GRIPE EN ESTADOS UNIDOS… PULMONÍA EN MÉXICO
“Dicen que cuando el gobierno estadounidense se apaga, los únicos que siguen trabajando son los cobradores… y los virus.”
George Soros
PARÁLISIS ADMINISTRATIVA: El llamado “shutdown” o cierre administrativo del gobierno federal de Estados Unidos ocurre cuando el Congreso no logra aprobar a tiempo el presupuesto anual o una ley temporal de financiamiento. Sin esos recursos, gran parte de las dependencias públicas quedan legalmente impedidas para operar, pagar salarios o contratar servicios. No se trata de un cierre total, pero sí de una suspensión parcial que afecta a cientos de miles (millones ahora) de empleados públicos considerados “no esenciales”, quienes deben quedarse en casa sin recibir sueldo hasta que el conflicto político se resuelva.
Durante un shutdown, solo permanecen activos los servicios de seguridad nacional, control aéreo y atención médica de emergencia, pero se detienen funciones clave en salud pública, ciencia, educación, medio ambiente y cultura. Las agencias como la FDA, los CDC o la NASA reducen personal, cancelan inspecciones y congelan programas. En suma, el país más poderoso del mundo sigue funcionando, pero a media máquina, víctima de su propia parálisis política y de una disputa partidista que transforma la administración pública en rehén del desacuerdo.
La parálisis administrativa o shutdown no es un apagón simbólico; es la suspensión literal del funcionamiento parcial del Estado federal. Cuando el Congreso no aprueba el presupuesto, miles de empleados públicos son enviados a casa sin sueldo, oficinas y parques nacionales cierran, hasta los museos e instituciones culturales bajan la cortina.
En 2025, la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) estima que cada semana de cierre le cuesta al PIB estadounidense cerca de 6 mil millones de dólares. Más allá de la cifra, el impacto real está en la confianza: el país que imprime la moneda de reserva del mundo da la imagen de un Estado que no puede ponerse de acuerdo para pagar su propia nómina.
El gobierno federal ha cerrado parcialmente 21 veces desde 1976, cuando el Congreso promulgó el proceso presupuestario moderno. De esa cifra 13 veces ha sido desde que el gobierno de Joe Bien se instaló en la Casa Blanca en enero de 2021, lo que confirma la erosión política creada por la izquierda radical de la administración predecesora y la derecha desenfrenada liderada por Mr. Trump.
Con el pretexto de fondos supuestamente para la salud de los estadounidenses, los demócratas quieren recuperar los 1,5 billones de dólares de supuesto derroche que eliminó la «Ley One Big Beautiful Bill», como parte de la reducción de gastos burocráticos y despilfarro disparados, según ellos, durante la administración anterior.
El sector salud es el más vulnerable. Si el shutdown se prolonga, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) suspenden parte de su vigilancia epidemiológica, la FDA detiene inspecciones sanitarias y los Institutos Nacionales de Salud (NIH) frenan ensayos clínicos. Es decir, en la potencia médica más avanzada, los laboratorios dejan de investigar por falta de presupuesto… no de talento.
El premio Nobel Paul Krugman lo ha resumido con su habitual claridad:
“Un gobierno que decide no funcionar no demuestra fuerza fiscal, sino debilidad moral. La austeridad sin inteligencia es la nueva forma de sabotaje político.” (Tomen nota, legisladores mexicanos).
En el discurso, los republicanos sostienen que bloquean el presupuesto por responsabilidad fiscal: “No más déficit, no más despilfarro.” Los demócratas responden que es un chantaje político disfrazado de virtud contable. Y mientras las cámaras se enfrentan, el ciudadano común paga la cuenta de la inacción. En México eso no ocurre, por supuesto, ni siquiera se analiza el presupuesto entregado al cuarto para el ratito y aprobado sin lectura -y peor, sin análisis mínimo- por la mayoría adiestrada, sílogos, les llaman.
La narrativa mediática convierte el shutdown en una suerte de serie televisiva. Cada día se anuncia si habrá o no acuerdo, si los funcionarios cobrarán o no su sueldo, si el presidente cederá o si los legisladores resistirán. El espectáculo legislativo se convierte en entretenimiento financiero, pero con consecuencias reales para millones de familias.
IMPACTO EN MÉXICO: En la práctica, los efectos no se limitan a Washington. México, principal socio comercial bajo el T-MEC, resiente los temblores fiscales del norte. Se retrasan exportaciones y certificaciones sanitarias, afectando la cadena agroalimentaria; la incertidumbre fortalece al dólar y debilita al peso mexicano, encareciendo las importaciones.
En pocas palabras, si el crecimiento estadounidense se frena, las remesas y la demanda de productos mexicanos disminuyen, pero no nos damos cuenta porque hay concierto de los Tigres del Norte o de la Arrolladora.
Mientras tanto, el gobierno mexicano guarda silencio, observando cómo el vecino entra en crisis presupuestal… sin recordar que su propia estabilidad depende de ese motor en proporción de 10 a uno.
DE FORMA: Lo realmente grotesco es que el país que emite el dólar —y puede financiar guerras o rescates bancarios— se paralice por no aprobar un presupuesto interno. El shutdown no es símbolo de austeridad, sino de infantilismo político, un Congreso que dice representar al pueblo, pero prefiere cerrar la puerta antes que negociar con el adversario.
En esta tragicomedia, los laboratorios esperan órdenes, los parques se vacían, los empleados federales hacen fila en bancos de alimentos y los mercados del mundo contienen el aliento. Y mientras tanto, el mundo observa cómo el “gigante del norte” tropieza con su propio papeleo. Y a “eso” le llaman pomposamente “democracia”. Aquí le decimos “hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre” mientras vuelo los jets privados.
DE FORMA
Para México, la deformidad tiene eco. La economía nacional depende tanto de Estados Unidos que un simple estornudo fiscal en Washington puede provocar fiebre en el peso, tos en las exportaciones y mareo en las remesas.
Cuando el Congreso de Estados Unidos se congela, los bancos tiemblan, los médicos esperan su cheque, y los vecinos del sur se preparan para el resfriado económico. Lo llaman shutdown, pero debería llamarse auto sabotaje ilustrado. Aquí somos más creativos, detenemos el reloj legislativo y el tiempo se estaciona a nivel de Julio Verne. Si creativos somos, la responsabilidad se cuece aparte.
DEFORME
El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC)) reportó para septiembre un avance mensual de 0.23%, con lo cual la inflación anual, nos mienten, es del orden de 3.76% anual. Por su parte, la precaria y manoseada canasta básica encareció 3.71% en la primera quincena de septiembre 2025.
Oficialmente, la inflación se aceleraría por segundo mes consecutivo, eso es cierto, pero si ya fue usted al Súper esta semana, podrá observar un “alineamiento” superior al 30%. Ah, esas fórmulas neoliberales del Banco de México…
COLOFÓN: Felicitamos sinceramente a Corina Machado por el honor del Premio Nobel de la Paz, un reconocimiento merecido para quien ha dado la cara por la democracia, la libertad y los derechos fundamentales en Venezuela. Y al mismo tiempo, resulta patético —aunque predecible— ver cómo gobiernos populistas o de izquierda se revuelcan en críticas huecas o intentan minimizar este logro con descalificaciones. No pueden tolerar que una voz valiente se alce y reciba admiración internacional; prefieren silenciarla con propaganda, acusaciones o indiferencia. Pero el mundo ya habló, la dignidad se premia, aunque a sus detractores les duela.

