Invitación a la lectura de “La misión de Sigmund Freud”, de Erich Fromm

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La misión de Sigmund Freud, es un texto clásico dentro de la bibliografía psicoanalítica que podríamos considerar introductoria a esta rama del quehacer psicológico, o a esta tradición, como se la quiera mirar. Allí, Erich Fromm, más allá de qué tan de acuerdo se pueda estar con su reinterpretación del pensamiento Freudiano orientado hacia la política a través del marxismo, hace, ciertamente, algo de valor: deconstruye la estructura mental del personaje a la luz de sus propias ideas, para entender, de mejor forma, por qué terminaron teniendo aquella forma y dirección concretas. El asunto, ciertamente tedioso para un lector ajeno al psicoanálisis; sin embargo, está abordado con una claridad y una amabilidad para con el lector ciertamente envidiables. 

Fromm, para cuando escribe el libro, tiene ciertamente claro que sobre la figura de Freud ya han corrido ríos de tinta entre la alabanza y el vilipendio más visceral. No pretende ni defenderlo ni criticarlo, sino ofrecer al lector de forma perspicua los hechos de su vida personal que mejor sirven para entender no sólo el nacimiento del psicoanálisis sino su espíritu, cosa muy importante. Fromm no duda en criticar las biografías idolátricas del astro vienés y mucho menos de defenderlo de las críticas de los más vulgares positivistas. Él, esta allí, para ejercer la más legítima forma de admiración: la crítica. 

Y es que, la figura del padre del psicoanálisis es una de las más complicadas de abordar sin arreglo a caprichos del S. XX. No llega, claro está, a la complejidad de algunas como Karl Marx o Wittgenstein, por referirnos nada más a grandes filósofos, pero, siempre hay algo en Freud que lo hace difícil: pensarlo como un antes y un después en la manera en que pensamos ya no solo la psique humana, sino como pensamos al hombre como tal. Lo que sucede con él en nuestro entendimiento del hombre es similar a lo que sucede con Kant en la época moderna o con los teólogos de la liberación en el S. XX. Es decir, un giro, una regresión total de nuestra forma de mirar al otro. 

Superada esta dificultad, y alejados de nuestra necesidad histérica por encontrar evidencias fiables para mirar con objetividad la mente humana, es que podemos empezar a pensar en comprender lo enorme de su obra. Que es lo que quiere sostener aquí Fromm en cierto sentido. Pero, sucede que el punto, se ha intentado explicar de mil y un formas a sus más voraces críticos y ciertamente el resultado ha sido nulo. Con los refutadores profesionales de autores lo único que se puede hacer es mostrarles lo estéril de su escepticismo autorrefutativo, si nuestras armas argumentativas se quedan en la barrera de su simplicidad. Y si tuviera que dar una sola razón por la que leer este fantástico, breve, y amable texto a alguien que quisiera introducirse al psicoanálisis sea para confirmar su aversión a él o para conocer sus fascinantes caminos, diría que Fromm, aquí, consiguió hacer esto tan importante: hacer clara lo serísimo del trabajo freudiano para cambiar la mirada tan torpe que hasta antes de él se tenía sobre el alma humana, relatando la vida cotidiana de un hombre más, de un hombre de a pie.