Horizontes culturales y culturas

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Será cierto lo que en década de los setenta del siglo pasado escribía Alfonso Sánchez García, periodista, historiador, poeta, ensayista, creador de revistas, y cronista, entre otras cosas. Saber de nombres y nombres de grupos étnicos que trae su Historia del Estado de México, es obligada tarea. Pero también ese planteamiento de los llamados Horizontes Culturales. En aquellos años era necesario saber tales Horizontes al derecho y al revés. Escribe: Establecer límites precisos es sólo cuestión de sensibilidad personal. Por lo que toca a los hechos, hay un común acuerdo en que el hombre de Mesoamérica evolucionó de la siguiente manera

Acuerdo de investigadores de aquellos años pueden contrastar o reafirmar tales conocimientos; al revisar los seis tomos de: Historia General Ilustrada del Estado de México, investigación estrella de la admirable institución El Colegio Mexiquense, que nace bajo el ejemplo la institución educativa de alto nivel, El Colegio de México, la mayor institución en estudios de Ciencias Sociales del país. Por eso es que bajo este esquema es que se han regado por México con excelentes resultados en los estudios sociales bajo el influjo de toda área que sirva para ello.

Así, leyendo el libro de don Poncho, encuentro el Horizonte Primitivo o Preagrícola.— El hombre integra hordas de cazadores nómadas. Es apenas recolector y viste pieles. Vive en cuevas eventuales. No se han localizado sus manifestaciones de cultura intelectual. Es el Horizonte del Hombre de Tepexpan (que ahora sabemos que no era hombre sino mujer, al parecer), de las industrias y Chalco y San Juan. Es el Valle de México donde aparecen las culturas indígenas más relevantes y los restos arqueológicos de los últimos tiempos hablan de lugares que la revista Arqueología Mexicana, en su edición especial # 35, hace aparecer en su portada el mapa mexiquense. El Valle de México, como escribo hace aparecer nombres. 

Nombres, que debemos de estudiar, profundizar y tener como mexicanos contemporáneos sin olvidarles para nada. No nacimos en la Colonia Española, este país nació mucho antes; cito nombres: Teotihuacán, Texcoco, Tetzcotzinco, Huexotla, Chimalhuacán, Acozac, Los Reyes, Tlapacoya, por el lado oriente, un territorio tan querido por aquellos que pueblan municipios como: Tepetlaoxtoc, Texcoco, Chalco, Nezahualcóyotl, Tenango del Aire, Amecameca, Ayapango, Juchitepec, Tepetlixpa o   Temamatla, entre otros. Por el lado Tenayuca, Santa Cecilia, El Conde, tres lugares donde Tlalnepantla se expresa por dos lugares tan bellos como los escritos al principio, y Naucalpan seguramente con las ruinas arqueológicas de El Conde. Muchas muestras existen por doquier en el Valle de México, lugar de privilegio, de lágrimas y éxitos de parte de sus pobladores que se dividían en tantos grupos indígenas. Qué difícil era tenerles en paz, dirían el que como estudioso hubiese vivido aquellos tiempos. Etnias que no sólo gobernaban, peleaban y mantenían a los vencidos bajo el yugo de los tributos y la ofrenda de sus muertos para apaciguar a los dioses.

En el Horizonte Agrícola número dos del desarrollo, dice don Poncho, Aparecen la agricultura, la horticultura, primera cerámica, cría de animales. Se establecen las primeras aldeas lacustres o terrestres. Vislumbres de arte en utensilios y aditamentos. Incipiente industria textil cuidado y se nos olvidaran los nombres de cada Horizonte, cosa fácil para el jovencito estudiante que hubiera hecho su tarea. Nombres de etnias, de ruinas arqueológicas, de nombres de líderes, caciques, familias, gastronomía. Todo un macrocosmos, que en el caso de los toluqueños tiene que ver, con un solo nombre: Matlatzinca. Aleph, que lo mismo pide el estudio hacia su interior, que se expande en esa obligación de comprender que fue el Matlatzinco; ello lleva a estudiar el Valle de Toluca y más allá, el Valle de México, extendiéndose más allá hacia el norte y el sur, hacia el oriente y el occidente. Hacia todas las tierras y todos los mares. De eso habla el investigar de dónde venimos los nacidos en Toluca; de aquellos que al venir de fuera le han tomado cariño suficiente como para preguntar: ¿Cuándo nació esta ciudad hoy cercana a un millón de habitantes?

