Honestidad de poeta
Vivió una cultura de guerra directamente o porque hechos de batallas pasaron cerca de donde vivió y le contaban. De tal manera supo de quién era Benito Pablo Juárez García, pues al morir éste, ella contaba con 18 años de edad: en plena juventud vio pasar a Melchor Ocampo, Ignacio Ramírez El Nigromante, Francisco Zarco y Ponciano Arriaga, es decir supo de cerca quiénes fueron los personajes de la Reforma; en la guerra contra el Imperio, supo de Maximiliano de Habsburgo, de Carlota y del sanguinario Mejía: le tocó vivir en sus mejores años, como mujer y ciudadana las ilusiones del amor, sus desgarramientos en ello; sus ilusiones de patriota de hecho y no de dicho: que se deseaba libre, democrático y justo.
Pienso que por lo que vivió en las últimas décadas del siglo XIX, aprendió éticamente a ser una ciudadana honesta a toda prueba. Se ve por su situación de fin de vida, que nos comprueba que los mexicanos de ese tiempo, son el ejemplo más educativo de la honestidad del funcionario, pero también de los gobernantes. Ejemplo ético de comportamiento lo prueba su vida. Lo aprendió de Ignacio Ramírez, que fue ejemplo de honestidad y cordura con sus principios morales, Mujer, educadora, periodista, política, integrante de la que hoy llamamos parte de la sociedad que se desea civil, porque considera que la Ley debe ser norma y se debe respetar.
Poeta en el fondo de todas sus participaciones. Lo mismo se puso del lado de Juárez, que en la revolución supo atender sus días viendo cómo de nueva cuenta la patria donde había nacido era un campo de barbarie y de intereses aviesos venidos de todas partes; menos del pueblo que deseaba educación, trabajo, tierra y libertad. La vida de Laura Méndez de Cuenca es una existencia de tristes momentos, en lo familiar y en su profesión de educadora. Pero a pesar de todo ello su ejemplo por educarse y educar a los demás nos deja el orgullo de que es una mexiquense ejemplar en todos los aspectos de su azarosa vida.
Cuenta al final de este pequeño escrito que he realizado la investigadora Mílada Basant: Desde noviembre de 1916, Laura se había inscrito a la Escuela de Altos Estudios para tomar un curso de filología y lingüística y otros idiomas, como alemán, griego, latín, hebreo. Con sus sesenta y tres años a cuestas, la viuda de Cuenca ya era políglota, pero deseaba profundizar en sus conocimientos del idioma teutón y aprender más de aquellas lenguas vivas y muertas. Ese esmerado esfuerzo por aprender lo conservó por muchos años más: el conocimiento mantuvo encendido el sentido de su vida. Por ello, su ejemplo, es para los mexiquenses prueba de que no sólo los hombres de la Reforma fueron ejemplo de honestidad; también el valor de la mujer, en todos los aspectos de la vida social y política, comprueban la lección de vida de cómo debemos guardar las tradiciones buenas del pasado cívico y cultural, para ser modernos, y respetables ciudadanos del presente siglo XXI en que vivimos.
Laura Méndez de Cuenca, cuya vida merece mayor difusión, pues entre escritores supo imponer su inteligencia y talento: todo ello vestido de una honradez a toda prueba. La poeta, cuyos versos titulados Un grito al corazón dicen: Estalla corazón, rómpete y gime; / nada te importe lo que el mundo crea / si amar te ha visto con pasión sublime, / que tu tormento y tu llanto vea. / Le amas aún sin recordar que ha sido / él quien ha hollado tus lozanas flores, / sin recordar que sin piedad te ha herido / haciéndote sufrir estos dolores. / Aún te consagras al amor sagrado / puro y ferviente que logró inspirarte; / y ahora que te hallas de pesar rasgado / ¿No miras que aún pretende atormentarte? / ¿No ves que agrava tu incurable herida / con el veneno horrible de la ausencia, / y que te arranca sin dolor la vida / haciéndole sufrir con indolencia? / Tienes razón, adórale sufriendo, / pobre mártir de amor, sufre callando, / y aunque te mande este pesar horrendo / hasta que mueras, síguele adorando. / Sele tú siempre fiel, siempre constante, / aunque te encuentres seco, pesaroso. / Si finaliza tu existir amante / murmura un ¡te amo! Y morirás dichoso. Honestidad es lo que aprendió de la vida, de ver a los reformistas, de saber que el amor no es un abandonar al ser amado porque tienes un destino manifiesto. Sino porque la lealtad es parte de ese todo que llamado con la palabra Amor, significa amistad, fidelidad, pasión, respeto, comunicación.
