La carrera rarámuri, un ultramaratón singular de múltiples aristas. (Parte uno)

Views: 667

¡Quien no aguanta, no vale!, dice un viejo principio rarámuri, aquel grupo étnico que se ubica en la Sierra Tarahumara, se albergan en el interior de la Sierra Madre Occidental en el estado de Chihuahua, en México. Hay que poner el dedo en el renglón del tema, que  nos ocupa aquí, del entorno ambiental: ecológicamente duro para la supervivencia, dado que se asume la idea de este pueblo de que para vivir hay que ser resistente, para poder soportar la falta de agua y alimentos provocada por la sequía, el intenso frío nocturno del invierno o las largas travesías por la montaña. En este mismo contexto, desde hace cientos de años, hombres y mujeres rarámuris, como decreta la costumbre, compiten corriendo ininterrumpidamente día y noche, por terrenos pedregosos y abruptos, distancias que llegan a superar los doscientos kilómetros. Tiene una gran importancia a nivel del deporte étnico, pero sobre todo cumple como un impresionante acontecimiento cultural.

Ahora bien, parece haber una enorme cantidad de referencias acerca de carreras de larga distancia en la historia de los pueblos, por ejemplo, el pedestrismo griego, esto es las carreras de a pie como un punto de partida.  La historia nos platica que la 113va Olimpiada de la Antigüedad, que Agon de Argos después de haber triunfado en la carrera de larga distancia, ese mismo día se regresó corriendo a su ciudad, situada a unos cien kilómetros para comunicar de su hazaña a todo su pueblo. Recordemos también la victoria olímpica de Drymos, en la que después de cruzar la meta recorrió mas de ciento cuarenta kilómetros hasta su hogar. Otra historia es la de Euchidas de Platea, quien tras la derrota de los persas, recorrió en un solo día los ciento noventa kilómetros de ida y vuelta a Delfos, para renovar el fuego del altar de Apolo profanado por los persas. Sin ir más allá la historia que da origen al conocido Maratón de hoy en día tiene su origen en el 490 a.C. cuando un griego realizó un trayecto desde Marathon hasta Atenas, cubriendo una distancia de cuarenta y dos kilómetros, con la única encomienda de dar la noticia de la victoria obtenida sobre los persas; según cuenta la leyenda, el corredor murió agotado tras cumplir con el encargo.

Hablando de juegos olímpicos vale la pena recordar un episodio fuera de serie. Se trata de las competencias en Ámsterdam de 1928, en ellas se hizo presente el linaje rarámuri, lo interesante está en que se logró mostrar que, aun cuando pueden correr muy rápido, éste no es el objetivo del porqué corren, sino el correr distancias muy largas para disfrutarlas. Así es que en este episodio olímpico México y sus modos surrealistas incluyeron a dos indígenas rarámuri para la gran carrera. La lógica decía que si ellos podían correr doscientos kilómetros en día y medio, inclusive lo hacían por setecientos en otros pocos días, estaría garantizado que México ganaría ese par de medallas en una competencia con tan solo cuarenta y dos kilómetros. No se había tenido mucho éxito, y dado que estos hombres de la sierra corrían bastante, parecía no haber falla en dicho plan. Fue en este año que los indígenas rarámuri se dieron a conocer a nivel internacional como aquél linaje de súper corredores. De hecho está escrito en su nombre, rarámuri que quiere decir: los de los pies alados. Además corrían como nadie, se dice por ahí que han matado venados de cansancio. Sigue contando la historia que años atrás habían sido invitados a correr un maratón con esa distancia, pero los varones se negaron diciendo que sólo mandarían mujeres, pues ningún hombre digno de decirse tal, correría tan poquito. Sin embargo, a pesar de todas sus  impresionantes capacidades, los rarámuri no ganaron en aquellos juegos olímpicos.

La explicación está en una serie de detalles que no se consideraron. Por ejemplo el hecho de que los rarámuri corrían descalzos y en la carrera fueron obligados a usar tenis, incómodos para su recorrido. Otro tema es que los tarahumaras se alimentan de pinole o tesgüino, bebidas fermentadas a base de maíz, para hidratarse y mantenerse enérgicos durante sus carreras. Esto y que, en algunas ocasiones, utilizan al peyote para mantener su resistencia. Los hombres  quedaron en los lugares 32 y 35 de aquellas olimpiadas, de esta manera se mostró que, aunque es altamente probable que corran muy rápido, éste no es el objetivo del por qué corren, se trata de correr distancias muy largas lo cual para los rarámuri es sinónimo de alegría.

