Habemus comunista

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En 200 años de vida republicana, el Perú tuvo un gobierno de facto comunista. De 1968 a 1975, y en tan solo ocho años. El general Velasco, Juan Francisco Velasco Alvarado expulsó a los norteamericanos que manejaban los hidrocarburos. Se hizo una reforma agraria muy mal hecha. Mal asesorado estuvo el general. Nunca en la historia un entierro fue tan multitudinario.

Se llenó la Plaza de armas, y su ataúd pasaba de mano en mano. En esa época el Perú era potencia militar de la región. Y como Chile no cumpliera el tratado de Ancón, en donde se comprometía a devolver Arica y Tarapaca, Velasco en pie de Guerra, decía, quiero desayunar en Santiago, almorzar en Arica y  cenar en Lima, el mismo día. Iba ser un rescate meteórico, pero lo traicionaron inexplicablemente y lo derrocaron.

Para variar dijeron que la CIA monitoreó el asunto. Hubo una magnífica reforma educativa. A la debacle económica se sumó un gran entusiasmo por el proceso revolucionario. La intelectualidad peruana casi en su integridad, apoyaron al régimen, incluido un joven llamado Mario Vargas Llosa que creía en ese entonces en Fidel Castro. El campesinado fue reivindicado.

Los pobres se sintieron atendidos y dejaron de ser invisibles. La derecha perdió mucho.

Hoy por segunda vez, la izquierda vuelve al poder. El nuevo presidente, es un profesor de escuela rural que llegó a Lima a caballo, rodeado de un grupo de ronderos, tomaron la capital. Todavía recuerdo un lema Para que nuestros hijos coman mejor que las mascotas de la burguesía.

Pedro Castillo, el nuevo presidente peruano, no se despega nunca de un sombrero blanco y una casaca marrón, no sabe hablar, es patológicamente tímido y tiene la mirada inocente. La mitad del país lo odia. La otra lo quiere. Han fugado miles de millones de capitales. La gente ha liquidado sus empresas y vendido sus propiedades. Otros han abandonado el país. Tienen pánico al comunismo.

La otra mitad del país, ama a Keiko Fujimori, quien representa a la más rancia derecha recalcitrante y racista. Le espera la cárcel por lavado de activos.

El besamanos a Castillo ha sido alucinante. Tirios y troyanos han desfilado por su local partidario, puesto de hinojos.

Mientras tanto el dólar se ha disparado. Y a la vuelta de la esquina los militares se han separado en dos, con lo que una guerra civil está muy cercana.

Otro sí, Castillo vive secuestrado por el presidente de su partido, un amante de Abimael Guzmán, el líder terrorista de Sendero luminoso a quien quieren indultar.

A esto hay que sumar un triste récord. El Perú, por estadística con respecto al  porcentaje por millones de habitantes, es el país que peor ha manejado la pandemia en el mundo.

Muchos no votaron ni por Castillo ni por Fujimori. Están asqueados, y el más acérrimo de los ateos, murmura Que Dios nos coja confesados.