INTELIGENCIA ARTIFICIAL: ¿MÁS PRODUCTIVIDAD… Y MENOS COMPRADORES?
“La tecnología siempre promete liberarnos del trabajo. El detalle es: ¿de cuál trabajo y para beneficio de quién?”
Erik Brynjolfsson
PERDER GANANDO: Imaginemos un robot produciendo a triple velocidad mientras las utilidades empresariales suben y la nómina se reduce. Las bodegas se llenan, pero los consumidores tienen menos ingreso disponible, muchos trabajadores no capacitados son desplazados y se incrementa el desempleo. La economía se vuelve más eficiente, pero con menos compradores.
La Inteligencia Artificial puede convertirse en el mayor salto de productividad del siglo XXI o en el acelerador más sofisticado de desigualdad. La diferencia no la hace el algoritmo, la hacen las decisiones económicas, laborales y fiscales.
La pregunta no es si la IA eliminará empleos. La pregunta es si seremos capaces de crear mejores trabajos, distribuir mejor la productividad y sostener la demanda.
La Inteligencia Artificial está elevando la productividad en múltiples sectores al reducir costos y acelerar procesos. Daron Acemoglu advierte que el efecto dependerá del equilibrio entre automatización y creación de nuevas tareas.
Algo muy importante, la Inteligencia Artificial no es una promesa futurista ni una película de ciencia ficción, es una herramienta real que ya está elevando la productividad en múltiples sectores. Reduce costos en tareas repetitivas, acelera procesos administrativos, mejora la atención al cliente y optimiza la toma de decisiones.
Mariana Mazzucato ha señalado que el Estado debe desempeñar un papel activo en orientar la innovación hacia objetivos públicos, asegurando que el valor creado por la tecnología beneficie a la sociedad en su conjunto y no solo a unos cuantos actores privados.
El Fondo Monetario Internacional estima que alrededor del 40% del empleo mundial está expuesto a la IA, lo que implica una transformación profunda del mercado laboral.
Para evitar desempleo estructural y la consecuente caída de demanda se requiere capacitación acelerada, rediseño de puestos, distribución de ganancias, competencia efectiva y política macroeconómica contracíclica.
CONCENTRACIÓN O REDISTRIBUCIÓN: La siguiente gráfica ilustra dos escenarios posibles: uno donde la productividad se concentra y la demanda cae, y otro donde la productividad se comparte y la demanda crece.

El análisis parte del enfoque de economía de tareas desarrollado por Acemoglu y otros autores, donde la automatización puede sustituir o complementar trabajo. Se considera la relación macroeconómica básica entre productividad, salarios reales y demanda agregada.
Conceptualmente, gráfica no representa datos empíricos específicos, sino escenarios teóricos para ilustrar cómo la distribución de ganancias influye en el comportamiento de la demanda.
El marco incorpora elementos de política industrial moderna propuestos por Mariana Mazzucato, así como consideraciones de estabilidad macroeconómica señaladas por organismos multilaterales.
DE FONDO
Autores como Daron Acemoglu han advertido que el impacto de la automatización depende de si la tecnología crea nuevas tareas o simplemente sustituye trabajo existente. En su análisis sobre ‘automation vs. task creation’, señala que el equilibrio entre ambas fuerzas determinará si los salarios crecen o se estancan.
Erik Brynjolfsson, investigador del MIT, ha documentado cómo la tecnología digital puede elevar significativamente la productividad, pero advierte que sin inversión en capital humano y rediseño organizacional, los beneficios pueden concentrarse y aumentar la desigualdad.
DE FORMA
El problema no es la tecnología en sí, sino la velocidad del ajuste laboral y la distribución de las ganancias. Si la productividad aumenta pero los salarios reales se estancan, el efecto positivo puede diluirse en una caída de la demanda.
Para evitar que la IA genere desempleo estructural y falta de demanda, se requieren políticas y estrategias claras:
- Capacitación acelerada y práctica orientada a tareas específicas por sector.
- Rediseño de puestos de trabajo bajo el modelo humano más IA, no simple sustitución.
- Esquemas de participación en utilidades vinculados a ganancias de productividad.
- Políticas de competencia que eviten concentración excesiva de rentas tecnológicas.
- Política macroeconómica contracíclica que sostenga inversión y empleo en sectores intensivos en trabajo.
¿Lo saben los numerosos Secretarios de Economía de nuestras entidades federativas y el federal que renegociará el Tratado de libre comercio? Parece que no, como no saben que la productividad por hora trabajada en México es la más baja de la OCDE y aún así reducen la jornada laboral sin incrementarla.
Como advierte Acemoglu, si la automatización desplaza más tareas de las que crea, el resultado puede ser menor participación laboral y presión sobre salarios.
DEFORME
El problema no es que los robots trabajen; el problema es que los humanos pierdan el ingreso para sostener la demanda.
En un país donde 57% de la fuerza laboral vive en la informalidad, automatizar sin redistribuir no es progreso: es precarización sofisticada.
Una economía que produce más pero vende menos, o peor, que trabaja y produce menos, no es eficiente; está enferma. Japón tardó tres décadas en entenderlo. Nosotros aún celebramos la gráfica ascendente.