En la lengua autóctona, la palabra rarámuri denota pies ligeros o pie corredor y connota, en diferentes contextos, corredor a pie, miembro de una etnia india específica, indio de cualquier etnia o bien integrante del género humano. Su uso más común por este pueblo es para distinguirse de los no indios o mestizos, a quienes llaman chabochis, que connota araña y también vello, bigote, barba, el que tiene arañas en la cara, velludo, bigotón, barbón: los rarámuri encuentran semejanza entre las arañas y el vello que en su concepción es peculiaridad de los mestizos. Estos últimos a su vez transformaron el vocablo rarámuri en tarahumara, pero tal vez sea más adecuado usar aquí los nombres con los que los pueblos indios se llaman a sí mismos. Sin embargo, hay otros contextos a considerar para entender las carreras de ultramaratón que practica este pueblo y que tienen un sentido que va más allá de lo que en la jerga deportiva se considera como deporte. Así es que no hay que perder de vista que el terreno rarámuri  es una mole inmensa pero blanda. Las lluvias, casi todas torrenciales aunque no muy abundantes en el año, corren por gran cantidad de arroyos de todos tamaños, cada uno de los cuales ha tallado una cañada, para a su vez, confluir en ríos que han cavado verdaderos abismos.

La gran mayoría de las tierras cultivables se encuentran en esos pequeños valles lo cual implica que estos pueblos requieran hacer largas y tortuosas caminatas. Por otra parte, la Alta Tarahumara es una región fría, llena de valles, mesetas y montañas. El clima es riguroso, las temperaturas son de lo más extremosas. La Baja Tarahumara por su parte mantiene unas características contrastantes con la Alta; en sus profundas barrancas, crece una variada vegetación tropical. El clima es cálido y húmedo todo el año. Las dos regiones mencionadas existentes en la Tarahumara han permitido que muchas familias rarámuri varíen y combinen sus nichos ecológicos, cambiando de sitio a los rebaños de ganado y la propia residencia, de acuerdo a las exigencias del clima. Otro tema de contexto tiene que ver con que, al igual que otros grupos indígenas americanos, los tarahumaras sufrieron la agresión de los conquistadores españoles, y posteriormente de otros grupos vecinos como los apaches, sus rivales más fieros, así como de los mestizos y la sociedad nacional mexicana. Entonces hay que hablar de la colonización mestiza que ha sufrido la Tarahumara en el último siglo y que ha tenido como consecuencia una disminución de la población rarámuri  que, lejos de disminuir, resiste la presión y sigue aumentando su demografía.

Otra temática tiene que ver con que los rarámuri poseen un tipo físico de complexión vigorosa y porte esbelto, con estatura promedio de 1.65 metros, el hombre y de 1.58 metros la mujer. En general el tipo físico está bien proporcionado, destacando como cualidades la enorme resistencia al esfuerzo, la gran dureza para hacer frente a los rigores del ambiente, soportando con poco abrigo las bajas temperaturas nocturnas, así como la capacidad para soportar el dolor físico provocado por las enfermedades, los traumatismos o el parto sin mostrar queja. Sin embargo, su estado de salud general es bastante precario, las enfermedades más frecuentes son las derivadas del parasitismo; tanto interno; gastroenteritis, amebiasis; como externo, sarna, piojos; las venéreas, las enfermedades diarréicas agudas, las infecciones respiratorias agudas y la neumonía, entre otras, llamando especialmente la atención por el alto grado de desnutrición infantil.

Esta peculiaridad no está exenta de historias, de la aparición de mitos y tradiciones que influyen en la cultura de los pueblos y por ende en la idiosincrasia de la carrera:

 

El coyote le dijo a la tortuga:

Tú no caminas muy de prisa. Caminas muy despacito,

por donde quiera que vayas. Me están entrando ganas de comerte,

compadre; quisiera comerte ahorita mismo.

Entonces vamos a correr una carrera –dijo la tortuga–,

y si tú ganas, me puedes comer. Vamos a correr de bajada.

Hicieron la carrera. Empezaron iguales, pero ganó la tortuga.

Se puso a rodar hacia abajo, ¡y allá se fue bien rápido! Luego luego dejó

atrás al coyote. Schalkwijk (1985).

Paralelamente hay una referencia a la carrera en la leyenda sobre los Ro’lichi, enanos chiquitos que roban las almas de la gente y se las llevan bajo tierra, para salir al día siguiente. La narración al respecto, fue puesta en boca de un rarámuri que fue raptado por los Ro’lichi, estos además de bailar pascola y beber tesgüino, hacen carreras: […] Vi varias carreras; yo nada más miraba. Tienen muchas pelotas para la carrera; las hay rojas, verdes y blancas. Si coges una de colores, te convertirás en un brujo malo. El blanco es un color bueno. Yo no agarré ninguna. Sólo estuve mirando. Corrían grandes distancias. Yo era muy chiquito entonces […] Schalkwijk (1985). La leyenda que habla del bacánahua, como una planta medicinal usada para curar heridas y hacer bravas a las personas, igualmente hace una referencia a la carrera: Dicen que ese camote se encuentra en un lugar del otro lado de la barranca. Los que viven allá ganan muchas carreras porque tienen esa raíz […]”. Así es que en ésta, como en la leyenda anterior, la carrera no está exenta de aspectos mágicos, de elementos con poder que pueden modificar o condicionar los acontecimientos.