Jorge Bacacorzo en su centenario: Lecciones de crítica y poesía
El poeta Jorge Bacacorzo (Arequipa, 27 de mayo de 1925-Lima, 7 de junio de 2006), primer premio en el Concurso Latinoamericano de Tucumán (Argentina, 1946), primer premio Sur Peruano de Literatura (Perú, 1963), segundo premio Sur Peruano de Poesía (Perú, 1963), segundo premio Sur Peruano de Cuento (Perú, 1963) y ya post mortem, ganador de los Estímulos Económicos para la Cultura del Ministerio de Cultura (Perú, 2021) llega al centenario de su natalicio, a un mes de que su hermano menor, el también escritor y poeta, Xavier Bacacorzo (1930-2025) falleciera.
Bacacorzo desde muy joven organizó grupos culturales que devinieron en movimientos influyentes como la Unión de Escritores y Artistas César Vallejo (1946) de la cual fue presidente, el Teatro Experimental (1947), del que fue director y el movimiento Avanzada Sur (1950) del cual fue coordinador general, esta última organización a decir del profesor Xavier Bacacorzo (1991) fue: la primavera cultural vanguardista de la generación arequipeña del 50, por su fecunda producción literaria y artística, enfoque crítico, al tiempo que sensible a los acaeceres histórico-sociales (p. 23), de Avanzada Sur diría el famoso abogado arequipeño Francisco Mostajo (1874-1953): Avanzada Sur: He aquí una bandera revolucionaria en el arte, más que las desplegadas hasta hoy (2022, p. 12). No obstante, la historiografía literaria oficial en el Perú continúa ignorando los aportes de Avanzada Sur, por ejemplo, en el libro del año 2022 de Mario Rommel Arce Espinoza, titulado La República de las Letras en Arequipa. El diálogo de los intelectuales entre los siglos XIX y XXI y que pretende ser una historia crítica de los movimientos literarios en Arequipa republicana, en el acápite 12 nombrado Avanzada Sur y que tiene más de dos páginas de extensión, únicamente se refiere al movimiento en las primeras tres líneas, reconoce el liderazgo de Jorge Bacacorzo, pero señala que Avanzada Sur y el grupo Abemur, proclamaban ser de vanguardia (p. 183). Avanzada Sur fue de vanguardia en la práctica no en los decires y eso lo reconoció el mismo Mostajo, respetado intelectual y político honesto.
Bacacorzo participa activamente en el proceso insurreccional en Arequipa en 1950 contra la dictadura de Odría, proceso que lo conduce a la prisión de El Sexto en Lima. Es ahí que escribe su más célebre obra: Las eras de junio (1962), dedicada a los sucesos trágicos de junio del 50.
En 1958 es elegido presidente de la Asociación de Críticos de Teatro-ACRITÉ (1958), luego secretario de exteriores y actas de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas-ANEA para el periodo 1966-1968, siendo presidente de la asociación el laureado escritor Ciro Alegría (1909-1967), más tarde secretario general de la misma institución (1986-1988) durante la presidencia del célebre lingüista y escritor Luis Hernán Ramírez y luego su presidente (1988-1990).
Se dedicó a la docencia durante casi medio siglo y al periodismo con diversas contribuciones en diferentes medios de prensa, destacando su columna Crítica de libros en el diario La Crónica.
Es de esta etapa que se reseñará algunas de sus opiniones sobre el ejercicio poético manifestadas en diversas críticas literarias y artísticas y se contrastarán con las opiniones de quiénes fueron sus críticos. Se verá entonces que en su obra no existió el divorcio entre lo que exigía de una obra artística y lo que brindaba en la propia.
Refiriéndose al poeta y al lenguaje poético dice Bacacorzo:
El sujeto de la poesía (la poesía desde luego existe por los poetas) es el poeta, y el instrumento del poeta es el lenguaje en primera instancia, lenguaje que también es instrumento del hombre corriente. Pero la diferencia se establece (y no caigo en la tontería de exigir un ‘vocabulario’ poético) a partir del momento en que el hombre sintiéndose poeta ─es decir vidente, interprete, sutil caja de resonancias─ otorga sin esoterismos o galimatías, valores diferentes a las palabras, por la jerarquía que busca. (La Crónica, 9 de diciembre de 1956, p. 6.)
Propone aquí al poeta como un filtro entre lo que ve, intuye, observa, pero no un filtro demasiado absorbente ni sintético. Y el lenguaje debe ser poético, pero no usar un vocabulario poético, en clara crítica a los rezagos del modernismo en la poesía de su época.
