HEREDIA EN TOLUCA

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Quien no comprenda su carrera de escritor o de hombre y mujer cultos, que no ponga sus ojos en el ejemplo de vida del cubano-mexicano José María Heredia y Heredia. Quien sí sepa valorar la existencia del más toluqueño de nuestros escritores y editores al principio de nuestra vida independiente, poniendo atención a sucesos de un hombre, por encima de todo, fue democrático, libertario y ejemplo de su tiempo. En él se encierran los ideales de libertad para Cuba, su patria que nunca le ha de abandonar, y para México, país que le recibió en buenas condiciones; al paso de los lustros, se deterioró su imagen y la voluntad política que le había traído: fue no sólo dejándolo en el abandono, sino que envidias y amarguras de la mala y crítica política que vivía el país, le puso en condiciones de pobreza y soledad; por ellas fue como murió tristemente por enfermedad de la tuberculosis.

Según sus biógrafos, al morir fue a parar a la fosa común en el Panteón de San Fernando, en ciudad de México. Ese Panteón que es cuna de reposo para nuestro mayor político del siglo XX, don Benito Pablo Juárez García. Siendo el que preside ese lugar en la Delegación Cuauhtémoc de la capital del país, debiera tener, en el caso de Heredia, por lo menos, una placa en recuerdo del cubano más toluqueño y mexicano de los migrantes cubanos en el siglo XIX. Padre de las Letras toluqueñas —quiéranlo o no—, aquellos que no saben todo lo que aportó a Toluca con sus propuestas en poesía, en crónica, en historia, en labor editorial y creación de revistas, donde la crítica comenzó a parecer en el centro de México, con su vigorosa y genial cultura que aportó a manos llenas no sólo a Toluca, sino a la patria libertaria del 1830.

Los cronistas de mitad de siglo XX tuvieron por José María Heredia un respeto y admiración manifiesta. Por cierto, que en este siglo XXI, aún seguimos preguntando muchos ciudadanos que nacimos en la calle dedicada al poeta cubano –nací a media cuadra de la avenida Benito Juárez– al cuestionarnos: ¿Qué cosa sucedió  con la calle José María Heredia que desde más allá de la actual avenida Isidro Fabela Alfaro por el oriente de Toluca,  llegaba hasta —por lo menos—, avenida José Vicente Villada, hacia el occidente; hoy se llama Valentín Gómez Farías, y dicha calle no pasaba muy lejos, al norte, a sólo cuatro cuadras de los Portales en el centro de la ciudad? Calle y escultura que lo presentaba de cuerpo entero desaparecieron. Citar en estos días la calle pequeñita que hoy tiene por la colonia de las Américas apenas y vale la pena hacerlo. Lo bueno, para recordar al poeta, es que la Biblioteca José María Heredia, que se haya a la entrada de la capital mexiquense —a espaldas del bello monumento a la Bandera—, está de frente, por la Avenida Miguel Hidalgo, en confluencia a Paseo Tollocan; llegando de ciudad de México después de 63 kilómetros de recorrido por autopista. La biblioteca está ahí, con su bello edificio, que fuera inaugurado en el gobierno de Isidro Fabela Alfaro en el mes abril de 1944, como Museo de Arte Popular. Sus murales son los más bellos de los que se hayan pintado en siglo XX mexiquense: Ernesto García Chango Cabral, y Carlos González Fuentes dejaron bellas imágenes en alegoría de nuestra entidad. Bello edificio, que bien se puede considerar una Capilla Mexiquense, —siguiendo ejemplo de Capilla en la Universidad de Chapingo, pintada nada menos, que por Diego Rivera—. En el caso actual, el pintar nuevos murales en su interior, para que se valoren más los que fueron pintados en década de los cuarenta del siglo pasado, es una posibilidad. Ello daría nueva aportación a la cultura y arte visual en Toluca para este edificio. En este 2023, puede resultar paso admirable para recuperar este edificio de bella silueta e interiores.

