Generaciones perdidas

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Como nunca antes, se están viendo los resultados de padres que por décadas han dejado de guiar a sus hijos por caminos, si no de éxito, al menos de sentido común.  Todos esos “adultos” que han crecido sin una directriz precisa, sin una convicción ética sólida y sin respeto por su entorno hoy evidencian su inmensa estupidez y además sienten orgullo de ella.

 

Y los encontraremos en todas las esferas, en todos los ámbitos de interacción del ser humano; convencidos de que lo que hacen es adecuado, aunque la lógica establezca justo lo contrario.  No, no debemos sorprendernos porque en gran medida hemos sido culpables porque también hemos sido omisos; hemos pensado que “mientras no me afecte directamente” pues nada tengo que ver.  La realidad nos alcanza y henos aquí, padeciendo lo que TODOS hemos permitido crecer.

 

Así, esos niños sin límites hoy son padres de familia y ven con buenos ojos que sus hijos carezcan por completo de hábitos; ¿por qué tiene que llegar a tiempo?, ¿por qué tiene que ir a la escuela todos los días?, ¿por qué debe tener horarios para las tareas?  Esos jefes (y jefas) de familia no tiene empacho en dejar que sus “angelitos” hagan y deshagan por las tardes, vivan en sus aparatos electrónicos y, si quieren y cuando quieran, hagan sus tareas. Las rutinas que bien se enseñan permanecen por siempre, claro, eso requiere de ganas de hacerlo y eso representa un sacrificio enorme para quienes no entienden a cabalidad su papel de ejemplo en una familia.

 

De igual modo, esos niños ahora son adultos que participan en la toma de decisiones a nivel familiar, social, laboral o político; no debe sorprendernos que muchos de estos miembros de una generación perdida sean capaces de decir una cosa y hacer otra completamente diferente; capaces de mentar madres ante un hecho y, porque cambiaron de cachucha, aplaudir exactamente lo mismo que criticaban días o semanas antes.  Seres humanos acomodaticios y preocupados únicamente por sus beneficios, por sus aspiraciones.  ¿Las de los demás?, pues bien gracias.

 

Es triste que en un país que se preciaba de exaltar valores como el de la familia, ahora sea testigo de hermanos incapaces de ponerse de acuerdo, hijos despreocupados por tener relaciones armónicas y respetuosas o padres instalados en su valemadrismo que no corrigen cuando deben o tienen que hacerlo.

 

A este ritmo, serán varias generaciones perdidas más; ojalá comience a crearse conciencia de que se predica con el ejemplo, de nada sirve cacarear al mundo que somos “estables” cuando nuestra historia personal presenta tantas áreas de oportunidad.

 

¿De verdad no nos damos cuenta?, o simplemente nos hacemos.

 

Bueno, eso pienso yo.