José María Arguedas y su nuevo lenguaje literario y político a partir de la novela Los ríos profundos (1958)
El notable escritor indigenista Ciro Alegría (1909-1967) escribió: Y volviendo a Arguedas, la obra suya que prefiero es Los ríos profundos. Esta frase se encuentra publicada en un breve texto compilado por su viuda Dora Varona (1932-2018) para su publicación en 1980. En aquel escrito explica en apretadas líneas varias cosas: la inutilidad de hacerlos competir a José María Arguedas (1911-1969) y a él, el objetivo de construir país que pueblan los textos de ambos y la diferencia entre el carácter del indio que trabajaba literariamente Arguedas y el suyo. Sobre el indio de Arguedas señaló que era más silencioso y más lírico (1980, p. 169).
Estas cualidades tan sucintamente expuestas por Alegría están presentes en el personaje arguediano de Ernesto, el adolescente tierno y maduro, soñador y al mismo tiempo responsable. A través de su silencio o introversión y de su poética al pensar y al hablar se nos presenta una particular mirada del poblador indígena de la sierra central del Perú, región andina en donde más cerradamente fue rechazada la colonización cultural hispánica e incluso la marginación republicana.
Este lirismo de lo silente le otorga a Arguedas la capacidad de hacer pensar al lector por cuenta propia más que en otros estilos narrativos tanto de él mismo (porque además esta característica del decir sin decir está presente en toda su obra) como de otros autores y épocas. Y esta condición convierte a Los ríos profundos (1958) en una novela interlocutora y a Arguedas en un canal de trasmisión, en un puente entre lo que era el Perú andino en aquella época y lo Arguedas quería que fuera en el futuro. En el notable escritor no hay pinceladas lanzadas al acaso cuando de crítica social se trata. El yo de Ernesto, que guía al lector por toda la obra, presenta pareceres, inquietudes, alegrías y tristezas, pero principalmente la búsqueda de un niño por hacerse hombre envuelto en la aventura de una colectividad por convertirse en país.
Este complejo mundo presenta diversos escenarios de conflicto social, las diferencias sociales y culturales entre los condiscípulos de Ernesto en el internado en Abancay, la protesta de las chicheras, la peste, etc., en donde el personaje colectivo es actor y director, sin embargo ─siempre en lenguaje cinematográfico─, el productor es el personaje individual: Ernesto. Él es quien se encarga de la dotación de roles y de sus justas proporciones. La dialéctica individuo–sociedad se aprecia como nunca en esta novela de Arguedas. Tal vez en algo se le parezca su novela más breve: Diamantes y pedernales (1954). Las otras novelas siempre tienen esa confusa mezcla de personalidades complejas, y a propósito poco delimitadas unas con otras, lo que les da apariencia a los personajes de etéreos o cambiantes.
Los ríos profundos (1958) es la tercera novela de Arguedas según algunos autores. Considerando la segunda a Diamantes y pedernales (1954), nouvelle o novela corta debido a su estructura. Por lo tanto, estaría ubicada entre esta y la cuarta, El Sexto (1961), siendo la primera Yawar Fiesta (1941). Todas las sangres (1964) sería la quinta. La sexta y última, El zorro de arriba y el zorro de abajo (publicada recién en 1971, pero escrita entre 1968 y 1969). Para Rowe (1979): “En Los ríos profundos, el estilo de Arguedas llega a la madurez. Es un instrumento flexible, capaz de trasmitir diferentes tipos de realidad (p. 113). Martos (1991) en Pérez, Garayar y Forgues opinará de forma similar: Los ríos profundos (1958) es la novela clave en la producción de José María Arguedas, aquella en la que alcanza su madurez (p. 157). Esto quiere decir que esta novela abre un nuevo derrotero para el escritor apurimeño que lo llevará a plantear necesariamente un renovado enfoque estético/político.
Entre la primera edición de Los ríos profundos y la redacción del capítulo I de El zorro de arriba y el zorro de abajo (abril y junio de 1968), hay una década, en la que Arguedas tendrá que debatir una y otra vez para defender no únicamente su obra, sino su forma de crear literatura y los objetivos y sentimientos que mantienen viva su vocación. Al finalizar este periodo se suicidará, iniciando otro gran debate sobre la cultura peruana. Un año antes del triste suceso Núñez (1968) apuntaba: Ha sido necesario, por lo demás el transcurso de un siglo para que se haya operado una revaloración de lo popular y para que lo indígena y mestizo recobre un aliento auténtico en las versiones de José María Arguedas (p. 57).
