Epitafio

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Amarse así mismo es el comienzo de

una nueva aventura que dura toda la vida.

Óscar Wilde

 

 

Hace veintitantos años te conocí y hace unos cuantos nos dejamos. Me casé pensando encontraría el motivo para amarte y mentí. Queriendo encontrar el amor me topé con la soledad burocrática del matrimonio y con el silencio de la conformidad.

 

Vivimos los primeros años la ilusión de ser la llaneza uno del otro, pero el paso de los años cobró la factura de la desazón existencial. Una falta de frescura sentimental cavó la tumba de indiferencia lapidada con el desamor.

 

Los últimos años sufrimos la tortura de la tolerancia donde se fueron edificando las trincheras de la destrucción de pareja. De persona a persona posicionamos una guerra de poder uno sobre del otro.

 

Hoy, ya estamos separados y los intentos por recuperar la figura de padre y madre sólo recrudecen los resentimientos acumulados por equivocaciones no resueltas.

 

Hoy te miro con extraños ojos, con la frialdad de la distancia del tiempo y el alma.

 

Ya no hay inquietudes ni buenas ni malas. El miedo a tu violencia la ha combatido el amor a mí, ser mujer. La vida sigue dejando atrás una historia vedada por el tiempo.

 

Sólo quiero vivir en paz y agradecida con la vida por lo aprendido con el paso de los años.

 

Esta ficción es una más de las billones que el cosmos borronea en nombre de un espejismo llamado amor. Me despido de esta plana de la vida con la idea oportuna de los sucesivos días que me esperan a existir dedicando estas palabras a la composición poética que suscribe un seudónimo nombrado Carmen.