Historias de familia: Humberto Infante, La Claret, El Portal de Riscos y la Toluca que no volverá

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En mi libro las Historias de Familia continúan, publicado en el año 2018, hice una entrevista a mi amigo Humberto Infante Ojeda y esto fue lo que recordó de su casa, en el Portal de Riscos, su escuela primaria, la Antonio Claret, su recorrido a la misma, la sede de la primera Sucursal del Nacional Monte de Piedad en Toluca y de la ciudad misma, la que se nos fue de las manos y que no volverá.

Humberto Infante Ojeda, originario de México, DF, nacido en 1945, llegó a Toluca la Bella en julio de 1952, por lo tanto, cuando me preguntan que de dónde eres, la respuesta inmediata es decir: de Toluca y con mucho orgullo.

Ingresó a la prestigiada escuela primaria Claret, ubicada a la mitad de la calle de Juan Aldama, entre Miguel Hidalgo y avenida Independencia, para continuar la educación primaria.

En esta escuela compartió la educación con sus compañeros que principalmente fueron: Octavio Villar, Toño Robles, Agustín Sánchez, Pepe Almudi, Agustín Montes de Oca, Gustavo Tapia, Agustín Gasca, Manuel Soto, Rafael Arias, Humberto Macedo, Antonio Valdés, Roberto Estrada, Rafa Garduño, etc.

Las profesoras de la escuela fueron las maestras Sánchez Pliego, LuchaAmparoTereElenita, así como una maestra de Inglés llamada Concepción García Montalvo a quien todos decíamos La Teacher, por las tardes.

El horario de clases era de 9:00 a 13:00 y de 15:00 a 17:00 horas, todos los alumnos acudíamos cada quien a su casa a comer y posteriormente regresar a clases (todo estaba cerca). Por cierto, al salir de ahí por la tarde, algunos acudíamos a un patio trasero de la sacristía de la iglesia de la Santa Veracruz a jugar futbol, cinco minutos antes de las siete, hora del rosario, se suspendían los partidos y nos reuníamos en la iglesia junto al órgano de la planta baja, a efectuar los cánticos del rosario, finalizado el mismo se rompía una taza y cada quien para su casa.

La casa que ocupábamos los integrantes de la familia Infante Ojeda tenía como domicilio la calle de Cinco de Febrero número 7 esquina con Aquiles Serdán, actualmente es un costado del Teatro Morelos y la calle de Nigromante.

La razón por la que la familia se instaló en Toluca fue porque a mi señor padre, que trabajaba desde los 15 años en el Nacional Monte de Piedad, le asignaron impulsar la sucursal 12b –Toluca–. Por lo tanto, ocupamos la planta alta. En la planta baja se  encontraban las oficinas, de cada tarea: empeñoalmonedacontabilidadgerencia, etc., del domicilio oficial del Monte de Piedad, casa conocida como el Portal de Riscos, con siete arcos de mampostería, piso de cantera, zaguán de madera maciza orientado frente a la puerta principal de la Parroquia, patio cuadrado y corredores, más de tres mil metros cuadrados de superficie.

Esta casa antigua databa de 1666, que más tarde en 1747, la adquiere Nicolás Sánchez Riscos y le da su nombre hasta su demolición en julio de 1962. En 1864 se hospedaron el entonces emperador Maximiliano y su esposa Carlota. según Suplemento Cultural No.657 El Sol de TolucaMargarita García Luna

Para trasladarme de mi casa, del Portal de Riscos a la escuelalo hacía caminando, siempre solo, no me iban a dejar, ni me recogían, la seguridad en esa época era maravillosa, se transitaba con toda libertad y seguridadFrente a mi casa estaba el mercado Hidalgo –demolido posteriormente–, lo cruzaba y llegaba al Portal Reforma, después tomaba hacia la izquierda el Portal Madero, luego a la izquierda también, el Portal Constitución, a mitad de la misma calle había un Pasaje (túnel) que era la terminal de los llamados Turismos México Toluca  –hoy ese espacio está ubicado por la tienda Salinas y Rocha–, dentro de la misma se ubicaban los vehículos de pasajeros, pues entonces cruzando llegaba finalmente a la escuela, mismo recorrido de regreso para ir a comer.

Los grupos de clase estaban integrados por un número limitado de alumnos  –25 por grupo– lo que permitía una mayor atención a las clases y mejor comunicación con maestros y compañeros. Principalmente nos enseñaron a estudiar  –la técnica  para hacerlo y que no se hiciera pesado–, a ser respetuosos, honrados, formales, puntuales, humildes, a trabajar en equipo, a realizar las actividades siempre bien de principio a fin y un peso fundamental a los principios de ética cristiana, principios morales y convivencia entre prójimos.

