JAIME TORRES BODET

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Jaime Torres Bodet / 12 mensajes educativos, México 1960; es un libro en el que leo en el colofón: Se imprimió este libro en la ciudad de México bajo la supervisión del maestro José Ávila Garibay en los talleres de la Dirección General de la Dirección General de Alfabetización y Educación Extraescolar, es decir un texto histórico, pues las palabras corresponden sin duda alguna a uno de los más brillantes secretarios de Educación Pública en México en los 200 años que llevamos de vida independiente. Si José Vasconcelos fue el despertar de la educación en el siglo XX al realizar sus acciones que se han convertido en leyenda viva. En el caso de Jaime Torres Bodet es llegar a la consolidación después de más de 150 años de luchas por alcanzar un sistema educativo homogéneo y que diera identidad a la enseñanza mexicana: ese papel le toca a él y con ello comprueba que es uno de los pedagogos más brillantes de toda nuestra historia educativa.

El responsable de la edición de los 12 discursos de Torres Bodet dice en sus palabras de introducción: Los discursos del C. secretario de Educación Pública, por la doctrina pedagógica que sustentan y por su alto valor patriótico, son de vital importancia para todos los maestros del país, quienes siempre encontrarán en ellos una orientación, un consejo y un estímulo que les hará sentirse orgullosos de su profesión, y continuar con más ahínco y perseverancia su noble labor educativa”. Me pregunto cuándo se perdió esa mística por la labor del magisterio. Es decir, por qué no existe más ese espíritu de sentir que se tiene en las manos una tarea moral y ética, de sentido pedagógico que hace sentir la responsabilidad de educar al Otro o a los Otros en el rostro de la infancia, en la faz del adolescente en la cara de los jóvenes que el día de mañana —muy pronto—, han de tener responsabilidades con su sociedad en todos los niveles.

El educador en tiempos de José Vasconcelos y de Narciso Bassols Batalla fue el rostro derivado de la Revolución de 1910, que entendía su responsabilidad ante la tremada realidad con más del 85 por ciento de analfabetas que había en el país afrancesado de la dictadura porfirista. De ahí que los participantes en las Casas del Pueblo o las Misiones Culturales tuvieran ejemplos señeros que llevó a los pueblos a idealizar al Profesor o al Maestro al compararlo en su fuerza moral con los curas del pueblo o con los médicos en zonas rurales y en pueblos de presencia campesina: eran la mayoría en décadas al inicio del siglo XX. Tiempos heroicos en los cuales brilla el educador Rafael Ramírez y, su interés por una pedagogía para los campesinos. Al profesor de pueblo le tocó en el gobierno del general Plutarco Elías Calles, La Cristiada una época oscura y aciaga de nuestra historia llevó a una guerra civil derivada de la locura ideológica y religiosa que a todos hizo mal. La muerte de profesores en esa guerra fue frecuente. Pues el docente representaba en esos momentos la presencia de la ciencia sobre el fanatismo religioso que se expresó en la frase ¡Viva Cristo Rey!. Desde el paso de José Vasconcelos, legendario, vuelvo a repetir, que al crear la Secretaría de Educación en México puso los tabiques de un sistema educativo, el cual a mitad del siglo XX representaba en América Latina uno de los más importantes, junto con Argentina y Brasil.

Duros años del 1920 a 1934, después vienen los años en que se intenta en el gobierno del general Lázaro Cárdenas, por traer a las aulas una educación socialista a la mexicana. El estudio de nuestra vida en la enseñanza-aprendizaje es motivo pues, de estudios por etapas que comprueban la riqueza de acciones que hubo por llevar la enseñanza a las masas, en este país que cada vez crecía más y más en el terreno de la demografía. Así que cuando llega el tiempo del gobierno educador y de gran cultura, como se puede definir el tiempo de gobierno del Licenciado Adolfo López Mateos. Una mancuerna ejemplar la del presidente y la de su secretario de Educación, en huellas dejan al paso del sexenio pruebas de un pedagogo en educación y cultura, que han de traer beneficios a todos los sectores del país. En ese sentido, es que debemos de comprender el papel de Jaime Torres Bodet, mexicano universal y personaje del mundo que da prueba de su grandeza en sus memorias que publica el Fondo de Cultura Económica.