Me parece en los primeros párrafos de su poema, una contestación al poema de Pablo Neruda –claro en un escenario de imaginación–, los versos del escritor chileno dicen así Farewell: I / Desde el fondo de ti, y arrodillado, / un niño triste, como yo, nos mira. / Por esa vida que arderá en sus venas / tendrían que amarrarse nuestras vidas, / Por esas manos, hijas de tus manos, / tendrían que matar las manos mías. / Por sus ojos abiertos en la tierra / veré en los tuyos lágrimas un día. / 2 / Yo no lo quiero, Amada. / Para que nada nos amarre / que no nos una nada. / Ni la palabra que aromó tu boca, / ni lo que no dijeron las palabras. / Ni la fiesta de amor que no tuvimos, / ni tus sollozos junto a la ventana… Décadas atrás, en el siglo XIX Laura escribía a su amado. Al que siempre le sería fiel, pues es muy difícil amar más de una vez, en el sentido completo de la palabra, que se resume en un para siempre. Pablo Neruda, joven, muy joven no estaba dispuesto a quedarse en su pueblo, en su tierra, pues nació para ser trotamundos. Y al leer esta confesión deja un sabor amargo de posible irresponsabilidad.
Lo interesante es que la biografía de Laura está en sus versos. Estudio particular es el de saber cuál fue a profundidad su vida política. Pues dicha actividad, parece ser que al final de su existencia hubo de sufrir en situación económica y del reconocimiento, que sí se le da en vida a Doña Leona Vicario un siglo antes: al concluir la Independencia se le entregan propiedades: tres casas en ciudad de México, apoyo en dinero y una Hacienda en la región de Ápam, estado de Hidalgo. Laura al final de su existencia terrenal ha de ser actriz en la dura realidad: obra de teatro cuyo drama es la pobreza y el abandono a su persona.
Siempre Poeta, me hace recordar a Delmira Agostini, uruguaya, quien nació en 1886, ya varias décadas después de ella. Para Laura, nacimiento en ella es destino. La soledad como mujer en ese mundo de hombres, le pone difícil su ubicación en relaciones femeninas, que tuvieran el nivel de inteligencia y talento que es destacado en ella. Al leer los versos de Delmira: Lo inefable: Yo muero extrañamente… No me mata la vida, / no me mata la Muerte, no me mata el Amor; / muero de un pensamiento mudo como una herida. / ¿No habéis sentido nunca extraño dolor / de un pensamiento inmenso que se arriesga en la vida, / devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor? / ¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida / que os abrazaba enteros y no daba fulgor…? / ¡Cumbre de los mártires…! ¡Llevar eternamente / desgarradora y árida, la trágica simiente / clavada en las entrañas como un diente feroz…! / Pero arrancarla un día en una flor que abriera / milagrosa, inviolable… ¡Ah, más grande que no fuera / tener entre las manos la cabeza de Dios!
Cito al final versos de sensible gusto, que Laura nos da en su escrito: Nieblas e Invierno, en éste, muestra sensible espíritu de poeta: En el alma la queja comprimida / y henchido corazón y pensamiento / del congojoso tedio de la vida. / Así te espero humano sufrimiento. / ¡Ay! Ni cedes, ni menguas, ni te paras: / ¡Alerta siempre y sin cesar hambriento! / Pero ¡ay! Que el corazón atribulado / tiene su invierno helado / y la alegre estación en vano espera; / que para el alma que sus duelos lloran / no hay iris, no hay aurora, / no hay celajes, no hay sol, no hay primavera. Mucho han tenido que laborar las mujeres para imponer a través de su lenguaje el camino cierto, que les permita hablar de tú a tú, con los renovadores y modernizadores de la palabra. Laura, Delmira, Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni, son ejemplo de esa batalla. Por ser en la literatura figuras de primer nivel, como lo han confirmado al paso del tiempo.

