Importancia de un buen ambiente familiar en la infancia

Views: 707

¿Recuerdas tu niñez? ¿Fue buena o mala? ¿Crees que afecta tu vida adulta? Seguramente. Puedes ser parte del porcentaje de personas que en alguna de las preguntas anteriores responda que no, pero la infancia es una etapa importante de nuestra vida, así como la adolescencia, adultez y vejez; la cual, define gran parte de quiénes somos ahora y en quiénes podamos convertirnos más adelante.

La unidad básica más importante de la sociedad es la familia. Puede ser descrita como la primera institución educativa de una persona. Esta se caracteriza por proporcionar el primer vínculo afectivo, el apego. El cual, después se reflejará en los vínculos que se establezcan siendo mayores, como el noviazgo o las amistades, ya sea en la adolescencia o la adultez. Los vínculos familiares surgidos en esta etapa influyen en el comportamiento y la personalidad de cada individuo.

Durante nuestra infancia y niñez, comenzamos a asistir a la escuela y, precisamente, este círculo será uno de los principales afectados por el apego aprendido y desarrollado anteriormente, ya sea de manera positiva, haciendo que el infante obtenga un buen promedio de calificaciones, establezca amistades y relaciones interpersonales sanas o, de forma negativa, haciendo que el mismo obtenga bajas calificaciones, no socialice o ni siquiera manifieste interés para realizar actividades con otros niños.

Una de las mayores interrogantes de los padres radica en reflexionar cuando un ambiente familiar se considera bueno. ¿Acaso existe una especie de regulación para las actividades del niño? Por ejemplo, ¿hay una hora específica para hacer la tarea? ¿Hay una hora para comer o para jugar?

Ahora bien, hablemos en específico del ambiente familiar negativo, el cual se distingue por el constante enfrentamiento de problemas entre los padres, discusiones, falta de atención, negligencia parental, mala regulación de sus actividades, entre otras características dañinas para el niño, en las cuales también influyen los estilos de crianza, entre los que encontramos al autoritario, que limita las actividades de su hijo y es demasiado estricto; el permisivo, que no limita las actividades del niño en ninguna circunstancia y que tampoco fomenta la enseñanza de la disciplina; y el democrático, que es el más adecuado, ya que establece un equilibrio entre ser autoritario, pero también ser permisivo, dependiendo de la ocasión y del comportamiento del pequeño.

En conclusión, el núcleo familiar funciona como un medio para la adquisición de las competencias y habilidades de tipo socioemocional del niño que influirán en él y en el carácter que forme cuando crezca, como una adecuada interacción con las personas que convivan en el mismo entorno que él, el establecimiento de una relación estable, responsabilidad con su futuro empleo y, lo más importante, una autoestima adecuada.