Tiempos heroicos y admirables en el sexenio de López Mateos, por ello mucho recordar algunas instituciones, como la participante en la edición del libro. Dice José Ávila Garibay: Con motivo de la reunión de jefes de Misión Cultural, la Dirección General de Alfabetización y Educación Extraescolar se complace en publicar, para los maestros misioneros, doce de los importantes mensajes que el C. secretario de Educación se ha servido pronunciar, con diversos motivos, durante los últimos dos años. Quienes fuimos profesores en zonas rurales recordamos en aquellos años a educadores que participaban en el proyecto educativo y cultural llamados Misiones Culturales. Proyecto, que como vemos tenía en nuestro país larga vida de educación —bien puedo decir— de sacrificio; por educar e impartir cariño y afecto por las artes de México y del mundo. El primer discurso del ejemplar pedagogo, funcionario federal e intelectual mexicano es dicho en la Escuela Nacional de Maestros, ciudad de México el 6 de febrero de 1959. Apenas entrado el gobierno de Adolfo López Mateos, pues su sexenio abarcó del 1 de diciembre de 1958 al 30 de noviembre de 1964. El discurso de Jaime Torres Bodet dice: A los alumnos en la inauguración de cursos / Nada debería ser tan solemne como el minuto en que un padre confía su hijo a la capacidad de un educador. Le entrega, en ese acto que parece a menudo trivial, lo más vulnerable de su persona: esa parte íntima de sí mismo, y de su familia, destinada a llegar a ser el futuro de su país. Comprenderéis que todos nos preguntamos, cada vez que charlamos con un grupo de jóvenes normalistas: ¿Serán dignos del magisterio? ¿Qué verterán en el alma de sus alumnos?. El verdadero pedagogo, alejado del sofista que dice educar, y lo hace con falacias y cobra mezquinamente por ello. El pedagogo respetuoso se debe preguntar: ¿Para qué educar? ¿cómo debo de educar? ¿cuándo debo educar? ¿soy ajeno a métodos y procesos de didáctica? ¿quién me da derecho a educar? ¿existe autoridad para educar, por el sólo hecho de recibir un certificado declarándome docente? Tantas preguntas alrededor de la pedagogía, eso lo sabía el poeta y prosista genial que fue Torres Bodet. El nacimiento de la pedagogía viene por el camino de la filosofía, ciencia de ciencias, que pone todo en duda. Al plantearse un docente si cumple con el papel del buen pedagogo, debe por lo mismo preguntarse antes de entrar a las aulas.

Decidir por fin, su deseo de educar al Otro, a los Otros: niños, adolescentes y jóvenes, que llegan a las escuelas con el deseo de aprender buenas cosas, cosas que sean verdaderas o que busquen la verdad. Si existe fracaso en la actual educación mexicana es porque educadores, padres de familia, administradores escolares han olvidado hacerse preguntas sobre el proceso educativo; al olvidar las cuestiones que son base de la buena educación, olvidan que en este proceso participa la filosofía con sus preguntas; igual la ética y la moral de aquellos que participan de la comunidad escolar. Educarse unos a otros, como dice el brasileño Paulo Freire, al comprender ello, nos damos cuenta que no hay respeto al docente, ni a varios de los participantes en la comunidad escolar, por lo cual, reglas como las de la disciplina, que son fundamentales en la didáctica escolar, terminan derrumbando todo esfuerzo material, económico, social y educativo. No nos extrañe al tergiversar términos de didáctica en escuelas mexicanas que estas sean sólo un fraude masivo por el país que sufren infantes, adolescentes y jóvenes. El inicio de la pedagogía y del buen pedagogo parte de preguntarse una y otra vez sobre el fenómeno humano de la educación y el cómo educar para bien de las siguientes generaciones y de la patria que nos cobija. Por eso dice Torres Bodet: Esas preguntas han de constituir, para todos vosotros, un nuevo estímulo. No existe funcionario o pedagogo verdadero en la educación, si no se pregunta cien o más veces quién le autoriza para dar enseñanza al Otro.