Invitación a la lectura de Gilbert Simondon

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La filosofía occidental se ha caracterizado durante largo tiempo por establecer bien cuál es el proceso por el cuál las personas llegamos a ser lo que somos. Se han ensayado las más diversas y abundantes respuestas para esto durante dicho periodo, hasta la actualidad. Pero, no es hasta bien entrado el siglo pasado que nos hemos empezado a preguntar si realmente nuestra interioridad se encuentra reconocida con estas formas de explicación, si pueden representar adecuadamente, nuestra más propia individualidad. Esta es, pues, la pregunta que se empieza a hacer la pléyade filosófica francesa del 50 en adelante, y especialmente, Gilbert Simondon.

La individuación para este filósofo francés apunta a entender cómo, lo que entendemos como ser, mediante el proceso que él entiende como ontogénesis, se va transformando de una ontología tradicional a una ontología que va mudando de estructuras, por las cuales nosotros pasamos eventualmente, y que nos permiten individuarnos o no. A él no le interesa entender a los sujetos individuados en su forma más concreta y a partir de ahí aprehender las condiciones del ser, ¡de ninguna manera! Sino entender las estructuras previas por las que estos van pasando para lograr este proceso.

El problema, ahora, pasa a ser cómo cada sujeto va haciéndose al pasar por las estructuras ontológicas que pone la dimensión colectiva del ser, porque es ahí donde ya no se forma, sino que le impactan, formando su interioridad a partir de su percepción. Lo más interesante de esto, por lejos, es el hecho de que la manera de explicar lo que llegamos a ser deja de ser fija para volverse un campo de relaciones, con concretizaciones, balances y asentamientos de estructuras que se van fijando en el psiquismo de los individuos y de la sociedad misma. 

Todos estos asuntos, como reza el encabezado de esta semana, se encuentran en la lectura de este fecundo autor francés. Y más concretamente, en los títulos La individuación a la luz de las nociones de forma e información, y en su texto cumbre El modo de existencia de los objetos técnicos, donde aplica estas nociones al fenómeno tecnológico, haciendo un verdadero derroche de calidad filosófica. Acercarse a él, constituye, en suma, una forma novedosa y más personal de entendernos a nosotros mismos cuando sentimos que las nociones que dictan lo que el humano es, nos quedan chicas o no nos sentimos reconocidas en ellas. Simondon, en suma, nos enseña a mirar estructuras ontológicas que habitan entre nosotros y también dentro de nosotros, y ya no obligarnos a adecuar nuestra interioridad a una serie de estructuras del ser desconectadas de la realidad o circunstancia en las que estamos insertos. La individuación, dice a lo largo de todo el libro, sí que tiene un principio, pero en un sentido de inicio, de comienzo de la misma, no en el de atributo fundamental que se hace presente en toda ella.