Ética ante la pandemia
“No se puede escapar de la responsabilidad del mañana, evadiéndola hoy”
Abraham Lincoln
Dentro del paraninfo de las ideas claras y palpitantes que circulan como peces en el mar de las redes sociales, se cuenta con infinidad de información sobre lo que acontece en el mundo; particularmente estamos muy atentos de todas las noticias que circulan en lo referente a la pandemia que lacera la vida pública de la humanidad y que sobre todo está demostrando nuestra fragilidad como seres humanos.
Triste realidad la de la humanidad, dominante ante las tempestades, doblegando la fuerza de la naturaleza, caminando vertiginosamente en el desarrollo de tecnología y desarrollando avances médicos sobresalientes que nos permiten hacer frente a las nuevas enfermedades que el mismo ser humano va desarrollando y propagando, y por sobre todo competente para crear todo lo necesario, haciendo su vida más placentera y práctica pero; dominado por sus propios impulsos, doblegado en su fragilidad por el impacto imprevisto de la naturaleza y puesto en riesgo por seres microscópicos como el COVID-19 que a causa de la vida misma de la humanidad y su forma de desarrollarla, propició la creación de este virus.
Aquí es donde se muestra el paso vertiginoso de nuestra humanidad, un tanto destructiva de la naturaleza que habita, que ahora en época de cuarentena obligatoria, parece recobrar su propia esencia y vida; vemos con singular alegría como en redes sociales se han propagado fotos de algunas playas donde los animales acuáticos nuevamente salen a flote y recuperan espacios, como en algunas comunidades (que actualmente se encuentran parcialmente deshabitadas) animales silvestres hacen acto de presencia como anunciado al mundo que solo así no tienen miedo y es que el ser humano se volvió el lobo de lobos, arma aniquiladora de su propio ambiente, que ahora parece cobrarle factura y pedir el respiro que por mucho tiempo le fue negado.
Esa es nuestra propia naturaleza; las dos caras de la moneda respecto al ser humano en esta época de pandemia, por un lado: la unidad fraternal de la humanidad, que busca llevar el apoyo y consuelo a quien más lo necesita y por otro lado; permitiendo (voluntaria o involuntariamente) que el medio ambiente se recupere, que la capa de ozono nuevamente se vuelva espesa y cumpla su fin protector. Necesitamos hacer un alto para analizar nuestra situación real y ser conscientes de la forma en como actuamos; si bien, la alerta sanitaria es un llamado a la reflexión colectiva, hoy necesitamos entender que necesitamos accionar, que nuestras palabras y buenas intenciones no pueden quedarse en eso: palabras y buenas intenciones; sino que, deben convertirse en bastión de lucha, en fuente de inspiración para cambiar de manera positiva el rumbo de la humanidad.
Hemos sido participes como de manera inusual, por ejemplo; vivimos una semana santa diferente, como la propagación del culto religioso (cualquiera que sea su denominación) se vio transformado, pues los templos fueron cerrados, los actos de piedad populares fueron cambiados por el seguimiento de actos secularizados vía redes sociales o en algunos casos televisados para incitar una reflexión, lo que parecía imposible ahora se convierte en realidad; el mundo se re-humaniza, ve más allá de las fronteras geográficas para entender que no hay intocables, que todos estamos expuestos y que necesitamos de las manos talentosas para construir una esperanza social real y objetiva. Necesitamos un real y autentico cambio de mentalidad.
Y así nos adentramos inminentemente en las actividades de los que en estos momentos tienen los reflectores sobre sus espaldas, los trabajadores del sector salud, específicamente: médicos y enfermeras; quienes en estos momentos desde el umbral que irradian los hospitales públicos y privados afrontan el cataclismo de atender la enfermedad de la humanidad, hay quien demostrando el aplomo de una ética real y a pesar de las limitantes del sector salud, no solamente se pone en la primera línea de batalla sino que sale de su bien ganado periodo de jubilación para regresar a la actividad profesional y ayudar, asumiendo los riesgos que ello implica.
Cumpliendo cabalmente el ejercicio de fidelidad profesional que el ser humano asume después de egresar de la universidad, graduado en alguna de sus licenciaturas: “consagrando su vida al servicio de la humanidad, ejerciendo la profesión dignamente y a conciencia”, ese es el fin último de la profesión que se desempeña, ateniendo los principios deontológicos o del deber ser: el servicio a la humanidad. Si bien, entendemos que en muchas ocasiones la profesión a través de su ejercicio se convierte en un sostén de vida, pues es por medio de esta acción como se obtienen los sustentos económicos, también es cierto; que nuestra formación profesional debe tener bien claro el fin último y verdadero que nos convierte en seres vocacionales: el servicio.
Dicho sea de paso, entendemos que en tiempos de contingencia es cuando estas virtudes salen a relucir, pues las verdaderas vocaciones salen a la luz, para acrisolar la esencia humana, la fraternidad sincera, el sacrificio y entrega con un único afán de legar vida y enseñanza; acción que se convertirá en espiral o racimo que dejará sus frutos a la posteridad. Hoy médicos y enfermeras han puesto a sus vidas un uniforme especial, de líderes, de benefactores que a través de su ciencia ayudan a la humanidad; pero también están los servidores públicos de las áreas administrativas y técnicas de la salud, quienes por medio de sus actividades propias suman su esfuerzo para que los hospitales y el personal médico cuenten con los insumos y servicios necesarios para realizar la titánica tarea de convertirse en Esculapios modernos; que llevan la salud como estandarte con crin de anhelo en la humanidad.
Pero no solamente debemos entender en el ámbito de salud la necesidad de un ejercicio profesional ético y bioético, también debemos hacer notar que cualquier profesión en este momento debe atender al bienestar social, puesto que toda ciencia fue descubierta para ayuda de la humanidad y por tanto nuestra formación académica o técnica debe estar enfocada a ayudar; a donarse en pro de los bienes superiores, que no son ideales desdibujados en la pizarra, sino tangibles y propios como: la vida del humano, la prolongación de la naturaleza, y la coexistencia en paz y armonía.
Hagamos que nuestros actos lleven luz en esta época de pandemia, hagamos que la salud mental inunde nuestra vida y contagiemos a quienes nos rodean, pues al final mientras haya esperanza habrá una oportunidad de ser mejores cada día.

