«generación de cristal»
Concepto coloquial acuñado por la filósofa española Montserrat Nebrera para describir a los jóvenes nacidos después del año 2000, a quienes se les atribuye una supuesta alta sensibilidad emocional y baja tolerancia a la frustración. Desde hace cuántos años estamos escuchando y conviviendo con jóvenes de cristal, pero antes de analizar las implicaciones sociales tenemos que ahondaré más en el término.
Se utiliza la metáfora del cristal para señalar una supuesta fragilidad: personas que se rompen o se ofenden con facilidad ante las críticas, el rechazo o los problemas cotidianos. Tiene dos vertientes nos señala la UPN en su blog, que son: Visión crítica: Se les acusa de inestabilidad emocional, dependencia de la tecnología y falta de resiliencia frente a la adversidad y visión reivindicativa: Los propios jóvenes redefinen el término como una muestra de valentía para expresar emociones, poner límites, rechajar la violencia normalizada y cuidar la salud mental.
Los padres de esta generación vivieron etapas de carencia económica o social como respuesta, buscaron sobreproteger a sus hijos y darles comodidades para evitarles el sufrimiento lo que llamamos sobreprotección, pero parece que se engloba ahora en un grupo mayor de la sociedad o que se le pone nombre a lo que antes se llamaba niños sobretegidos y que en menores de edad pues en algunas ocasiones era común, pero muy poco en adolescentes, este quiere decir que ahora se ha prolongado este tipo de peculiaridad entre padres, este tipo de sobreprotección redujo la oportunidad de que los jóvenes enfrentarán problemas por si mismos, afectando su adaptación a las exigencias del mundo.
Crecieron rodeados de internet, teléfonos inteligentes y redes sociales, lo que aceleró la comunicación pero también fomentó la inmediatez y la opinión pública masiva. nos menciona the valley en su blog generación de cristal, los adolescentes de cristal son nativos digitales
Son jóvenes que nacieron en la época de la digitalización y el internet, dominan las nuevas tecnologías y demandan mayores experiencias virtuales, retando a las marcas a permanecer allí. Si no estás en el mundo digital no existes, a su vez tienen poca tolerancia a las frustraciones sociales; tienen, poco interés por la lectura y la cultura, si a todo esto le sumamos el rezago educativo por la brecha de COVID, la generación de cristal tiene adolescentes ansiosos, deprimidos y con miedo a vivir, derivado de una mezcla de sobreprotección, pereza y encimamiento como padres cuál será nuestra obligación para eliminar lo malo y empujar lo bueno de esa generación, un adolescente adolece y se confunde, pero podría ser que lo que muchos llaman «fragilidad» es en realidad valentía para poner límites, exigir respeto y cambiar reglas viejas que ya no funciona. En definitiva, la generación de cristal no se rompe fácilmente; al contrario, funciona como un prisma. Su valor no está en la fragilidad que otros ven, sino en su capacidad para reflejar las grietas de un sistema antiguo y transformar esa luz en una sociedad mucho más empática, humana y consciente. Juzgar a los jóvenes actuales bajo las reglas del pasado es no entender el presente. Lo que las épocas anteriores llamaron ‘resistencia’, a menudo solo era silencio. Por eso, el gran legado de esta generación no será su vulnerabilidad, sino la valentía de haber convertido el derecho a sentir en su mayor fortaleza.

