+Guadalupe Loaeza: 40 años de escritora; 14 días esperó a Cortázar; 6 cachetadas le impidieron ser primera dama; aquellos desayuno

Views: 2236

La frase

Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor.

JOAQUÍN SABINA

 

LOS CUARENTA AÑOS DE GUADALUPE LOAEZA

Conocí a María Guadalupe Loaeza Tovardos años después de que se inició en las lides de la escritura, es decir, en 1984.

La visité en sus oficinas de Nina Ricci, donde era la encargada de las relaciones públicas. Sus modales son finos. Había estudiado con Elena Poniatowska y la invité a escribir en El Heraldo de Toluca. Ella ya escribía para UnomásUno de Manuel Becerra Acosta.

No me puso ninguna traba y menos cuando le dije que se iba a codear con Emmanuel CarballoBeatriz EspejoCarlos Monsiváis e Isabel Arvide.

A todos ellos los invité a colaborar en la página editorial porque así me lo pidió don Mario Mena Palacios.

Tres años después publicó su primer libro La niñas bien en Editorial Cal y Arena, mismo que resultó un cañonazo y además polémico para la clase encumbrada, sobre todo los residentes en Polanco.

Cultivamos cierta amistad y me permitió hacerle varias entrevistas, primero en base a Las reinas de Polanco, después por Compro luego existoSimplemente Martita, hasta llegar a Las abuelas bien de Editorial Océano.

Me llamó la atención lo que escribió en el libro colectivo Gritos y susurros y que luego platicamos en una entrevista. Resulta que para nadie era un secreto que duró varios años de novia con el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, hasta que la política los separó en 1999, poco antes de perder la gubernatura de Hidalgo, en que Granados Chapa fue candidato por el PRD y el Partido del Trabajo.

Guadalupe se sentía ya la primera dama de Hidalgo, porque había muchas esperanzas de que Granados Chapa ganara las elecciones, para romper con el cacicazgo priista en Hidalgo.

Por esta razón decidió ofrecerle una cena a su pareja,  en la casa de Loaeza.

Acudieron las fuerzas vivas hidalguenses, los jerarcas del perredismo y del petismo. Todo estaba listo para cenar cuando empezaron los brindis, por el triunfo de Granados Chapa, basados en su sapiencia como periodista y en su conocimiento de la política.

Entre taciturna, sonriente y a la vez enojada por el triste recuerdo de esa noche me dijo:

De pronto tocaron a la puerta. Salió la sirvienta, le dijo a Miguel Ángel que lo buscaban. Salió, todos los demás nos quedamos en amena charla.

De pronto se escuchó una cachetada y Miguel Ángel regresó al convivio, nadie le preguntó nada, pero la escena se repitió seis veces, mismas en las que hubo seis cachetadas más. La cena ya no se llevó a cabo.

En las dos últimas cachetadas estuvo presente Guadalupe. Habían ido a reclamar sus derechos de ser primeras damas, pero ahí mismo se enteraron de que el compromiso de Miguel Ángel  era con otra mujer¡Todas (sin saber en qué momento) fueron engañadas!

Hubo una ruptura ipso facto, terminaron las ilusiones de la escritora de ser primera dama y Granados Chapa no fue gobernador.

Después de eso, nos hemos visto varias veces en la Fil de Guadalajara y hemos desayunado en dos ocasiones en el restaurante Los Vitrales del Hilton Guadalajaraal estilo americano, es decir que han estado ella y su esposo el doctor Enrique Goldbard, con quien ha sido muy feliz.

¿Cómo han sido esos desayunos al estilo americano? Muy interesantes, llenos de plática y de buenos alimentos, pero con una salvedad impuesta por ella misma, cada quien pagaba su cuenta, ella su nota, el doctor también y yo por mi cuenta.

¡Felicidades Guadalupe por 40 años de escritura!

Lupe

Otra visión: Sin lugar a dudas los textos primerizos de Guadalupe Loaeza fueron escritos con el nerviosismo característico de los que se inician en el periodismo con escritos a manera de colaboraciones con los periódicos que se editan en la ciudad de México, acumulados también de angustia por no saber si quedó o no bien, si lo leerán, leyeron o sabrán siquiera en que periódico se publicó.

