LA CEGUERA SOCIAL Y LA PEDAGOGÍA DE CAYETANA
El populista es el burro de troya de la democracia. Cayetana Alvarez de Toledo.
¿Quieres un México aliado de Occidente o de China y de Rusia?
¿Quieres un México de un partido único autoritario o uno democrático?
¿Quieres evitar las tentaciones cortoplacistas que nos perjudiquen a largo plazo?
¿Quieres un México seguro?
De Sócrates hemos aprendido a hacer de las preguntas, del estudio, de la duda y del diálogo la columna vertebral de un mundo civilizado y democrático. Hoy, la verdad naufraga en aguas turbulentas y con ella, nuestras esperanzas de librarnos de los dictadores.

A muchos líderes estentóreos los definen sus odios, no sus ideas. Confunden ganar con gritar y destacar con desgañitarse, siempre en actitud de ataque. Abundan los profesionales de la confrontación y el insulto, pertrechados de profecías apocalípticas, convencidos de que el fin justifica los medios, mienten como respiran.
La verdad es un bien de primera necesidad. Como el agua corriente o la electricidad. Sin verdad no hay democracia ni libertad, ni progreso, ni seguridad.
Hace casi 30 años, José Saramago nos sorprendió con su obra maestra Ensayo sobre la ceguera, aunque el título puede sugerir que se trata de un ensayo, en realidad es una obra de ficción que nos sumerge en un mundo distópico donde la humanidad se ve repentinamente afectada por una misteriosa epidemia de ceguera blanca.
El portugués, Premio Nobel de Literatura en 1998, nos narra como el personaje de esta maravillosa novela, de momento y en un semáforo en alto queda ciego, y en eso, aparece un hombre aparentemente buen samaritano que le ayuda y lo lleva a su casa en su coche para después robárselo. Este pasaje me ha parecido de gran utilidad metafórica para evitar que seamos sorprendidos por quienes se dicen demócratas y acaban por ser simples populistas marrulleros y ventajosos.

Al personaje le preocupaba que entre más tardase el médico en examinarlo, más profunda se iría haciendo su ceguera, y por tanto incurable, sin remedio. Para el infortunio de los mexicanos, a una parte de ellos, no les importa permanecer en un estado de ceguera ante un lobo con piel de oveja o ante un burro de troya como lo ha bautizado la política española Cayetana Alvarez de Toledo.
Aquí cito parte de las lecciones de mi admirada Cayetana: Hay dictaduras en las que se vota casi religiosamente: la Rusia de Putin, por ejemplo; la Venezuela de Maduro; la Nicaragua de Ortega; el populista es el burro de Troya de la democracia, y digo burro, porque no vamos a ennoblecerlo con lo del caballo. El burro de Troya de la democracia que se aprovecha de la ignorancia, además se disfraza de demócrata, para reventar la democracia desde el interior, convoca elecciones sí, y manipula el censo y las encuestas, compra votos, una paguita por aquí, un subsidio por allí, una ayuda por allá, hace campaña a favor de sí mismo, de su marioneta, aunque la ley lo prohíba y sobre todo utiliza los recursos del Estado es decir los de todos, para sabotear a sus adversarios. El populista tolera algo llamado oposición, algo llamado congreso, algo llamado poder judicial, pero luego, los acosan los doblega y los anula en una Fake, falsa democracia populista,hay contrapoder sí, pero son de cartón, piedra, hay jueces sí, pero sirven al gobierno, hay un instituto electoral nacional, pero el gobierno lo controla o lo intenta controlar, hay leyes sí, pero el gobierno las aplica a conveniencia, látigo para el adversario, impunidad para los amigos, y también hay periodistas, por supuesto.
La mentira es la pastura que alimenta y mantiene de pie a los burros de troya. Además de las mentiras, la corrupción, la violencia, el cinismo de los políticos, los mexicanos transitamos por un individualismo voraz, alimento de la apatía y criptonita de los paises democráticos.
Los burros de troya elogian a sus vasallos y desacreditan y censuran a los ciudadanos pensantes, a quienes además, nunca les reconocerá como interlocutores.

La democracia siendo un sistema político basado en el respeto a la voluntad del pueblo, en la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones y en la protección de los derechos individuales y colectivos, está sujeto a ciertas debilidades y desafíos, entre ellos se encuentra la llamada ceguera social.
La ceguera social hace referencia a la incapacidad o la negativa de las personas de reconocer ciertas realidades sociales, problemas o injusticias que afectan a la sociedad en su conjunto. En el contexto democrático, la ceguera social se manifiesta en varias formas, como la apatía política, la falta de empatía hacia los demás, la indiferencia hacia las desigualdades o la aceptación acrítica de discursos polarizadores.
Uno de los ejemplos más claros es la indiferencia hacia la corrupción. A menudo, los ciudadanos pueden estar al tanto de actos corruptos por parte de sus gobernantes o de las instituciones públicas, pero optan por ignorarlos o minimizar su gravedad en lugar de exigir transparencia y rendición de cuentas. Esta actitud pasiva o conformista puede socavar la integridad del sistema democrático y perpetuar la impunidad de los corruptos.
El algoritmo usado por las redes sociales, también le mete el pie a la democracia, ya que la gente se siente atraída por la información que refuerza sus creencias y prejuicios. De ahí que han surgido las cámaras de resonancia donde solo oímos las voces con las que estamos de acuerdo, con lo que se alimenta y hace más rabiosa la polarización política.

La polarización al igual que el caos, conducen al estancamiento de un país y cuando un partido toma todo, se germina la volatilidad económica. La polarización produce resultados aún peores que el estancamiento o la volatilidad para quienes siempre acaban en el bando de los perdedores.
Si queremos escapar de los burros de troya, es imperativo disponer de instituciones sólidas que contrarresten la fuerza bruta del voto mayoritario. Es necesario estar debidamente informados y reflexionar el contexto político para emitir un sufragio razonable que nos ayudará a rehuir del caos, limitar la polarización y vivir en un México de libertades.