En otro texto crítico, dice:
Recordemos aquí y no inútilmente ─sobre todo para los jóvenes poetas─ que la forma debe estar determinada por el fondo. Su división por inmadurez, o por capricho propicia el pastiche. Solo cuando se ha logrado dominar el lenguaje usual y conocer sus más íntimas analogías y antinomias y se aprehendido la función de este lenguaje, cuando se le hace operar funcionalmente como lenguaje poético (esto no significa que sigamos creyendo en las voces ‘especiales’ para la poesía, pues casi todas pueden cometer belleza en mano de un creador auténtico) y se ha vencido más o menos, el distanciamiento entre lo que se siente, piensa o idea y lo que se consigue manifestar mediante la obra poética, es cuando se está en la posesión de madurez necesaria, para reorganizar la jerarquía de materiales lingüísticos y trasmutar hasta donde no asome el galimatías, los valores usuales de la sintaxis, la concordancia, la fonética y todos los aspectos lógicos del lenguaje, siempre con un fin que esté justificado por la fuerza conceptiva y creadora del poeta, que habiendo rebasado los cánones comunes u ortodoxos, necesita premunirse de un modo de expresión, que responda a un modo propio de sentir e inteligir. (La Crónica, 19 de agosto de 1956, p. 7).
Es decir, el mensaje poético debe saber qué herramientas usar para convertirse en poesía, no debe ser recargado ni artificial. Tampoco existen predestinados para el ejercicio poético ni voces de élite, la belleza puede florecer en cualquier parte, explica.
El periodista Miguel de Priego (1983), refiriéndose a la obra de Bacacorzo, específicamente a su poemario Las botellas rojas (1983) dice: El poeta ha encontrado, para trasmitirnos su mensaje, un lenguaje lleno de sabiduría, no de erudición. Se reconoce en él a un dominador del oficio, dueño de arte y enemigo de artimañas. La pura forma de antigua estirpe reverdece con naturalidad en formas nuevas, ausentes de musiquita y de linduras, plenas de ritmo, que no olvidaron sus raíces. (p.10). Es decir, Bacacorzo elude la erudición afectada y la melopeya excesiva, tal cual aconsejaba en sus textos críticos.
Añade:
Parece que lograr ser sencillo, evitar la carga de metáforas e imágenes y disquisiciones intelectuales es lo primero que se debe aprender en poesía. Para esto hay que cuidar la sobriedad de expresión, escoger las palabras fundamentales que necesiten muletillas: tal los adjetivos que ahogan cuando no son vitales. (La Crónica, 19 de agosto de 1956, p. 7.).
La sencillez expresiva como característica fundamental del lenguaje poético lo acercó a los llamados poetas sociales de su generación, aunque él nunca aceptó la división que los poetas puros pretendían de los tópicos sociales. Pero esa sencillez no está libre de hondura, de ninguna manera.
Escribiendo sobre cómo la aparición del amor despierta la imaginación en Bacacorzo, el poeta y crítico Washington Delgado (1981) dice que: la ausencia [del amor] presta a la poesía de Jorge Bacacorzo, además del brillo verbal, de la ardiente pasión imaginativa, un peso intelectual y reflexivo. Es decir, los sentimientos de amor y desamor, profundos, pero no por ello ausentes de la cotidianidad, existiendo o no en unidad dialéctica generaban en el lenguaje poético de Bacacorzo cambios sutiles que sirvieron para decir cosas distintas y de fuerza diferente sobre una misma temática.
Sobre el libro Los umbrales, Soto Merino (1984) señala:
El poeta Jorge Bacacorzo nos conduce a Los umbrales de esa región intermedia, donde tiene presencia lo metafísico: en el claroscuro, en ‘pasos que no vienen ni van’, en el sonido del aire. O donde el deseo de un amor lejano toma cuerpo de mujer y exhala erotismo, como el de algunos poemas del libro. La intensa poesía de Los umbrales revela hechos cotidianos −que a veces el azar descubre− hasta hoy inexplicables y que, sin embargo, no dejan de tener asidero real.
Esa cotidianidad de lo misterioso, de lo inasible, que está presente en el poemario Los umbrales, donde el poeta social demuestra que todos los temas son sociales, no requirió de un vocabulario poético sino de la adecuación del lenguaje poético al tema, al motivo, la forma como herramienta.
