Escuela de un fundador

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Comentaristas han tenido razón al decir que es una lástima que don Benito Juárez sólo haya escrito sus memorias Apuntes para mis hijos, llegando al año de 1857 —cuando tiene 51 años de edad—, cito en particular el Dr. Augusto Isla, en su ensayo La escalera del deseo —publicado en la revista Castálida en verano de 2006 con motivo del bicentenario del patricio—, hace un serio y juicioso análisis del Benemérito, desde el contexto de la entidad donde el autor ha nacido: Querétaro. Estado de la república del que se queja no tuvo igual que otras entidades como Oaxaca, Estado de México, Jalisco, Chihuahua o Zacatecas sus centros liberales, y particularmente, de educación pública. Ante el hecho de que en Querétaro aún a la fecha se siguen haciendo misas en honor del emperador Maximiliano de Habsburgo como muestra de afecto al Emperador, por haber sido fusilado en dicha entidad.

 

Sí, es de sobra conocido el conservadurismo del estado de Querétaro, por lo cual el análisis que se hace de Juárez tiene visiones ideologizadas, sobre todo por posiciones religiosas de carácter católico, pero permite ver dónde es que en la República los recuerdos son más afectuosos para el Benemérito, y no hay que pensarlo mucho, en donde existieron los centros de estudios liberales, ahí fue donde se formó, pero también donde más conocimiento de sus batallas se tienen para comprenderlo y amar su ejemplo de vida.

 

Las memorias de Juárez son a la vez, muestra de escuela que dentro y fuera de las aulas recibió y vivió en todos los años de su vida. Interesante sería imaginarnos el cómo fue en su labor docente. ¿Quiénes fueron sus alumnos? ¿Qué materias daba? ¿Qué tiempo tuvo para hacerlo? De igual manera saber hasta dónde su labor en la vida práctica le quitó el tiempo que necesitaba para el estudio, éste al que Melchor Ocampo o Ignacio Ramírez le pusieron especial labor de horas y horas en la lectura de libros y búsqueda del saber en toda ciencia o área cultural que les pasaba por la vista. Su vida fue su escuela. Sus exámenes eran día con día en una incesante actividad, que lleva a preguntar a qué hora Juárez hacía su vida de esposo y padre. Escribe: … Aunque el pronunciamiento de Escalada, secundado por Arista, Durán y Canalizo fue sofocado en el año anterior sus promotores siguieron trabajando y al fin lograron en este año destruir la administración de don Valentín Gómez Farías, a lo que contribuyeron muchos de los mismos partidarios de aquella administración, porque comprendiendo mal los principios de libertad, como dije antes, marchaban sin brújula y eran conducidos fácilmente al rumbo que los empujaban sus ambiciones, sus intereses o sus rencores. El siglo del México bárbaro, no sólo tuvo a los liberales puros, que destacaba por su clara honestidad, su aprecio a los principios éticos y morales; los había también que bajo el liberalismo estaban aquellos que sólo actúan de manera oportunista para crear riquezas y venderse al mejor postor. A ésos Benito Juárez les odiaba literalmente. Esos son sus principales enemigos que desde cerca le llenan de calumnias y vituperios.

 

Dice Benito en sus recuerdos: Cayó por consiguiente la administración pública de Oaxaca en que yo servía y fui confinado a la ciudad de Tehuacán sin otro motivo que el de haber servido con honradez y lealtad en los puestos que se me encomendaron. Le sucede en los años y en los lustros. Es querido y atacado como un enemigo al que hay que matar a como dé lugar. Es un hijo del Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, por lo tanto, es un hijo del demonio que trae consigo la Ciencia, las Artes y las letras que hablan del hombre tal cual es, y no del hombre que debe aceptar la esclavitud en la tierra, para poder después gozar en el cielo la ilusoria felicidad que se le niega hoy en el seno familiar. Juárez a través del tiempo.

