La banca de atrás

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Seis horas pueden ser eternas para una visita familiar, pero ¿qué pasa si ese lugar se convierte en tu nuevo hogar? Uno nunca sabe quien mueva la vida, menos a los quince años. Maldita la Moira tercera que cortó tu vida. Los hilos manipulados por el supremo manipulador llevan a contextos diferentes, rostros desconocidos y la soledad profunda en varias aulas.

            Un grupito se conforma por un yo no sé que cómo qué cosa: dos niños y cuatro niñas. El subibaja como el afecto de una eterna risa anécdota consentida. La muerte cambia personalidades y gustos, ¿quién eres?, ¿quién soy?, ¿quién? Creo que yo, muchas veces sentía que sobraba y me apartaba del mundo. Probé la dichosa banca de atrás, me seguiste sin saber razón alguna.

            ¿Cuál era? Amistad. Tu cobijo y cariño lo fue todo, sobrevivir sin ti el último año fue difícil; pero sin razón alguna ella estuvo. La banca de atrás más allá de trabajos escolares fueron pláticas profundas y temas diversos. En retrospectiva siempre estuviste aquí, señala el joven su corazón. Estar en inglés en intermedio, se pasaban cada una de las actividades; un equipo de tres que en la presentación realiza sushi y reparte los rollos por todo el salón.

            Fue difícil no tenerte el último año, confiesa él nuevamente en una hoja en blanco que se acumuló detrás de muchos papeles. Supremo manipulador tus movimientos juntan y separan personas; pero no por ello los amigos se van a olvidar. Eres una risa que resuena, un olor a sudor y arrachera de un restaurante; espero ser un perfume en forma de arquitectura francesa moderna.

            Una banca que quién sabe dónde acabo, un edificio abandonado que los unió, coincidencias en gustos y disgustos, sólo quiero decirles que él agradece; le dieron una gran y verdadera amiga.