Bacacorzo fue profesor de diversas materias, pero especialmente de Literatura, en uno de sus textos críticos a los libros de formación literaria, opinó:
En lo que se refiere a los textos de Literatura, que son a los que quiero referirme, la cuestión asume caracteres gravísimos. A esta disciplina se le suele confundir con recetario gastronómico o guía telefónica. Aquí el desfile de figurones en detrimento de las figuras es espantoso y el amor al anacronismo y al retoricismo es vandálico. Y nada hay que decir de las estimativas críticas. La mayoría de textos carecen de estimativas ambientales dictadas por una visión de actualidad; solo los autores se atienen a la repetición de la cosa ‘oleada y sacramentada’ o al desfile de sujetos momificados injustificadamente desenfardelados y puestos en exhibición, so capa del valor permanente o del vitalismo de una discutible tradición. No se revalorizan criterios, ni se coordenan las obras estudiadas con los descubrimientos de que nos habla la moderna teoría literaria. (La Crónica, 27 de enero de 1957, p. 5.).
En estas opiniones se entiende su censura a los personajes inamovibles de la historia de la literatura en detrimento de otras voces, lo que está criticando es el canon de las literaturas peruana y mundial. Y también una equivocada forma de comprender la tradición. Se podría argumentar que Bacacorzo al escribir poesía en base a la tradición del yaraví arequipeño desarrollo la tradición, es cierto, pero no de la forma que criticara. Sobre esta obra El libro del yaraví, ─último en publicar en vida por Bacacorzo─, dice Cornejo Polar (1989): Jorge Bacacorzo está en la encrucijada de la originalidad y de la tradición. Pero concretamente, impertinentemente ¿cómo evaluar este juego de fuerzas; dónde la nota personal, dónde el acorde colectivo? Esta es la cuestión básica. (p. 11). Y se lee en el mismo texto: Es el viejo dilema de la originalidad y la tradición. De pretender ser uno en absoluto o de ser uno en el tiempo y en la ruta de los semejantes. Y Bacacorzo ha conseguido -difícil logro- ser uno y ser pueblo, ser original y ser tradicional a la par, en la armonía inestable del ‘aquí y ahora’ y de la historia” (pp. 10-11).
Se entiende entonces, que tanto el poeta como su crítico, estuvieron de acuerdo en que la tradición se revitaliza con el aporte individual y colectivo y no únicamente con su repetición permanente, que es lo que el poeta critica, si se entiende esta repetición como norma, como obligada regla estética.
Dice en el prólogo a Las eras de junio, el artista plástico y político De la Riva (1962):
El acercamiento vital, intrínseco del poeta a su pueblo, así como su fundamental expresión: el yaraví milenario, modalidad que ha sabido reanimar y a la que aporta un elemento nuevo que la robustece: la tónica revolucionaria, al decir del mismo poeta, han hecho posible esta poesía nacional por excelencia, dentro de lo universal de sus propósitos (p. 7).
Esa revitalización de la tradición en Bacacorzo, en el caso de Las eras de junio (1962) y El libro del yaraví (1989) específicamente, se da en su apuesta política por un Perú justo, colectivo, solidario.
El reconocido poeta Alberto Hidalgo (1897-1967) dijo en 1950 que: Jorge Bacacorzo tiene una voz propia, jamás oída en las antologías, aunque sacadas del subsuelo peruano y el intelectual Ernesto More (1897-1980) apuntó en 1956 que: Bacacorzo nos da una poesía trémula e inquietante en la que se escucha el latido del pueblo del que se ha nacido (…) De naturaleza nerviosa, de espíritu inconforme, de afinado sentido de la justicia, Bacacorzo, si no se separa del pueblo, si se une a él con más fuerza, está llamado a ser uno de los intérpretes poéticos más calificados del alma peruana en su misión universal.
Como se observa, Jorge Bacacorzo fue un creador poético, portador de un nuevo lenguaje literario, pero también fue un actor político comprometido con las causas populares de su tiempo, que además ejerció la docencia y la crítica. En este último tema es importante entender que su docencia fue crítica y su crítica fue un ejercicio poderoso y coherente de pedagogía creativa y estética.
Referencias bibliográficas
Arce Espinoza, M. R. (2022). La República de las Letras en Arequipa. El diálogo de los intelectuales entre los siglos XIX y XXI. Fondo Editorial de la Universidad Católica de Santa María.
Diaz Zubiaurre, F. (1925-2021). Archivo Bacacorzo.
Bacacorzo, J. (1962). Las eras de junio. Editorial Palabra y fuego.
Bacacorzo, J. (1981). Las viñas azules. Editorial Argos.
Bacacorzo, J. (1983). Las botellas rojas. Editorial Lira Popular.
Bacacorzo, J. (1984). Los umbrales. Lluvia editores.
Bacacorzo, J. (1989). El libro del yaraví. Editorial Argos.
Bacacorzo, J. (2022). Las eras de junio. Gato Viejo Editores.
Bacacorzo, X. (1991). Apuntes para una biografía de Avanzada Sur. Editorial Palabra y fuego.