El tercer Horizonte, llamado Preclásico, dice Sánchez García: También se le puede llamar propiamente “De las Culturas Arcaicas”, porque es en esta época cuando en realidad se localizan rudimentos que pueden ser llamados culturales. Gran progreso de las técnicas y las artes, lo que hace posible las primeras concentraciones humanas. Nace la arquitectura lítica. El nombre de Pre-Clásico suele dársele porque sirve de basamento a la aparición de los grandes emporios culturales, especialmente el Maya Occidental y el Teotihuacano. El estudiante sabe que todo es asunto de nombres. Lugares, territorios, ruinas arqueológicas, nombres de líderes, de familias, de alianzas.

En el cuarto Horizonte llamado Clásico, escribe: Su denominación indica que la evolución cultural en sus emporios, llegó a tal grado de perfección local que en adelante, estas culturas servirán de maestras indiscutibles a pueblos de formación posterior y que si bien en lo político y en lo económico realizaron grandes avances, en lo cultural se concretaron a preservar la pureza de las culturas clásicas. La pregunta que nace, de qué años se trata en cada caso, siendo los Horizontes épocas en el tiempo y no sólo en el desarrollo de las técnicas y los procesos de domesticación de las plantas y los animales. 

Lo que importa en estas reflexiones es que debe enseñarnos a no ignorar nuestro pasado, que como vemos en el caso de las culturas indígenas, precolombinas, fue de miles de años y no del acercamiento a fechas como el 640 d.C., en que se dice, que los Toltecas fundan lo que se llama Toluca. O que la aparición de la etnia matlatzinca viene del 900 d.C. El quinto tiempo es el llamado Horizonte Postclásico. Escribe el cronista toluqueño que ha de ser oficializado en 1981 por el Ayuntamiento de Toluca. Aunque para su ejemplo de vida, dicho nombramiento no le fuera necesario al que había nacido para ser todo lo que arriba he expuesto en su hermosa carrera laboral y de creador admirable.

El origen de los orígenes sólo planteado a nivel del centro de México, se debe atender para comprender lo que sucede hace miles de años. Cuenta don Poncho: … sólo podemos ofrecer un dato en verdad científico y serio: el cráneo de Tepexpan de un hombre que, según el calendario atómico, vivió en la ciénega salada de Texcoco hace unos diez o doce mil años. El estudio de la historia en la vida humana tiene que ver con nombres y datos, más nombres y más datos, pero no está ahí el centro del conocimiento de la historia, sino en la capacidad de comprender lo que pudo suceder o sucedió en esos años. 

Cronista que sólo aporta datos es un estadista admirable, sobre todo si los tiene aprendidos de memoria y por todos lados los recita como lorito. El verdadero Cronista es el que se plantea preguntas una tras otra, para darles sabor y color a sus estudios. Así se hace la historia y el cronista, que quiere comprender por qué es que los hechos de una sociedad en tales circunstancias, presenta, de tal o cual forma sucesos inimaginables. No está en los datos de la delincuencia que azota al país o a Toluca en estos años terribles del siglo XXI, sólo la violencia a partir del gobierno del presidente Felipe Calderón Hinojosa, sino en la búsqueda de aquellas raíces que han traído tales consecuencias, Reitera Sánchez García: Pronto se reconstruyó con toda fidelidad la imagen de aquel remoto antepasado, el único que nos puede servir de prueba científica para hacer la afirmación que hace más de 12 mil años, ya el hombre cazaba mamuts en el Pantano de los Gigantes, suelo indiscutible de la entidad. Tepexpan, comunidad del territorio mexiquense es nombre que debemos recordar.