+ La falacia de la educación gratuita en la UAEMéx; La prueba de fuego para las fuerzas políticas acomodaticias del Partido del Trabajo y Verde Ecologista de México
La frase:
La educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios.
GABRIELA MISTRAL
CON LA REFORMA PELIGRAN LOS PARTIDOS RÉMORA
Tal y como está planteada inicialmente la propuesta de Reforma Electoral que presentará en breve el gobierno federal, y la cual será primero ventilada en foros de opinión y otras formas de supuesta consulta, hay dos partidos políticos que corren grave riesgo de perder espacios importantes, y no son precisamente los opositores al régimen, sino exactamente lo contrario; es decir, los aliados cercanos a Morena y la Cuarta Transformación.
Son precisamente el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México las dos fuerzas políticas que saldrían trasquiladas en caso de que proceda, tal cual, la propuesta de Reforma Electoral del régimen, pues si a la coalición nacional que hoy gobierna le aplican el recorte de espacios para diputados por representación proporcional, esas organizaciones políticas serían reducidas a nada.
Vienen tiempos muy interesantes en los próximos foros de análisis y debate de la mentada Reforma Electoral, los cuales tendrá a cargo una comisión nacional que encabeza el antes titular de la Unidad de Inteligencia Financiera del país, Pablo Gómez, pero en los cuales ––se supone— habrá lugar para la participación de especialistas de todos los niveles e incluso para ciudadanos que deseen opinar sin necesariamente pertenecer a una organización, sindicato o cualquier cosa por el estilo.
Imagine usted que se hace realidad eso de desaparecer las diputaciones de representación popular, medida encaminada a que Morena refrende su papel absolutista, como ya ocurre, pues entonces a esas organizaciones políticas como el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista les corresponderán cuando mucho la mitad de las posiciones que actualmente ocupan en las cámaras de diputados federal y en los estados del país.

Esa medida sólo se consolidará en el caso de que el recorte de espacios de representación se aplique parejo para todos los partidos, pues si se hacen excepciones evidentemente a los primeros que se buscará favorecer será a esos satélites del sistema morenista, pues la cortadora iría entonces hacia los partidos que alguna vez fueron mayoritarios: el Revolucionario Institucional y Acción Nacional, sin dejar de lado a Movimiento Ciudadano.
Bajo la narrativa que impera en Palacio Nacional, lo que presuntamente se busca es adelgazar la burocracia política del país, que las elecciones cuesten menos y que los mismos partidos políticos aprendan a nadar por sí mismos, dependiendo cada vez menos de los recursos federales que reciben a través de las llamadas prerrogativas que les entrega a nivel federal el Instituto Federal Electoral y en los estados los órganos electores, los cuales, por cierto, también están sentados sobre un barril de pólvora con miras a su desaparición.
Si la propuesta se cumple, los partidos políticos que han crecido al amparo del Movimiento de Regeneración Nacional se reducirán a la mitad, por lo menos, tanto en sus órganos internos de gobierno como en sus finanzas, lo que pone sobre la mesa su eventual capacidad de sobrevivencia ante una medida que consideran hostil.
Y es en ese punto donde surge algo interesante, pues la pregunta será ¿qué tan fieles a la mayoría electoral serán el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista de México cuando se vean y se sientan agredidos de esa manera con las medidas que implica la reforma electoral?
¿Seguirán de aplaudidores esos institutos políticos o se convertirán ahora en una oposición contra la Reforma Electoral, lo cual les podría costar todavía más?
Es algo muy interesante que no sabremos ciertamente hasta ver su desempeño en el marco de la discusión sobre la Reforma, la cual evidentemente no les conviene del todo, pero hay que recordar que son organizaciones políticas dirigidas por personas que han demostrado ser acomodaticios y que seguramente sabrán acostumbrarse a la nueva circunstancia, pues se han caracterizado por conformarse con poquito, mientras les sigan dando.

