¡Empresas miserables!
La atípica situación que vivimos ha evidenciado que estamos lejos de comportarnos como entes empáticos o inteligentes; por una parte, incrédulos (por no decir estúpidos) que al grito de no pasa nada deciden salir a la calle asumiendo que su actitud retadora les es suficiente para no contagiarse.
Por la otra, y no menos preocupante, la miserable actitud de muchos empresarios y empresas que se empeñan en joder a quienes en los hechos, resultan su activo más valioso: los colaboradores.
Ciertamente el factor sorpresa juega un rol protagónico, pues el COVID 19 arremetió sin aviso previo y no fue posible implementar estrategias bien planeadas para contender con la problemática.
Es claro que las organizaciones bien estructuradas sufren un poco menos, pero en nuestro país hay un número grande de empresas pequeñas que, sin una fortaleza que les respalde o con esquemas administrativos endebles, comienzan a sufrir los estragos en sus operaciones.
En los hechos, sin importar el tamaño, hay empresas que están tomando medidas que capitalizan la desinformación y la ignorancia de sus colaboradores para dejarlos a deriva en una situación que representa un acto, no sólo ilegal, sino inhumano.
En principio, espacios laborales no fundamentales que siguen exigiendo a sus trabajadores que asistan a trabajar, a pesar de una expresa petición de la autoridad para quedarse en casa. ¿Tendrán conciencia del riesgo en que los ponen?
En otros casos, patrones que, por sus pistolas, deciden no pagan el salario completo a sus colaboradores, aun habiendo trabajado las jornadas completas; de facto jinetean los ingresos ya devengados y argumentan que no hay flujo de dinero por la crisis. ¿Y hace dos meses que se terminó el trabajo no lo había? Suena a pretexto, ¿no?
Hay quienes, pasándose las leyes por el arco del triunfo, implementan prácticas como despidos injustificados, permisos sin goce de sueldo apalabrados para después manejarlos como abandono laboral, buscando recisiones de contrato por acumulación de faltas. Actitudes perversas y malintencionadas de cabo a rabo.
De los más sonados mediáticamente, corporativos que mandan a descansar a sus trabajadores, sin goce de sueldo, como medida de prevención. ¿De qué se supone van a vivir estas personas? Es increíble la falta de lucidez de estos genios de los negocios para no darse cuenta de que un trabajador requiere de sus ingresos, más en momentos de emergencia como el que vivimos.
Comprendo que las empresas deben velar por sus intereses, no lo cuestiono, pero es en los momentos de crisis cuando se evidencia la verdadera esencia de las personas y los entes laborales.
Resulta hipócrita que se atrevan a montar en sus páginas oficiales o redes sociales mensajes de solidaridad, cadenas de oración o repliquen las normas para la sana distancia, a la par que maltratan, desdeñan y humillan a quienes son el pilar de sus resultados; sus trabajadores.
Ninguna organización crece sin su gente, eso es una verdad innegable; ¿no es mejor cuidarlos para generar vínculos fuertes de lealtad y agradecimiento?
Actitud miserable, mezquina, ofensiva al sentido común que, desafortunadamente, está siendo replicada sin que alguna autoridad parezca tomarlo en cuenta.
¿A dónde hemos llegado?
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