Ese camino nuevo que Arguedas halla y que lo lleva a querer no solo explicar al Perú en su diversidad (El zorro…), sino a ansiar y plantear una solución para la trágica situación social del indígena (Todas las sangres), se inicia con Los ríos profundos. En cierta forma la relación entre el personaje revolucionario de Demetrio Rendón Willca y los comuneros y mineros en Todas las sangres, así como el trato entre Diego y los pescadores en El zorro de arriba y el zorro de abajo, se encuentran prefijados por la observancia y por la crónica del niño Ernesto sobre el colectivo de su historia. A partir de Los ríos profundos, el personaje individual se hará revolucionario, es decir pasará a querer influenciar transformadoramente al colectivo. Es bueno recordar que tanto Todas las sangres como El zorro… crecen al calor de polémicas muy fuertes. El año 1965 la novela Todas las sangres sufre una suerte de autopsia por un grupo de intelectuales criollos en su mayoría, en la ya famosa mesa redonda. La obra es señalada de todo aquello que no era: retardataria, chauvinista, esquemática, de preferencias feudales, etc. Y en 1968 en plena redacción de El zorro…, Arguedas enfrentará polémicamente a Julio Cortázar sobre la mejor forma de conocer lo propio, lo regional, lo nacional, respecto al carácter identitario de la novela desde la perspectiva del escritor. Cortázar apostaba por el autoexilio, fuente de inspiración y de supuesta visión objetiva dese la lejanía. Arguedas en cambio, se reafirmaba en la vivencia de lo propio, en el uso de la subjetividad como motor creativo y experiencia objetiva. Y es importante recordar también que El zorro… no es una novela cualquiera, es la compleja respuesta a sus dolencias psíquicas y a la crítica que le negó a Todas las sangres el poseer un carácter sociológico original y la proyección de una nueva estética y de una nueva sociedad.
Estas propuestas se hallan principalmente en dos de sus seis novelas (las dos últimas), pero aparecen en ciernes, aún no con expresión colectiva definida en Los ríos profundos a través del personaje de Ernesto. Esta novela parte en dos la creación literaria de Arguedas, pues a partir de ella, esta romperá ─como opinó en la mesa redonda de 1965, Escobar─ la construcción lineal del ambiente, personaje, problema y solución (Rochabrún, 2000, p. 36). Por ello Cornejo Polar (1996) sostiene que: En Los ríos profundos culmina una de las vertientes de la obra de José María Arguedas (…) En ella reside su espléndida capacidad de iluminación del lado íntimo del universo quechua, y del hombre que se sumergió en él, pero también, a la par, de allí derivan conflictos graves frente a la realidad y a su curso histórico (p. 17). La exploración de la intimidad dejará paso al desarrollo de la idea colectiva, yendo además Arguedas, de lo particular a lo general, creando un camino al mismo tiempo literario y político, para que sirviera ─como dijera Escobar (1989)─ para entender la literatura como contribución y responsabilidad (p. 100). Con Los ríos profundos se inicia un nuevo lenguaje en José María Arguedas, tanto en el aspecto lingüístico como en el social y político, en donde el silencio se transforma en desgarrador grito de protesta y el lirismo en declarada poética de la transformación.
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Referencias bibliográficas
Alegría, C. (1980). Mucha suerte con harto palo. Memorias. Tomo II. Editorial La Oveja Negra. Pág. 170.
Arguedas, J. M. (2023). Los ríos profundos (Edición conmemorativa). RAE, Alfaguara.
Cornejo Polar, A. (1996). Estudio Preliminar. En: Arguedas, J. M. Antología Comentada. Biblioteca Nacional del Perú. Pág. 17.
Escobar, A. (1989). El imaginario nacional. Moro – Westphalen – Arguedas. Una formación literaria. IEP. Pág. 100.
Martos, M. (1991). Naturaleza y lirismo en Los ríos profundos. En: Pérez, H., Garayar, C. y Forgues, R. (Editores). José María Arguedas. Vida y obra. Amaru Editores. Pág. 157.
Núñez, E. (1968). Las Letras de Italia en el Perú (Estudios de Literatura Comparada). UNMSM. Pág. 57.
Rochabrún, G. (Editor). (2000). La mesa redonda sobre “Todas las Sangres” del 23 de junio de 1965. PUCP – IEP. Pág. 36.
Rowe, W. (1979). Mito e ideología en la obra de José María Arguedas. Instituto Nacional de Cultura. 113.

