En el camión

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Leticia y yo casi siempre nos saltamos la clase de algebra, pero nos asegurábamos de no hacerlo con tanta frecuencia para no reprobar por faltas en cada semestre. Ella si pasaba los exámenes finales, pero yo siempre me fui a los extras y títulos de todas las matemáticas del mundo. Nos conocimos de niños; nuestras mamás eran amigas desde la secundaria y se embarazaron al mismo tiempo, eran mujeres cursis en ese entonces. Vivíamos cerca uno del otro hasta que mis papás se separaron, eso fue cuando salimos de la prepa, entonces mi mamá y yo, nos fuimos de ese barrio y  Leti  y yo, nos dejamos de ver, siempre me pareció extraño y feo que no quisiera hablarme más, no entendía.

Leticia y yo, nos regresábamos a nuestras casas en el mismo camión después de la Secu casi todos los días, excepto cuando su papá iba por ella, porque resulta que sus padres se divorciaron cuando  ella era una beba, así que su mamá quedó soltera y su papá se casó con otra mujer y formó otra familia y a Leticia no perecía importarle mucho, nunca la vi triste por eso, bueno, le importaba sólo cada ciclo escolar cuando él no llegaba a las  ceremonias de clausura porque iba a las de sus otros hijos, en esos momentos hacia una especie de berrinche, por ejemplo,  en la primaria se iba corriendo a su casa llorando y su mamá atrás de ella, hasta los vecinos sabían. En la secundaria, me acercaba a ella para consolarla, pero me empujaba y me daba puntapiés –sólo el primer año porque aprendí a quitarme a tiempo– y luego decía un montón de groserías,  que odiaba a los hombres y no sé  qué tanta cosa, ya después en la prepa, al término de cada año, nos íbamos a beber al Calvario y  me dejaba hacer algunas cosas de las que después ella se arrepentía, entonces creo más bien, y después de contarles esto, que si le afectó lo de la separación de sus padres.

En fin, Leti y yo vivimos muchas cosas juntos y en verdad existía un vínculo fuerte entre nosotros. Cuando teníamos diez años nuestras mamás nos dejaron encerrados en mi casa porque se les había olvidado comprar algunas cosas para la fiesta de navidad, habían invitado a mucha gente y mi papá no estaba, mi mamá antes de irse y moviendo su dedo índice como siempre lo hace, me decía que más me valía que no le abriéramos la puerta a nadie y que más me valía que cuidara a Leti porque si no, le iba a decir a mi papá, recuerdo que en ese momento pensé: ¿Ah sí?, pues yo le voy a decir que nos dejaste solos, pero obvio solo lo pensé y le dije: ash, si mamá, he hice mi típica mirada de ojos de huevo cocido. Nos portamos bien ese día y recuerdo que jugamos un montón de cosas, vimos la tele, le mostré mi colección de tazos, ella jugó con su yoyo con el que me pego mil veces porque según hacia una maniobra inimaginable, hicimos barquitos con unos papeles que estaban en el escritorio de mi papá y los pusimos en la pileta, les soplábamos para ver cuál llegaba a la meta que era una vara de cohetón que cayó por casualidad en la casa, aquel momento nos pareció eterno, nos quedamos dormidos en el sillón de la sala, del recuerdo vívido de aquella tarde, siento nostalgia.

Al terminar las clases de la Secu, el camión en el que nos íbamos a casa lo teníamos que tomar exactamente a cierta hora porque si se nos pasaba era regresar caminando y en el sol, lluvia, viento o frío por cinco kilómetros, no era nada bonito. Así que nuestras aventuras en el camión eran bastante interesantes, durante seis años viajamos juntos, los tres de la secundaria y los tres de la preparatoria, aunque fueron rutas diferentes de cada nivel. Cuando íbamos en segundo de secundaria Leticia tenía un novio de tercero que la acompañaba a su casa y yo andaba siempre de mal tercio, me parecía algo gracioso que el chavo se enojara porque yo siempre iba atrás de ellos, o en medio, ella no me decía nada, al contrario, creo que prefería que estuviera cuidándola siempre. En tercero, ella se juntaba con unas chicas medio roqueras y se puso un piercing en el ombligo, ese día la acompañé al centro y de regreso nos besamos en el camión porque le dije lo valiente que había sido, ¿pueden creerlo?, nada más por eso me besó, y duró casi todo el viaje, hasta nos pasamos como con tres cuadras.

