Entre Neruda y Nervo ¡Feliz Cumpleaños!

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A Carmen Sofía

Es domingo por la mañana, y como muchas otras veces, me despierta esta celosa amante llamada escritura que no me deja pasar junio. 

Estamos a casi medio año y la lluvia, desde el primer día de tu calendario, ha caído continuas veces, ella ha sido benevolente con Querétaro y refrescante con el calor de la ciudad. 

Los aguaceros me han llevado a la nostalgia de Toluca, quizá porque este mes me ancla a los sentimientos del recuerdo, a tener presentes los cumpleaños donde la vida sigue recordándome después de los cincuenta una existencia corta ante la irrevocable muerte. 

Por ello, mi vida se ha convertido en un día milagroso, en días únicos, un día que vivo intensamente, un día que no dejaré pasar porque la muerte, después de los 50, camina más unida al alma. 

Este último año, cada vez que me levanto, tengo la determinante lucidez de saber lo que vale un día para mi existencia. Son las horas que viviré momento a momento porque se convertirán en un pasado no devuelto, en un incansable devenir, en un interminable cuento que el tiempo escribe por instantes en el universo con únicas historias por segundo. 

Durante todo el mes, me asalta la idea de mi cumpleaños; a diferencia de otros años, sé que la fecha caerá en viernes 26 y sin esperar nada más que seguir viva, el día transcurrirá en la sensación de saberme yo, conmigo y con mi Dios y el universo que con conforma y me ancla con Él. 

Es veintiséis de junio; no espero nada. Sólo el disfrutar un día más de existir en un cosmos inexplicable, un mundo sin preguntas mías, sin reclamos de mi humana razón. Es como si los años trascurridos, cercanos a la vejez, me dieran el obsequio de la tranquilidad, del goce de mi despertar y de los pequeños, pero grandes regalos de la vida. 

Lo sencillo, en medio de lo complejo y de lo complicado, subsanan esta alma que vive por día y para el día. El pasado quedó tan lejano y el futuro tan incierto. 

Entre un lejano pasado y un incierto futuro, hoy es mi Cumplo Años, siendo sólo el efímero registro, de quien ha amado esta vida de múltiples historias escritas en mi alma y mi corazón. De lo más terrible, he construido un castillo de ilusión vital que tiene un letrero central que Pablo Neruda y Amado Nervo han dictado a mi corazón: Confieso que he vivido, Vida, nada me debes. Vida estamos en paz.