¿ES REAL LA REALIDAD?

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“La objetividad es la creencia de que las observaciones pueden hacerse sin un observador” Heinz Von Foerster.

Esta es una de las frases que más me gusta y describe con pocas palabras una gran realidad y es que la realidad depende del punto de vista del que se mire. En ocasiones actuamos pensando que nuestra manera de observar, de entender el mundo, es la única y correcta. Observamos, percibimos y analizamos en nuestro cerebro, un sistema que está influenciado por la herencia y el contexto, ambiente, que le rodea y que le ha visto crecer.
Estimado lector esta cuestión de la realidad torna relevancia en altos niveles en nuestra condición humana y en la búsqueda del conocimiento, Von Foerster señala que “Todo cuanto puede ser dicho lo es por un observador a otro observador, que puede ser él mismo”, esto fortalece la idea de que el conocimiento es construido de manera activa. Y el conocimiento científico no es ajeno a las percepciones del observador. La ciencia se construye sobre el acuerdo entre observadores que aplican una serie de métodos previamente consensuados, y eso pone en tela de juicio la idea de objetividad (incluso en física, como se enuncia en el principio de incertidumbre de Heisemberg).

Lo anterior no debe confundirse con una defensa del «todo vale» ni de su contrario (no poder representar directamente la realidad nos deja encerrados en nuestra consciencia –solipsismo), como bien puedo comprender de mi profesor de la maestría en Estudios Visuales, Janitzio Alatriste Tobilla. Lo que busca es romper la aspiración de obtener realidades absolutas e inamovibles (conocimiento último) de los fenómenos que nos rodean, y colocar el foco sobre la utilidad de las teorías (es decir, del objetivismo a la pragmática).

En este sentido lo que llamamos realidad es resultado de la comunicación. A primera vista, se diría que se trata de una tesis paradójica, que pone el carro delante de la yunta, dado que la realidad es, de toda evidencia, lo que la cosa es realmente, mientras que la comunicación es sólo el modo y manera de describirla y de informar sobre ella. No es así; el desvencijado andamiaje de nuestras cotidianas percepciones de la realidad es, propiamente hablando, ilusorio, y que no hacemos sino repararlo y apuntalarlo de continuo, incluso al alto precio de tener que distorsionar los hechos para que no contradigan a nuestro concepto de la realidad, en vez de hacer lo contrario, es decir, en vez de acomodar nuestra concepción del mundo a los hechos incontrovertibles.

La más peligrosa manera de engañarse a sí mismo es creer que sólo existe una realidad; que se dan, de hecho, innumerables versiones de la realidad, que pueden ser muy opuestas entre sí, y que todas ellas son el resultado de la comunicación, y no el reflejo de verdades eternas y objetivas según Paul watzlawick.

Como ya se ha insinuado, creer que la propia visión de la realidad es la realidad misma, es una peligrosa ilusión. Pero se hace aún más peligrosa si se la vincula a la misión mesiánica de sentirse en la obligación de explicar y organizar el mundo de acuerdo con ella, sin que importe que el mundo lo quiera o no. La negativa a plegarse a una determinada visión de la realidad, la «osadía» de pretender atenerse a la propia visión del mundo y de querer ser feliz a su propia manera, es tachada de think-crime, de «crimen del pensamiento», en el sentido de Orwell.

Finalmente, cuando alguien tenga una opinión diferente a la que tú tienes sobre un mismo acontecimiento, antes de dar por hecho que no tiene razón, que se equivoca, antes de comenzar una discusión de pareceres, haz el ejercicio de observar aquello sobre lo que discuten desde su punto de vista, quizás descubras detalles que antes no habías visto y quizás también, esto ayude a que la otra persona se sienta entendida y pueda fluir una conversación más fructífera.