá más, por lo que le falta por descubrir
Tiene la valentía por germinar, y
la pasión envidiable porque se le va la vida en cada acto,
como una estrella a la que la vida lo detendrá para que empiece a brillar
karateando con cinturón negro su inteligencia de genio precoz
esperando cuando sonríe divertido que va hacer en los próximos segundos
(cuántas veces he querido ahorcarlo con paz y sin soga con mis brazos de gelatina, cuando se corre de mí sabiendo que nunca podré atraparlo)
…envolviendo ese cuello del que sale una voz con las palabras más dulces que alguien me ha dicho en mi vida y que quizá por vértigo ya las haya olvidado
Está rompiendo el cascarón. Es alto como su mente meteórica.
Y pillo, pequeño truhán divertido y light.
Cuando conversamos paseamos por lugares inauditos de su mente que lo sorprenden, y es lindo como la misma palabra
Y juega y juega y juega, rodando como el bolero
No pide nada y lo pide todo
La aritmética de la vida jugará a su favor y ganará por goleada
Y celebrará profundamente todas sus medallas en esos peldaños que ya empezó a subir.
Ellos, mis hijos prestados hasta que esté aquí, tienen una madre, que es el mejor presente que la vida les ha dado y que palpita como una Diosa sin nombre y que les traduce nuevamente la palabra vida en cualquier idioma,
Y que les enseña encima el más difícil arte del sí o no,
como un globo de helio que crece cada día más
para aterrizar en un último olimpo contemporáneo
Quizá en occidente u oriente
Porque ellos, incluido el pequeño zoológico
Están en un altar, y nadie los toca.
Ella 14, él 11. Porque el resto de las matemáticas no existirían sin ellos.
(Sólo para ellos)
–regalo de papel por navidad que no se puede envolver–.
