Futura Sacerdotisa

Views: 927

Gozar es ir de compras. Lo disfruto muchísimo, me encanta. Parece que nací para esto. No. No parece. Nací para esto. ¿No se por qué no existe una carrera que pueda estudiar para dedicarme a comprar? Por eso le digo a mis papás que ya no quiero estudiar, ¿para qué hacerlo?, si yo lo que quiero es abrir mi propio canal en una plataforma digital donde auxilie a la gente a comprar y verse bien. Eso ayuda bastante. 

Hoy vengo al centro comercial con mi novio, me dice que amaneció dispuesto a acompañarme y a estar conmigo toda la tarde. Lo cual me parece genial ya que significa que esta vez no iremos al cine, sino que la pasaremos comprando. 

Vamos tomados de la mano, parece que lo voy jalando, ¿no se da cuenta de que me cansa hacerlo? ¿Por qué se detiene? ¿A quién vio? Ay no, parece ser uno de sus amigos y por la facha que trae, seguro es uno de esos intelectualoides.

Ay sí, sí, hola ¿Cómo estás? Mua mua. – Apúrale  que voy de compras con mi novio, no me lo distraigas. ¡¿Qué?! ¿Cómo que vamos a ir a tomar un café? No, no podemos. Dijiste que… asshhh. Está bien, tendré que poner mi cara de felicidad hipócrita. – Claro, si gustan podemos ir a ese que está más cercano. 

Me las vas a pagar, esto no se va a quedar así. – ¿Que qué me pasa? Nada. Todo bien.  – Sí, como no. – ¿Que por qué miro hacia arriba?, ¿que por qué no te doy un beso? – Ay ¿tú que crees, papito? No estoy nada contenta, pero vamos con tu amiguito.  

    

Debo admitir que me puso algo de buenas que me invitara mi capucchino magnate caramel frapucchino de tantas onzas. ¡Acumulamos puntos para una bebida gratis! 

Nos sentamos los tres,  – comper  eh, es mi novio así que yo me siento a su lado, azulado amigo

Comienza la charla, sí, sí, sí… bla, bla, bla… qué bueno… ah qué gusto… no, no sabía… no me digas… ¿en serio?… mira nada más… ¿quién lo diría? 

¿Que qué?, espera un momento, cómo que estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Ah vaya, ¿que el discurso del autocuidado es un arma de doble filo que nos trae de vuelta al individualismo más rancio? 

El azulado amigo dice que: encerrados en nuestra burbuja se presta tanta atención a la mejora individual y tan poco a la práctica del bienestar común. – ¿Lo dirá porque siempre traemos nuestros audífonos inalámbricos puestos, ajenos a todo lo que ocurre a nuestro alrededor? Nah, no lo creo-.  

Los centros comerciales son ahora las nuevas catedrales donde la gente se congrega a adorar al dios del consumo. La idolatría del mercantilismo la apariencia y el dinero. – Pues  yo soy tu sacerdotisa, bebé. 

Pasillos fríos como los de los templos y en lugar de vitrales, vitrinas donde se da culto a la imagen súper puesta e inalcanzable. – Vaya que me conoces. 

Parecen dar sosiego, calma y abrigo a todos aquellos que llegan cansados, abatidos, y deprimidos. Pues el simple paseo los revitaliza, la compra los fortalece dándoles una falsa seguridad que se esfuma en minutos. – Yo  no tengo la culpa de tus inseguridades y de que te vistas todo de azul, qué aburrido.

Vuelven a quedarse igual de necesitados o peor aun, más deprimidos y llenos de angustia que antes. Teniendo la imperiosa necesidad de regresara otro día, pero lo más pronto posible para comprar lo que les falta pero que no necesitan. – Lo que no necesitamos, bebé, es de tu compañía. – Ya vámonos, que me prometiste que me llevarías a mi solita de compras.

Centro de reunión y entretenimiento. Un lugar turístico en la ciudad, sólo que más atractivo y lucrativo.