Esas cosas tan absurdas de la Vida
Esposa e hija le acompañaban en su visita al popular mercado. La señora puntualizaba:
– Aquí todo es más barato y en un local que conozco el filete de huachinango es más fresco.
En la entrada, tres astrosos teporochos bebían y hablaban, como secreteándose.
El respetable magistrado Noé se quedó sorprendido: ¿Es Ramírez? Uno del trío de borrachines se parecía a Agustín Ramírez el geniecillo de la generación… no puede ser, según andaba en Estados Unidos, y que por eso no asistirá a la cena de generación.
No… no puede ser y siguió al femenino parar a comprar lo conducente.
En su caminar; Noé Palomares el justo abogado fue recordando su vida estudiantil:
San lIdelfonso, la Facultad de Derecho, los maestros sapientes, González Bustamante, Tena Ramírez, Demetrio Sodi, y sobre todo el luminoso centro histórico del bohemio DF.
Y Ramírez, el campeón de oratoria, el rebelde, el polémico, el diferente: Será Partido de la Rovolución, decía.
En el centro comercial, el carrito se fue llenando de finas vituallas y casi lleno, el retorno fue comentar que bonita es la vida pospandemia.
Al salir, Noé notó que los tres tepos estaban a punto del nocaut y viendo con más calma lo reafirmó: ¡Sí en efecto, es Ramírez!
Les pidió a sus damas que lo esperaran en aquella banca vacía y se acercó al trío.
Mientras más se acercaba corroboró que Ramírez era el que conocía.
Ya para llegar Agustín Ramírez al ver a Noé, al reconocerlo, se levantó como queriendo escapar de algo.
– ¡Calma!.. no pasa nada, le dijo Noé.
– Quue pe… na… No que-quería, que… me vieras así, Noé lo ayudó y ambos se dieron una especie de abrazo.
– ¡Qué pena! –Mascullaba Ramírez– que me mires así.
– Ya. No me importa que te pasó, lo que te digo es que no se acaba el partido…
– Para mí ya, Noé.
– Para nadie, nunca.
– ¿Te platico?
– Pá qué. Somos humanos. Lo que vamos a hacer es ponerte a tono. Mira, el sábado es la cena de Aniversario de la Generación, Elizarrarás te anda buscado, tenemos cuatro días para que te pongas a punto.
– Noé… Noé, ya caí muy bajo. No sé…
– Tú, ¡échale güevos! Acuérdate cuando te le pusiste al rector, ¡Y tu tesis!; no chingues Agustín, puede ser tu último chance. Todos los del grupo están en la Cucaña, todos estamos bien.
– Pero… no es fácil reponerme…
– Déjalo de mi cuenta. Despídete de tus cuates. Espérame.
Noé se dirigió a su pareja filial, les dejó las llaves del coche, les dijo que no se tardaba y volviendo con Ramírez le expuso su plan:
– Comer, baño, ropa nueva, un traje de marca, por supuesto… te presentas nuevecito a la cena: yo te refacciono.
La cena, le explicó Noé, era una excelente oportunidad para volver a relacionarte.
Agustín aceptó: Noé siguió:
– Bañándote y comiendo te repones-: de luego vas al vapor, ¿Puedes ir? Y luego te me vas a Saffey’s por dos trajes ¡¿Sí?! y camisa, corbata, zapatos y hasta calcetines.
– Por lo pronto –continuó Noé– te metes al vapor “Gran Vía” que está a la vuelta, luego comes, comes bien, después me hablas, esta es mi tarjeta. Yo voy por ti a Saffey’s y descansas en mi casa. El sábado te conecto con Elizarrarás o Patricia, ¿Te acuerdas de Paty?, está en la Suprema Corte… bien vapor, comida y me hablas como a las seis. Me voy, tengo compromiso en casa.
Noé tomó un taxi y fue recreando el rescate de Ramírez: Volverá a ser el de antes… ja, ja, ja, ja, ya me lo imagino el sábado: sobrio, impecable. Y llegó a tiempo para comer el sabroso huachinango con guacamole.
Al irse su amigo, Ramírez se quedó petrificado viendo, sopesando los ocho billetes de quinientos pesos.
Se los guardo en el mugriento bolso del pantalón y regresó con el par de teporochos recargados en la pared.
– Oooorale. Venganse.
Se dirigieron a la cantina “La Cascada” que estaba junto al metro Allende.
Noé nunca escuchó el llamado de Agustín y éste, al otro día perdido vomitando, inconsciente, tirado en plena rúa, ya ni oía Que seas Feliz la canción de Consuelo Velázquez, que exhalaba el radio de un auto estacionado ahí junto de ese bulto humano, cuya letra queda que ni pintada para este relato: ¿Por qué lo que sucedió?:
Por esas cosas tan absurdas de la vida.