La falacia de la educación gratuita en la UAEMéx
Llegó el día en que el dinero salió a relucir como tema en el conflicto universitario, convirtiéndose en asunto prioritario para quienes insisten en hacer que el paro de labores se prolongue lo más posible, con una visión que evidenció que no están decididos a ceder sin retirarse con las bolsas vacías.
En la cuarta mesa de trabajo entre la UAEMéx y el Enjambre Estudiantil Unificado (EEU) se abordó como tema principal la gratuidad en la educación, con críticas directas al costo de estudiar en la institución.
El planteamiento central de los paristas fue que la universidad no cueste, que, el que quiera, pueda ingresar y permanecer sin que eso represente ninguna aportación económica, lo cual es definitivamente una aspiración un poco salida de la realidad, pues ciertamente la institución recibe y administra un presupuesto federal y uno estatal, pero el cual, con trabajos, alcanza solamente para cubrir la nómina de sus trabajadores.
Somos la universidad más cara del país, señaló una de las integrantes del Enjambre Estudiantil Unificado, y posiblemente tenga razón, pero para que eso dejara de ocurrir se necesitaría sacrificar parte del presupuesto operativo de la institución, precisamente en salarios de los académicos que finalmente son los que forman a las nuevas generaciones.
Los argumentos de quienes se supone son estudiantes universitarios se fueron en el sentido de las dificultades de compaginar estudio y trabajo, la deserción escolar y la necesidad de elegir entre cubrir necesidades básicas o pagar la universidad. En ese sentido hay pocos espacios para debatir en contra, pues ciertamente la educación superior se ha tornado cara en las últimas décadas y cada vez es menor el número de estudiantes que pueden mantener su formación académica sin tener que recurrir al mercado laboral para sostenerse.
Hay que recordar que, durante la pandemia de Covid-19, la institución hizo un gran esfuerzo para mantener a flote la economía de quienes ahí se formaban, y fuimos testigos de verdaderos ejemplos de maestros que ellos mismos ayudaron a alumnos para que no desertaran por motivos económicos, pero eso no podría mantenerse para siempre, y a pesar de las becas que hoy se otorgan a un buen número de estudiantes, es un hecho que se requiere la participación de los padres de familia o de los mismos alumnos para mantener operativa a la institución.
Aumentar el presupuesto no es opción, pues los gobiernos federal y del Estado de México tienen otras prioridades para el gasto público, sobre todo los llamados programas sociales, y dudamos mucho que estén dispuestos a poner más dinero para mantener a las universidades públicas, como es el caso de la Autónoma del Estado de México.
De no ser por esa vía, tendría que sacrificarse a un gran número de miembros de la comunidad académica de la institución para canalizar los recursos de sus sueldos al gasto que implicaría apoyar a los estudiantes de bajos recursos, y entonces se afectaría a otro de los sectores importantes de la institución, como docentes y hasta a los trabajadores administrativos, que por cierto son cada vez menos.
Es un asunto que requiere un plan financiero profundo para una reestructuración que permita combinar aspectos de los tres sectores de la comunidad universitaria, y que aun así, sería difícil de lograr un equilibrio entre lo que cuesta operar la institución, lo que recibe de presupuestos federal y estatal, y la calidad educativa que se brinda a los que ahí se preparan.
Es cierto que en los últimos años se vivieron excesos en el gasto en área que fueron suntuosas y difíciles de seguir manteniendo, pero ni siquiera evitándolas se podría lograr que no cueste nada a los alumnos el seguir su formación profesional. Una educación de calidad cuesta, y cuesta mucho, y es casi un sueño pensar que de la noche a la mañana se ofrezca en una institución como la Universidad Autónoma del Estado de México educación gratuita a todos los alumnos. Veremos en qué acaba esa discusión, que seguramente para lo único que servirá será para prolongar más la parálisis académica que hoy afecta a la institución.


