LA ECONOMÍA DE LA OPRESIÓN… LA NO ECONOMÍA

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“Cuando un gobierno promete igualdad absoluta, normalmente termina igualando… pero hacia abajo.”

Dicho popular cubano

EL ESPEJO DE LA CRÍSIS:  Imagine a una familia donde, de la noche a la mañana, uno de los miembros, el más crítico, el más cáustico, decide que él sabe más que todos y que, a partir de ahora, él dirá cómo se gasta el dinero, quién puede opinar, qué se puede comprar y quién merece recompensa.

Prohíbe que alguien cuestione, castiga al que critica y dispone del ahorro familiar para financiar sus caprichos. No ahorra, pero da discursos sobre “justicia” y “bienestar”. La despensa se vacía, los hijos pierden peso, el refrigerador se descompone y no hay dinero para arreglarlo, las paredes y los techos se desgajan y si un miembro de la familia enferma, lo cura con palabras, no hay medicinas. 

Mientras todos sufren, el “jefe” (abundan) asegura que todo va bien, las deudas y los deterioros son “culpa del abuelo” que, por cierto, construyó la casa que habita.
Eso, en escala país, es la economía de la opresión: un modelo que destruye, controla y empobrece.

La economía de la opresión no es economía, sino administración del poder mediante el empobrecimiento colectivo. Países como Venezuela, Cuba y Nicaragua no se destruyeron solos; fueron demolidos por proyectos políticos incapaces, revestidos de retórica redentora, controles autoritarios y culto al líder.

Venezuela: del país más próspero de Sudamérica a una nación donde la inflación superó 1,000,000% en 2018, se quitaron 10 ceros al Bolívar, hasta 1998 una de las monedas más fuertes de Latinoamérica; el salario mínimo equivale a unos pocos dólares y 7 millones de personas han huido; al interior el 80% vive en una pobreza no reconocida y reprimida si se expresa.

Cuba: 65 años después de su “revolución”, depende de remesas, turismo y represión; la industria azucarera colapsó; la moneda se pulverizó; la libreta raciona alimentos y la libertad sigue encarcelada.

Nicaragua: persecución a opositores, cierre de ONGs, exilio masivo, censura y caída del ingreso real. Democracia ahogada a punta de decretos y fuerza. Religiones reprimidas en aras de un orteguismo abyecto y solapado que merecería el mismo trato que Netanyahu, aunque el genocidio es contra su propio pueblo.

En todos estos casos, el patrón es idéntico: Se destruye la economía para asegurar la sumisión, por la fuerza.

Como advirtió Carlos Rangel, en Del buen salvaje al buen revolucionario, el populismo latinoamericano fabrica mitos de liberación mientras siembra dependencia, rencor y atraso.

Los casos abundan y los autores serios también, Juan José Linz se expresa con vehemencia sobre el autoritarismo y la quiebra institucional. Moïsé Naím, en La revancha del poder, habla sobre cómo los caudillos modernos manipulan instituciones para perpetuarse.

Anne Applebaum, merecedora de lectura universal, señala en El ocaso de la democracia, sobre el giro autocrático disfrazado de “proyecto social”.

Por supuesto, ni políticos ni electores los han estudiado, unos por conveniencia y otros por maniquea ignorancia y, si los leen, no los comprenden y, lo peor, si alguien los comprende, simplemente los prohíbe.

Los gobiernos opresores siempre usan los mismos trucos narrativos:

  • “Estamos defendiendo al pueblo”
  • “La prensa miente”
  • “Era peor antes”
  • “El enemigo externo nos ataca”
  • “Nos sabotearon”
  • “El sacrificio es temporal, el futuro será glorioso”

Debajo del discurso sin forma y sin contenido, hay censura, persecución, leyes amañadas, tribunales controlados, institutos electorales capturados, prohibición de competencia real y culto al líder “redentor”, que suele ser el más corrupto de corruptilandia.

Para esta espiral de pobreza, cambian leyes para perpetuarse y destruyen contrapesos.
Se apropian de la justicia y la vuelven un arma. Se posicionan personajes de baja ralea y se les da poder, la ignorancia es la ley.

Hablan de libertad mientras mandan a callar, censuran o encarcelan al que piensa distinto.

GENERAR EL CAOS, TÁCTICA INFALIBLE: Lo más grotesco es que prometen dignidad y entregan humillación. Siguiendo la línea del tiempo de estos tres países mártires, encontramos que, con todo y la corrupción que se debió de combatir, pero que se arraigó en los “libertadores” antes se tenía mejor nivel y calidad de vida que ahora, las palabras engañan, los números no mienten.

Los tres son Países sin medicinas, pero con propaganda oficial 24/7. En los tres circulan billetes que no valen ni para papel de envoltura. En todos encontramos niños desnutridos mientras los burócratas se enriquecen. Y los tres gestaron “Revoluciones” que terminan con millones de exiliados haciendo cola… pero en otros países, buscando comida y libertad. Nunca se va a huir en balsa de un “paraíso” que canceló el futuro de tres generaciones.

Aun así, los líderes posan como salvadores y la economía deja de existir. Lo que queda es control, pobreza y miedo.

DE FONDO

Cuando un dirigente populista ignora las complejidades macroeconómicas, suele adoptar medidas que buscan popularidad a corto plazo—como subsidios masivos, controles de precios o gasto público desmedido—sin considerar sus efectos a largo plazo. Esta falta de disciplina fiscal y de inversión productiva puede generar inflación, fuga de capitales, pérdida de confianza internacional y, en casos extremos, llevar a la quiebra nacional. Ejemplos como el de Venezuela ilustran cómo el populismo mal gestionado puede destruir economías enteras bajo el peso de decisiones impulsivas y desinformada.

DE FORMA

Una ciudadanía informada es capaz de cuestionar decisiones públicas, entender las implicaciones de políticas económicas y reconocer narrativas manipuladoras que apelan a la emoción más que a la razón. En cambio, cuando el foco social se desplaza hacia contenidos intrascendentes y estupidizantes, se debilita la capacidad de análisis, se normaliza la ignorancia política y se perpetúa la desconexión entre el pueblo y sus instituciones. 

Como señala la UNAM, la interacción entre cultura y economía es clave para el desarrollo de sociedades capaces de subsistir, reproducirse y evolucionar. Cultivar esa conciencia es mucho más valioso que seguir el drama prefabricado de celebridades que nada aportan al bienestar común.

DEFORME

Los falsos héroes dicen que llegaron a liberar al pueblo, pero lo único que liberaron fue la inflación y la miseria. Cuando el verbo reemplaza a la productividad y el poder reemplaza a la ley, no queda economía… solo obediencia y sumisión.