La emigración en el siglo XXI

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En diversas ocasiones he escrito sobre la emigración como una forma de salvarse, salvar la vida, salvar la economía familiar, salvar incluso la dignidad como personas.

He dicho también que la emigración no es una decisión sino una necesidad en la mayoría de los casos, me he preguntado ¿Quién de verdad quiere dejar su casa, su familia, sus amigos, sus raíces? Pienso que muy pocos de verdad lo hacen por voluntad, en su mayoría lo hacen por necesidad.

En este mes de agosto del año en curso, hemos visto ejemplos muy palpables y concretos respecto a lo que significa ya de facto, la necesidad de la emigración. Por citar algunos, los más llamativos, tenemos el ejemplo de Venezuela o Nicaragua, cuando de razones políticas se trata.

Pero también tenemos el ejemplo de los millones de mexicanos que intentan hacer su vida en Estados Unidos de América. No debemos olvidar que en México hay miles de centroamericanos que esperan poder cruzar la frontera hacia los Estados Unidos. Haití es otro ejemplo de emigración necesaria. Otro claro ejemplo es Afganistán o los cientos de marroquíes o subsaharianos que intentan cruzar a España o por cualquier otra frontera europea.

Las razones como podemos imaginar de acuerdo con lo dicho previamente son muy variadas, desde razones políticas, económicas, de seguridad e integridad personal cuando de conflictos armados se trata, pero hay otro tema que también ha estado presente en este mismo mes y es el cambio climático. Hemos sido testigos de incendios, sequías, huracanes. Donde había lagos ya no hay más agua, donde había calor ahora hay frío, y un largo etcétera.

En un estudio del Banco Mundial relacionado con el cambio climático y las migraciones, se espera que para el año 2050 haya alrededor de 140 millones de desplazados por estas razones sobre todo internos sin embargo esto también provocará desplazamientos entre países.

Pero entonces si sumamos los migrante por conflictos o por razones económicas a estas cifras, los desplazamientos serán tremendos y dramáticos. Dramáticos en dos sentidos: en la necesidad de las personas que huyen y en el impacto de las sociedades que recibirán, incluso sin su conformidad.

Sin duda estas migraciones humanas generan tensiones entre las personas que llegan y las personas que habitan en los países receptores, y además del gran reto de salvar vidas humanas, estará el reto de administrar correctamente la migración de tal manera que los humanos podamos vivir en paz, con los valores de la dignidad, la diversidad, la tolerancia y la integración.

Mucho trabajo nos queda por delante como humanidad y me queda claro si solo a través del trabajo en equipo y la cooperación podremos lograr que la dignidad de las personas, en todos los rincones del planeta, sea una realidad.

Carlos Gonzalo Blanco Rodríguez

@cgonblanc