Para cuando estábamos en la prepa ella ya había pasado por tres rupturas amorosas en las que fui su hombro, acompañé sus lloridos y sus mocos en el camión, y dejé de salir con mis amigos por esperar que algo más pasara entre ella y yo, hasta que llegó Yesica. El primer semestre estuve en la prepa cinco y Leticia en la uno, después ella se pasó a la cinco, no supe por qué. De alguna manera nos hizo bien estar un tiempo lejos el uno del otro. Yesica fue mi novia un año y Lety era la que hacia el mal tercio entonces. Después Yesica y yo terminamos y volví a las andadas con Leticia. Juntos todo el tiempo, en camión juntos, juntos fumando en su cuarto, juntos tomando en el mío. De pronto mis padres comenzaron a pelear seguido, eso me obligaba a pasar más tiempo en su casa, pero después su mamá me pidió que ya no fuera a verla más porque era una mala influencia para su hija, decidimos pasar el rato fuera de nuestras casas.

El último semestre tuvimos un amigo que vivía solo, el cuate ya era reciclador, tenía como 20 años y trabajaba en la Blockbuster por la tarde después de la escuela, hacia fiestas casi todos los viernes y en una de esas Lety y yo, por primera y única vez, nos entregamos por completo, como decíamos, jamás pasó de nuevo porque después de ese último semestre mi mamá y yo nos fuimos de ahí. De eso han pasado más de 20 años. Mi madre murió hace cinco, nunca quise saber por qué se separó de mi papá, me convencí a mí mismo que si ya no se llevaban bien para qué seguir, y mi mamá jamás me dijo, tampoc,o porque no lo volvimos a ver.

El punto de contarte mi historia se acerca. Hace un par de semanas recibí un correo, ese correo ya casi no lo usaba y de pura casualidad, decidí rescatarlo. En él me encontré algo de Leticia, textual, lo siguiente:

Santiago, ha pasado mucho tiempo, quiero contarte tantas cosas, que no sé por dónde empezar. Primero espero que recibas esto y que estés bien. ¿Recuerdas la última vez que nos vimos? Usabas esa camiseta horrible de los Héroes del Silencio, me dijiste que te llamara y que nos veríamos después, gritaste: ¡esta historia continuara…! pues bueno, yo no te dije nada en ese momento porque tuve miedo, Santiago, me embaracé. Tuve un hijo cuando debería estar haciendo otras cosas, cuando éramos chavos todavía, ahora ya no vivo en aquel barrio nuestro, me casé, tengo otros dos hijos y sentí que necesitabas enterarte de todo. Estuve enojada con mi madre durante tanto que creo que me enferme. Te preguntarás por qué, no es fácil decirlo, a veces pienso igual que ya lo sabes y eso también me pone mal, tu padre y mi madre estuvieron juntos casi siempre, creo que desde que era novio de tu mamá, por eso mi papá se alejó. Por eso tu mamá se fue. Me parece increíble cómo no pudimos darnos cuenta, cómo todo se fue al carajo, no sabes cuantas cosas pasaron por mi mente, seguro ahora tienes muchas dudas, pero al menos creo que te quedarás más tranquilo de lo que sigue. Pensé por un momento que éramos hermanos, pero no, no lo somos, eso debe ser un gran alivio, y después cuando estuve embarazada igual hice mis cuentas y creí que el bebé era tuyo, pero no, dos semanas después de lo nuestro, estuve con mi ex. También eso estuve mal. En verdad te quería, pero en ese entonces no sabía lo que hacía….

 

Deje de leerlo después del: te quería. No te miento, vomite después de leerlo, mi corazón estaba agitado, sentía caliente mi cara. Hubiera querido no abrir ese correo, ¿Por qué lo hice? Salí, fumé un poco. Caminé, caminé mucho y de regreso a casa, el ladrido de mi perro me despertó de una especie de letargo, escuché un leve zumbido en mis oídos y después la voz de mi hija llamándome. A veces es bueno recordar, otras, seguir, pretender que nada pasó. Ojalá hubiera sido diferente, ojalá no hubiera rescatado ese correo. Las imágenes y las memorias de tiempos que creíamos mejores, que atesorábamos, se nublan, se manchan, se olvidan para siempre.