Escribe el cronista del Xinantécatl al respecto del cubano: En el prólogo a la segunda edición de sus Poesías, José María Heredia se pinta como “abogado, soldado, viajero, profesor de lenguas, diplomático, periodista, magistrado, historiador y poeta”. Lo que fue en grado eminente, es lo que, como Leonardo da Vinci, cita en último término, (el de pintor). Y lo menos valioso para él, es lo que más vale para nosotros. En efecto Heredia es uno de los más grandes líricos americanos. Fue breve en su vida; sintió las amarguras del destierro y los acosos de la miseria. No tuvo tiempo ni tranquilidad suficiente para realizar una obra asentada y de homogénea calidad. Tiene razón uno de sus críticos cuando dice que Heredia es poeta de fulguraciones intermitentes; de dos o tres poesías geniales, y de chispazos aquí y allá, en algunos pasajes de su obra. Su poema El Teocalli, que algunos críticos nos muestran como magnífico, se resiente a trechos de un prosaísmo insufrible.

Los que tenemos la ventaja de ver desde lejos la vida de las personas históricas o de las luchas de los pueblos muchas veces perdemos el contexto en que se hace la obra o se enfrenta una batalla. En Toluca hasta la llegada del año 2003 en que se celebró el bicentenario de su nacimiento, se tenía la idea, fija y cerrada, de que estábamos celebrando al poeta, sin darnos cuenta todo lo que fue en su vida de 35 años, cinco meses y 7 días de existencia terrenal. No, Heredia fue un hombre de múltiples aristas. Y es imposible, ahora sí en oposición a nuestro cronista venido de Huixquilucan, el pensar que Leonardo da Vinci fue sólo y por encima de todo un pintor. Que se les pregunte a los ingenieros, a los escultores, a los pensadores y en general a los científicos. Heredia es de esos. Decir que sólo es y por encima de todo lo que hizo, Poeta, es ser injusto con su vida de sacrificio y muerte por el deseo de ver a México democrático, ajeno al país de un solo hombre: Antonio López de Santa Anna. En el deseo de ver libre su patria a la que no llega a ver en esa condición ni el propio José Martí. Lejos de la familia que tanto ama en la persona de su madre. Lejos de las palmeras y el sol de su Cuba hermosa e inolvidable. Hombre clásico, es, por lo tanto, al igual que Da Vinci, seres de múltiples aristas, a cuál más interesante y, que destaca por sus aportaciones creativas en varias esferas de la vida humana. No es en Toluca sólo el Padre de la Poesía. Es el padre de las letras toluqueñas, es decir, en todos los géneros que podemos imaginar, pues fue periodista, pero también narrador, poeta y también, ensayista. Editor de revistas y libros. Hombre unidimensional y de muchas dimensiones a la vez, por su labor en política e ideas libertarias. Por su entrega al magisterio y a la labor pedagógica de avanzada, en el México que apenas independiente hacía pocos años debía mirar al futuro. Orador y escritor de prosapia: quien lea su Crónica al Nevado de Toluca, puede admirar la agilidad de su prosa, la transparencia de sus vivencias, que les hace nuestras al leerlo.

Cuenta Rodolfo: Está Heredia ligado a Toluca y al Estado de México. Cinco años fue actor en nuestras lides políticas. El poeta llegó a México recomendado al presidente Guadalupe Victoria. Venía de los Estados unidos a donde había tenido que huir desde Cuba, por conspirar contra el gobierno español. No fue mucho lo que le dio nuestro primer presidente, apenas un modesto empleo de oficial quinto en la Secretaría de Relaciones. Antes de su llegada al Estado de México, como juez. Heredia tuvo una educación esmerada. De la de sus primeros años se había encargado su propio padre. Ni siquiera en sus ausencias de Cuba descuidaba los estudios de su hijo. “A José María —le recomendaba en una carta a uno de sus parientes— que estudie todos los días su lección de Lógica… como acostumbraba hacerlo conmigo todas las tardes, que repase… el Arte Poético de Horacio que le hice escribir, y de Virgilio un pedazo todos los días, y los tiempos y reglas del arte… Hablaba Heredia con fluidez y corrección el latín y el francés. A los quince años había terminado su bachillerato en Derecho,,,” El resultado de esa educación, llevó a tener en nuestro continente americano a uno de los más sabios ciudadanos de los países, que independientes de España señalaban el futuro del humanismo