Garibaldi revelador

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Tampoco es nada nuevo; ni siquiera sorpresivo. Hace tiempo ya que uno de los espacios más emblemáticos para disfrutar de nuestro tradicional mariachi, la plaza Garibaldi, en la Ciudad de México, es rehén de grupos que están a las “vivas” para asaltar, robar o desfalcar a cuanto incauto o descuidado anda por esas calles.

Pero en esta ocasión, como ha sucedido en prácticamente cualquier espacio de este México teñido de rojo, se pasó del concierto de guitarras y trompetas, al retumbar de las balas.  Más allá de explicaciones, convincentes o no, por parte de las autoridades, la realidad es que lo acontecido ahí debe servir como revelación de lo que eventualmente puede suceder por estar en el lugar y momento equivocados.

No, no se trata de “generar pánico”, pero es innegable que ya no existen lugares seguros para el esparcimiento; quienes tenemos hijos en edad de buscar espacios para pasar un rato ameno y agradable, ya sea con sus parejas o grupos de amigos, debemos tomar precauciones urgentes. Desafortunadamente hay quienes siguen pensando que las cosas no suceden.

Primero; establecer comunicación permanente.  Los padres deben tener muy claro con quienes están sus hijos, en qué lugar e idealmente pedir la ubicación del lugar por cualquier situación emergente. Me parece preocupante que haya progenitores(as) que permitan salidas sin siquiera conocer a quienes fungen como acompañantes.

Segundo; asegurar su regreso a casa.  Podremos decir que ya son “adultos” y que saben lo que hacen; me permito diferir, mientras un hijo viva en el mismo espacio que los padres, éstos son su responsabilidad absoluta.   Debemos estar ciertos de quién y cómo regresarán los hijos a casa.  Ante cualquier incertidumbre, hay que ofrecer ir por ellos al lugar de reunión.

Lastimosamente hay “chuladas” de padres y madres que, no sólo son incapaces de hacer un esfuerzo por sus hijos, y ni en sueños serían capaces de ir por ellos, sino que encima de todo, ¡se duermen! sin siquiera saber la hora y cómo es que se dio ese retorno a casa.

Tercero; retroalimentar.  Se debe generar la confianza para que no existan “secretos” sobre el quehacer de los hijos.  Esa sinergia establece lazos sólidos que favorecen que las dos partes conversen, se oriente y, con ello, prevenir situaciones lamentables en el futuro.

Piénselo bien, si usted sabe que sus hijos le mienten o le ocultan información sobre su vida; evidentemente ha fallado en su proceso formativo. Hoy fue Garibaldi, mañana puede ser cualquier sitio.  Más vale prevenir que lamentar, me parece.

Bueno, eso pienso yo.