La vestimenta diaria era libre, tal como se acostumbraba en esa época; sin embargo, para las celebraciones patrióticas el uniforme de gala era pantalón gris, cinturón negro, camisa blanca sin corbata, saco azul marino con botones dorados, guantes blancos, zapatos negros de charol y calcetines blancos, bien bañados, peinados y perfumados. La principal participación era el 16 de septiembre en donde nuestras familias gozaban viéndonos desfilar, había un Capitán retirado, el Capitán José Becerril quien nos hacía practicar con mucha anticipación y hacerlo gallardamente.

Para la celebración anual del Corazón de María, asistíamos a misa de 8 am, en la Santa Veracruz, que era nuestra querida iglesia claretiana, en ella también se celebraban las Primeras Comuniones del colegio, así lo hice, siempre a primera hora para integrarse temprano a clases. En una ocasión con motivo de una boda famosa, practicamos mucho los coros de la misa, para cantar en una iglesia de Atlacomulco, luego entonces éramos un coro súper numeroso, ataviados todos con sotana roja que nos prestaron en la iglesia  –que niños cantores de Viena ni que nada–, los cónyuges impresionaron a sus invitados. En otra ocasión asistimos a una misa de cuerpo presente porque el sacerdote principal había muerto, nos formaron en columna por uno desde la puerta principal y caminamos en fila por el pasillo central hasta el altar en donde se encontraba la caja funeraria montada en un pedestal y pasamos subiendo a una pequeña escalinata para ver al difunto, en mi caso solo vi una cara amarilla como de cera de vela y nada más, no me impresioné, sólo que fue mi primer cadáver que observé. Aprendí rápido que a todos nos llega la muerte y no debe ser motivo de llanto o tristeza, vamos a una mejor vida.

Cada año, el 5 de febrero, se festejaba la calle con verbenapeleas de box, y toritos de fuegos artificiales, palo encebado, lotería, aros, etc. Actividades nunca vistas por mí y que me dejaron buenos recuerdos.

Los sábados un grupo de compañeros íbamos a jugar futbol al llamado Campito, que era un terreno de unos mil metros ubicado entre la glorieta de El Águila y la de Paseo Colón del lado derecho, poníamos dos piedras para señalar las porterías y disfrutábamos mucho del lugar, el juego y la camaradería, de aquí nuestra pasión por el Toluca, que es nuestro equipo, por cierto. Los domingos de futbol, la costumbre era asistir a misa de 8:30 de la mañana a la Santa Veracruz, primero la misa luego la diversión, terminando a tomar el camión  en La Violeta hacia La Bombonera, para llegar a la tribuna de sombra general, junto a Palcos, al preliminar y a las 12 ver saltar a la cancha a nuestros Diablos Rojos  –no se acostumbraba que salieran a calentar–.

Las principales materias que cursábamos eran básicamente Aritmética, Español, Ciencias Naturales, Historia de México y Universal, Civismo, Inglés por las tardes, así como Historia Sagrada, esta última también de muy buenos recuerdos y enseñanzas.

El recreo se acostumbraba cerca de las 12:00 del día y en ese rato que para nosotros era muy reducido, disfrutábamos de alguna fruta que mamá nos ponía en la mochila o con pocos centavos visitábamos la tienda escolar. En la mochila cargada a la espalda, tipo back pak, transportábamos los pocos libros obligatorios y que se podían comprar en la Librería Ibáñez, único centro de este tipo. Tampoco existían los libros de texto gratuitos, todo se tenía que comprar.

Los cursos se iniciaban en el mes de febrero y terminaban por octubre/noviembre, así que diciembre y enero eran vacaciones de fin de año con la magia de las Posadas, Navidad y Reyes.

Para el Día de la Madre se elaboraba un obsequio que cambiaba cada año, al igual para el Día del Padre, sólo que algo más sencillo. La escuela era para varones, tampoco se acostumbraban los grupos mixtos que enriquecen la enseñanza.

En esa época estaba en construcción la Catedral de Toluca, y se estaban levantando los cuatro grandes pilares que finalmente soportan la cúpula principal, tales columnas con base aproximadamente cuatro por cuatro metros son huecas  en el momento que relato, su altura era de 2.5 metros aproximadamente, y por tanto podíamos encaramarnos a su interior a donde alguna vez se nos ocurrió fumar un cigarrillo de tabaco y para que nadie nos viera colocamos un gran cartón en la parte alta a manera de techo estamos en sexto año imagínense que claro, a nosotros no nos veían, solo que el humo debió ser muy bien visto.

Al terminar la escuela primaria, emigramos algunos pocos a la Secundaria de la UAEM, la Universidad nos otorgaba una mayor libertad e independencia para un crecimiento integral, al ingresar nos aplicaron el exigente examen de admisión, en donde me tocó ocupar el segundo lugar de todos los aspirantes del Estado de México, solamente aceptaban 40 estudiantes.