Epístola a un amigo

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El cuadro fue para contarse: Tú, mi amigo, que apenas habrías tocado en la Capilla Sixtina y teniendo como escucha al Papa, al representante de Dios ante la católica grey, me estabas platicando la odisea en la hilera de los que solicitábamos un kilo de tortillas.

Y de la tortillería sonriendo, charlando, y yo orgulloso de escuchar al considerado mejor organista del mundo.

Y así que mi amigo, Víctor Urbán Velasco tuvo su artículo en conocido local y en una revista al que titule El órgano trashumante, al que por cierto mi corrector me hizo el favor de escribir trashumeante y sin querer, mi amigo hizo una metáfora de ti: que nunca aspiraste al himno ególatra o al vago humo de la fama o yo soy o ¿Saben en donde he tocado?

Y luego, la respuesta señor Don Víctor que me hace enorgullecer cuando: me invitaste con mi familia que adoro a tu casa en aquel Rancho de La Mora de niños sonrisas y luz y luego a los postres –no lo creo todavía– en  el órgano de tu hogar nos dedicaste un trocito de cielo musical. Juan Sebastián Bach ya te llamo o donde esté para que lo interpretes.

Si, Don Víctor, por eso el último día de agosto, una pléyade de los mejores organistas del mundo, te recordó, pues ¿a que no saben que eras el Patrono Principal del Órgano del Auditorio Nacional?

¿Han oído tocar magistralmente el órgano sin usar las manos, sólo pedaleando? ¿Han escuchado los discos del gran maestro con el órgano monumental de la Catedral o acaso recuerdan que en la Sala Felipe Villanueva recodó a su gente en inolvidable velada?

Vean con la imaginación la salida de misa en Tultepec y a un niño tocando el sencillo órgano y véanlo después en la Sala de Milán de gala recibiendo aplausos que querían romper la cúpula del recinto.

El artista y el hombre a la par, porque quién vivió tan estimado, tan querido y no buscó el boato y el halago, me hacen –aunque tal vez no lo aprobaras– hacerte el homenaje que merecen tu vida y tu obra de tu vida y tu obra.

Supe muy después la tristeza de tu partida y aún deploro no haberte acompañado.

Víctor Urbán Velasco, músico y persona a la altura de arte, si como se cree, hay otra dimensión en donde nos volvamos a ver, saludo, y veo sonríe a mi vecino y amigo tocar la Fuga y de Bach.

Y quién bien vivió en la música de la vida no se va jamás.

Tu amigo Raúl te da las gracias por haber sido su amigo.