 Así, es el tormento iniciático en donde el tiempo nos juega su doble caralimitado y veloz, sobre todo cuando se tiene que escribir y entregar la colaboración, cuando se sabe que es el primero que se realiza. Despacio y lentísimo cuando se desea verlo publicado y con las ansias infinitas por comprar el periódico para mirar cómo quedó y encontrarse, al mismo tiempo, con la magia de saber cuáles son las debilidades que están impresas y las cosas que faltaron por decir o incluir.

Sucede la magia de madurar a pasos agigantados para concentrase ya sin la presión de que queda poco tiempo y de escuchar a los dos lectores que tiene uno cerca y oh ¡Sorpresa!, no tienen tiempo de mirar la publicación y llevarse la decepción de que hoyprecisamente hoy, tuvieron un millón de asuntos que atender y ni siquiera lo abrieron, es más no descubrieron que ahí estaban impresas no sólo tus ideas revueltas y desordenadas sino tu nombre, con letras grandes, donde dan ganas de enseñarlo a todo el mundo de que ahora es uno más importante porque escribe en un medio de prestigio que obligará a realizar mejores cosas para sorprender al mundo y escuchar: no sabía que tenías ese talentono sabía que tú escribíasno sabía que tú piensasno sabía… infinitamente de los sueños que uno tiene y que, cosa curiosa, tampoco sabía uno que los poseía.

El tiempo vuelve aparecer y queda ya limitado para la segunda colaboración. Hay cierta calma porque ahora nos conocemos y sabemos realmente los temas que desea uno tratar, piensa y sin darse cuenta arranca con una nueva forma de mirar lo que vive a su alrededor y lo que forma parte de su mundo y descubre, para los demás, que hay tras las cortinas de las casas de la gente bien, de la clase acomodada, de la que carece de algo que es esencial para vivir: experiencia y ganas de comunicarlo a los demás.

El sonido de su máquina de escribir con el ritmo a veces lento y otras con cierta velocidad y armonía en el tecleo y de cómo las líneas se van haciendo cortas para darle extensión en donde al mismo tiempo es mucho para hacerlo y otro, escaso para expresarse. Ahí descubre las cosas binarias de todo lo que le rodea, el síel nolo brevelo ampliolo abundante y lo escaso.

Los temas conforme transcurren los días se van incrementando así como las colaboraciones, conforme pasa el tiempo se van acumulando, es ahí cuando surge la idea a manera de gusanito de juntarlas para un libro, todos opinan esto, todos están de acuerdo, de tener en un solo espacio lo que se ha escritoes más fácil leerlos en un libro de 300 páginas que acumular los periódicos, que se empolvan más rápido y ocupan demasiado espacio: eso de guardar 300 diarios es un tormento, la acumulación de cosas donde se desconoce la forma y el sitio para guardarlos. Ahí está la solución: el libro como depositario inmenso de esta riqueza que recién se acaba por descubrir.

Proyecta con su escritura si no el mundo fantástico, sí el desconocido de la mayoría, al que sólo le queda el recurso de imaginarlo, de fantasear con lo que cree y no con lo que es. Así aparece en 1987, Las niñas bien, las vemos a través de la palabra, bajan de sus castillos y comienzan a penetrar, con más territorio en las ciudades, la gente no bienpero de buenas, la lee con ganas y habita por algunos días, esas cosas que imaginó. Algunas coinciden, otras no. El panorama se amplia de gran forma y ahora no son nada más protagonistas de los grandes emporios económicos, no son lejanos, no viven en otro mundo, sino que están inmersos en el que vivimos.

Recuerdo su reportaje en París, preocupada por la ausencia de Julio Cortázar en el edificio en donde vivía y a donde la había enviado Manuel Becerra Acosta, fundador de Unomásuno para entrevistarlo ya que se conocía y había trascendido que estaba enfermo, era el año de 1984Durante dos semanas publica sus textos sobre esa larga esperasentada en las escaleras de ese edificio, y jamás llegó, en su mente pensaba sobre las correrías y parrandas que pudo haber tenido este escritor argentino, donde me obliga a recordar  una obra teatral escrita por Samuel BecketEsperando a Godot, ahí se juega con la paciencia, la intriga y el ambiente de si llegará o no Godot, lo mismo le sucedió a Loaeza, de verlo, platicar y entrevistarlo.

Finalmente, decide regresar por orden superior y en el vuelo de retorno se enterará que Cortázar falleció el 12 de febrero de 1984.