Industrialización digital

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El proceso de adaptación, transición y transformación de la sociedad de la información y comunicación que se ha acelerado a nivel mundial a partir de las medidas de aislamiento y/o confinamiento en los hogares hace necesario evaluar el nivel de digitalización de nuestra economía que si bien ya mostraba tendencias importantes acerca de la virtualización de las actividades, no dejaba de ser una alternativa a evaluar en el mediano plazo a partir de la prospectiva de la tecnificación de los hábitos de la ciudadanía a partir de un uso generalizado de los aplicativos de un entorno digital.

Las condiciones generales parecieran haber facilitado una conexión extendida entre la población que ya se vislumbraba a partir de la década de 2010, en la que el acceso a través de teléfonos inteligentes marcaba la tendencia de lo que supondría el primer medio hacia el acceso universal a internet, que no se limitaba únicamente para actividades de recreación o esparcimiento, sino que a través de estos dispositivos, poco a poco se abría una nueva gama de posibilidades en cuanto a las actividades susceptibles a realizarse de manera remota.

Así, los factores de producción en la economía (capital, trabajo y recursos) y los agentes económicos (gobierno, empresas y consumidores/ciudadanos) mostrarían una mayor flexibilidad en sus relaciones y actividades dependiendo de los nuevos objetivos de la sociedad en conjunto, a fin de resolver el problema económico de la escasez con eficiencia, ya que a partir de la distribución óptima de los recursos en función de las actividades de las personas y sus afinidades, técnicamente resulta factible que exista una ocupación total derivada de una adecuada organización, sin embargo, para ello, también resultaría deseable la definición de una serie de bienes y productos intangibles que a su vez, se encuentren soportadas por los demás sectores productivos.

Lo anterior, sin embargo, representa sólo una construcción teórica que al día de hoy, por el nivel de tecnificación de las actividades resulta complicado proyectar, puesto que al día de hoy la influencia e impacto de las tecnologías en la vida cotidiana únicamente ha tenido un efecto transversal en los tres sectores, en la que tecnologías y algoritmos aún se encuentran en una fase temprana de implementación, que no se ha extendido lo suficiente como para dar lugar a una nueva capa de bienes y servicios eminentemente digitales.

Para ello, las tecnologías que han emergido en la última década, forman parte de un rompecabezas que pueden facilitar un nuevo entorno económico, basado en procesamientos de datos a gran escala, tales como big data, minería y gobierno de datos; automatización, a partir de inteligencia artificial y machine learning; conectividad, por conducto del internet de las cosas y appificación, transhumanismo, ciudades y edificios inteligentes; así como la infraestructura y organización de todas las cosas a partir del blockchain y los contratos inteligentes; pueden, bajo una nueva estructura tecno-social, facilitar un esquema efectivo de distribución de actividades de la sociedad en para generar riqueza con base en un nuevo enfoque en la organización de los factores de producción.

Visión que si bien pudiera parecer utópica o idealista, en los hechos, forma parte de las tendencias democratizantes y revolucionarias que facilitan las propias tecnologías, que ha logrado demostrar su impacto a partir de la economía colaborativa, en la cual, si bien se siguen identificando importantes asimetrías, así como concentración de recursos y capital, en la práctica, con los mecanismos de equilibrio que se generan en el marco de la economía, tenderán a utilizar en su totalidad a todo agente participante en nuestro entorno y en el que, si bien, las relaciones ciudadanía– ciudadanía, o consumidor – consumidor, parecerían resultar más intensas, las figuras de empresas y gobierno, se mantienen de manera persistente en el modelo a fin de que, a través de las características y potestades en el sistema, faciliten los intercambios y gestiones a través del propio ecosistema.

No obstante, al día de hoy, la clasificación de las actividades de bienes y servicios digitales todavía se encuentran muy limitadas en cuanto a su concepción y operación, y que, prácticamente se desarrollan únicamente sobre las ramas de actividades para hardware, software, infraestructura para telecomunicaciones y servicios de telecomunicaciones, en el ámbito digital, subyacen nuevos mecanismos que deben ser identificados y promovidos de manera adecuada, mismos, que empezarán a desarrollarse a través del periodo en el cual las personas cuentan con un mayor acercamiento con la tecnología y la conectividad y que bien, parcialmente y de manera incipiente, marcará actividades económicas novedosas que liderarán la transformación digital.

En los hechos, esta identificación queda lejos ya que si bien, se identifican actividades relacionadas con el internet, principalmente el comercio electrónico y desarrollo y administración de páginas web, también se observa el reconocimiento de los principales bienes digitales, como son los archivos digitales de música, videos, libros y publicaciones (entre los cuales también podríamos incluir el streaming, aunque se considera que deberían contar con su propia ramificación), comprendidos en los International Standard Classifcation of All Aconomic Activities (ISIC; revisión 4), Central Product Classification (CPC, versión 2.1), Código Standard Insdustrial Classification (SIC, ahora North American Industry Classification System, NAICS), que a su vez identificamos en la Clasificación para Actividades Económicas utilizado en nuestro país (INEGI).

Los bienes y servicios digitales, a su vez, serán susceptibles de clasificarse de mejor manera, así como de asociar un valor a sus resultados en función de las “consecuencias que la recopilación y la utilización de los datos tienen para el desarrollo y para las políticas dependen en gran medida del tipo de datos de que se trate: personales o no personales; privados o públicos; recopilados con fines comerciales o gubernamentales; facilitados voluntariamente, observados o inferidos; sensibles o no sensibles. Ha surgido una “cadena de valor de los datos” completamente nueva que incluye a las empresas que promueven la recopilación de datos; la elaboración de conocimiento a partir de los datos; y el almacenamiento, análisis y modelización de esos datos. La creación de valor surge una vez que los datos se transforman en inteligencia digital y se monetizan a través de su utilización comercial” [UNCTAD, Informe sobre la Economía Digital 2019, Naciones Unidas, ver: https://unctad.org/es/PublicationsLibrary/der2019_overview_es.pdf].

Lo cual, únicamente constituye una vertiente sobre la cual las actividades a realizar dentro del entorno digital sean susceptibles de clasificarse conforme a la gama de espacios disponibles en la economía digital, misma que conforme a lo brevemente señalado, en su oportunidad podrá dar lugar a cualquier persona. Hasta la próxima.