Frías reflexiones

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Ultimos días de Enero. Sol que quema y en la sombra frio que congela. Desazón en el alma, y para cambiar el panorama Audomaro se acerca a su laptop y pone música instrumental.  

  

Ahora Mantovani y sus celestiales violines embelesan el otro lado de la atención de Audomaro con Capricho Italiano… ah, la época de los orquestones: Percy Faith, Frank Pourcell, Al Caiola y 50 más, llevándose la Palma de Oro, el azteca Juan García Esquivel, original, creador, a quien le pasó que después de muerto lo reconocieron. El estigma de Modigliani y Van Gogh: Ya no están, ¡que chingones fueron!

Y de nuevo se le apareció la pintura Royal and Blue del genial creador cromático Mark Rotkho.

El amarillo envolvente espiritual, el café avasallante ¿Qué genio llevaba dentro el pintor? Y Audo repasa: 

La capilla octagonal que hizo en Texas. Una iglesita donde están representadas todas las religiones: A los lados enormes cuadros negros. Así nada más. Audomaro lo interpreta como meterte, nadar en una especie de limbo negrísimo y dejar que cada quien reflexione en un raro expresionismo abstracto. Y que lo atropellen palabras, ideas: sentimientos sonidos pintura pura esencia del color y la forma; y la de antes, con la invención de la foto. Y viene el cubismo y con otro grande, Kandiski la búsqueda de la supremacía de la nada. 

Y por último se sorprendió del suicidio de Mark Rotkho. ¿Qué es el suicidio? Irte bajo tu responsabilidad. Romper el paradigma: Morirás cuando Dios quiera. Aquí llanamente es Cuando yo quiera. Aunque el dogmático religioso diga: Pues exactamente ese en el designio divino. No te escaparás. 

Audomaro de nuevo cree que vivir es vivir. Y que no tiene caso vivir sufriendo. Sufrir no es vivir. Y recuerda la pintura de la vieja iglesia de su barrio donde el infierno dantesco se presentaba en terribles rictus de dolor de los que entre las llamas purgaban sus pecados. 

No. Nunca tragó la idea de Paraíso–Purgatorio–Infierno. Y menos la trampa mental  de los sacerdotes en el virreinato de la Nueva España sobre el castigo eterno, para tener apendejada a la gleba.

¿Con que llenaba Audomaro, o con que más llenó este Sábado? Viene a hacer la dama el aseo de la casa y sentimentalmente unido a ella la charla no pasa de cierto límite y casada la señora, salen a colación los lógicos problemas de su matrimonio. Y será la única cita al respecto de sus amoríos, pues el maduro ente pensante Audomaro, cree que los caballeros deben ser amnésicos y en sus escritos no hablar nada al respecto. 

 

Domingo de Enero. Silencio en la calle. Frio en el alma. Al tomar la pluma recuerda que no hay fondo musical y presto trae a Los Románticos de Cuba que vistieron al bolero latinoamericano de pipa y guante. Lo que no se explica  –mientras La Puerta de Luis Demetrio toca en su corazón– como a finales de los 50 principios de los 60 se formó la orquesta. Y sabrá tres horas después, por obra y gracia de INTERNET  que fue con los mejores músicos de ese tiempo.

Y de paso, recuerda la supremacía del imperio económico que se reflejaba en todo, Dime quien te patrocina y te diré que éxito tendrás.

El gusto musical modelado desde las cúpulas creo y crea adeptos proclives al consumo. El neoliberalismo en pleno. Y  así en lo demás: Somos títeres que nos mueven, hemos sido simples receptáculos de los medios de comunicación. Y así fuimos y vamos navegando como una cascarita de nuez en un riachuelo: nos dictan como ser y estar y por ahí fuimos y vamos.

¿Y hacer con las letras algo distinto? Hasta este domingo Audomaro cree en un cuento que no ha sido posible: cada quien es su cada cual. Así como el poemita La Rama de Octavio Paz puede inspirar una acuarela. Y recuerda que sólo se aprendió cuatro renglones:

Canta en la punta del pino 

Un pájaro detenido 

Trémulo sobre su trino  

Se yergue flecha en la rama…

Así sucede con una pintura de Rotkho o un pincel que tocara el lienzo a puro golpe inspirado y lograba coloridos universos. 

Ahora Los Románticos de Cuba en una especie de gigantesco juego de sonidos arremeten con Lamento Borincano y Audomaro la emprende a jugar con ideas optimistas: Primero estoy vivo, soy, estoy; luego quien sabe cómo, pero estoy creando ¿y lo demás? Sale sobrando. Y se vuelve a ubicar en su realidad.

 

Y ya más en calma se dirige a su barecito y se sirve un buen fajo de mezcal. Y ahí va bajando el calorcito líquido por su gaznate. 

SALUD