 

Revocada la orden de mi confinamiento volví a Oaxaca y me dediqué al ejercicio de mi profesión. Se hallaba todavía el clero en pleno goce de sus fueros y prerrogativas y su alianza estrecha con el poder civil, le daba influencia casi omnipotente. El fuero que lo sustraía de la jurisdicción de los tribunales comunes le servía de escudo contra la ley y de salvoconducto para entregarse impunemente a todos los excesos y a todas las injusticias. Los aranceles de los derechos parroquiales eran letra muerta. El pago de las obenciones se regulaba según la voluntad codiciosa de los curas. Había, sin embargo, algunos eclesiásticos probos y honrados que se limitaban a cobrar lo justo y sin sacrificar a los fieles, pero eran muy raros estos hombres verdaderamente evangélicos, cuyo ejemplo lejos de retraer de sus abusos a los malos, era motivo para que los censurasen diciéndoles que mal enseñaban a los pueblos y echaban a perder los curatos.

 

Escuela para el que quiera aprender. Escuela de vida que no tiene fines sino sólo informar cómo es que el México bárbaro vivía sus primeras décadas en ese mundo de la ilusión y de la democracia llamada independencia. Como todos los grandes genios de la historia humana el estudio de don Benito Juárez es un universo inacabable, y muchas son las aristas por los cuales hay que buscar su personalidad. Recordándonos Jorge Luis Borges quién es capaz de hacer la biografía del otro, si se es incapaz de hacer la propia ante la dificultad de conocer lo sucedido una y otra vez.  Sirva citar a Augusto Isla en algunos de sus muy certeros comentarios, es decir, donde escribe de aquellos pintores de los más brillantes de nuestras artes visuales, para quienes Juárez ha sido modelo a pintar, dice Augusto Isla: … Está en juego el alma del estadista, del gran pastor de la república, esa misma alma múltiple que han plasmado en muros y lienzos los artistas de México: el Juárez altivo de González Camarena, el Juárez pleno de sosegada belleza como lo vio Pelegrin Clave, el que está en medio de los talentos devastadores de Ramírez y Altamirano según la insidiosa mirada de Diego Rivera.

 

Sí, es una figura de las más retratadas por artistas visuales de los dos últimos siglos. Y vale por ello citar a quienes siendo poetas han escrito versos por quien es sin duda el Benemérito de las Américas a toda prueba: por si los imperios piensan que pueden ganar victorias y territorios sin el juicio moral de la historia: Cito en primer lugar a don Guillermo Prieto, que le conoció —por tanto—, sus versos nacen del alma (fragmento): Tal fue Juárez / Nació de la miseria, de su vencida raza / Deshecho, abandonado, renuevo sin vigor, / Nació como la yerba que mustia sobrevive / Del implacable invierno al pertinaz vigor. / Nació como atraviesa corriente cristalina, / Maléfico pantano con bienhechora luz; / Y llevaba esa vida como entre arenas de oro / los gérmenes divinos de honor y de virtud.  Largo poema donde retrata al prócer mexicano. Si se revisan a los poetas se desgranan múltiples nombres versificando sobre Juárez: Rubén Darío, Amado Nervo, Juan de Dios Peza, Manuel M. Flores, Enrique González Martínez, Manuel José Othón, Alfonso Reyes, Rubén Darío, José Santos Chocano, Carlos Pellicer, Pablo Neruda, Otto-Raúl González, y en particular, vale que cite aquí el anexo, que el libro de don Benito Apuntes para mis hijos, trae en la compilación de 3 poetas del Instituto Científico y Literario de Toluca: poetas de fin de siglo XIX e inicios del XX. Abel C. Salazar (1878-1925), Enrique Carniado (1895-1957), y Horacio Zúñiga (1897-1956), tres egresados de uno de los institutos liberales más apreciados del siglo XIX en el país. Son tantos los que escriben en recuerdo y homenaje a Juárez, por lo que resulta difícil decir —si hubo defectos—, que estos sean más que sus cualidades, como hombre de Leyes y vocación política; de terco temperamento y carácter para soportar lo que vivió, con el fin de saber a su México libre, soberano, donde el indio, mestizo o extranjero, fueran iguales ante la Ley.