LA DESCONEXIÓN HUMANA EN UN MUNDO CONECTADO

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Tu visión se volverá más clara

 sólo cuando puedas mirar dentro de tu propio corazón. 

Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.

 Carl Gustav Jung

En la era de la hiperconectividad, donde la tecnología y las redes sociales dominan nuestra vida cotidiana, nos enfrentamos a un problema creciente: la desconexión de uno mismo. A medida que nos sumergimos en un mundo interconectado, corremos el riesgo de perder la conexión con nuestra propia esencia y alejarnos de nuestra identidad individual.

La razón de la creación de herramientas tecnológicas fue hacernos la vida más simple y práctica, para tener más tiempo libre y poder conectar con lo simple. Sin embargo, hoy somos esclavos de ésta. Todo resulta que es para ayer, contestamos mensajes a cualquier hora, estamos presos de las redes sociales, dejando un espacio tan pequeño para imaginar, crear y saber que ciertas ideas son realmente nuestras y no producto de lo que nos están metiendo todo el tiempo en nuestra mente.

A partir de ahí, se generan estereotipos de toda índole, a los que acatamos sin cuestionarlos siquiera. Vivimos en una sociedad obsesionada con la conectividad digital. Pasamos horas deslizando los contenidos de las redes, de los cuales muy pocos perfiles nos aportan algo. Nos volvemos adictos a la validación externa, buscando afuera lo que debemos construir por dentro.

Caminamos todos mirando hacia abajo, con el celular en mano, sin siquiera percibir lo que sucede a nuestro alrededor. Estamos en una verdadera película de zombis donde somos los protagonistas.

Este exceso de información, no siempre fidedigna, estímulos en demasía y necesidades creadas, nos dejan poco espacio para la introspección. Generan ansiedad, haciéndonos sentir cada vez más solos y aburridos, apartándonos de conocernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean. Nos hemos vuelto extraños para nuestras propias emociones, necesidades y valores más profundos.

La desconexión de uno mismo no sólo tiene un impacto negativo en nuestro bienestar emocional, sino también en nuestra capacidad de tomar decisiones auténticas y alinear nuestras acciones con nuestros valores. Nos vemos influidos, de manera inconsciente, por la opinión pública o nos sentimos demasiado pequeños en comparación con los filtros que nos muestran.

Para comenzar a depurarte del uso indebido de la tecnología, comienza por observarte. Te darás cuenta de que recurres a tu teléfono para todo, como una conducta aprendida que ya haces por inercia. ¿Qué haces apenas te levantas? Tomas el celular. ¿Cuántas horas de tiempo te roba deslizar y deslizar el feed? ¿Cuánto tiempo estarías dispuesto a invertir en ti, si dejaras esa ancla?

Dedícate un tiempo para ti, para nutrirte, cuidarte y reconectar con tu propia voz. Si tú no lo haces por ti, nadie podrá. Establece límites con la tecnología. Regálate conectar con tus amigos, hijos, padres, pareja. Comienza a aprender números telefónicos de memoria, ejercita tu cerebro, tu imaginación, porque cuando las neuronas empiezan a envejecer, te acordarás de este artículo. Que tu YO del futuro se sienta orgulloso de ti. Lo único que te vas a llevar son los momentos vividos y cómo te recordarán tus seres queridos.

La meditación, la escritura en un diario y otras prácticas introspectivas pueden ser herramientas poderosas para reconectar con nosotros mismos y descubrir lo que realmente nos importa.

También es importante recordar que la conexión con uno mismo es un proceso continuo y que requiere un esfuerzo consciente. Debemos aprender a escuchar nuestras propias necesidades y deseos, y a tomar decisiones basadas en nuestro propio juicio y valores, en lugar de depender de la aprobación de los demás. Debemos abrazar nuestra autenticidad y celebrar nuestras diferencias, en lugar de buscar encajar en los moldes predefinidos por la sociedad.

Algunas sugerencias que pueden ayudarte a reconectar contigo nuevamente:

Observa tus sentimientos y sé honesto contigo mismo para evitar la insatisfacción y hacer cosas sólo por cumplir. ¿Eres coherente en tu actuar y sentir? ¿Qué te impide encontrar ese equilibrio? ¿Estás realmente viviendo tu vida o nada más estás en modo zombie?

Dedica tiempo a la reflexión. Establece momentos regulares para estar solo y reflexionar sobre tu vida. Puedes hacerlo a través de la meditación o simplemente dando un paseo en la naturaleza. La reflexión te permite sintonizar con tus pensamientos más profundos y descubrir lo que realmente te importa.

Confía en tu propia voz interna, te guiará a tomar decisiones más acertadas y auténticas contigo mismo.

Apapáchate, porque tu interior se refleja en tu exterior. Si te importan tus seres queridos, regálales tu mejor versión. Pero para ello, debes conectarte contigo mismo y saber qué necesitas equilibrar. Ya sea dormir, hacer ejercicio, alimentarte de manera saludable, dedicarte a tus hobbies y todo lo que te haga bien.

El autocuidado te ayuda a reconectar con tu cuerpo y a nutrir tu bienestar físico y emocional.

Establece límites y aprende a decir que no cuando sea necesario. No eres una tienda abierta al público las 24 horas.

Practica el silencio y busca momentos de tranquilidad sin distracciones externas, por más mínimos que sean. Haz espacio para estar contigo mismo.

Cuanto más trabajes en tu conexión interna, más te descubrirás y descubrirás pasiones que te permitan desarrollar tu imaginación y expresar tu creatividad auténtica, sin tanto condicionamiento externo. Vincúlate de manera profunda con tus afectos.

Recuerda que la conexión con uno mismo es un viaje continuo que requiere dedicación y práctica. Permítete el tiempo y la paciencia para explorar y descubrir quién eres realmente, y date permiso para crecer y evolucionar a lo largo del camino. Al crear conexión contigo mismo, estarás construyendo una base sólida para una vida más auténtica y significativa.