La gente… caminando va

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 Yo nunca sabré

Si un problema hay

En sus vidas

No sabré

Dugs Dugs

 

En estos días, el salir a la calle toma un cariz un tanto problemático. Las autoridades piden que se conserve la calma para evitar problemas de salud que pueden tener consecuencias, en algunos casos mortales.

 

Sin embargo, y muy a la mexicana, la gente sale a caminar de manera despreocupada y sin conservar las medidas que implican un contagio menor. La pregunta puede ser muy obvia, por lo que las respuestas también son obvias.

 

No tenemos una solución a la vista. Sólo tenemos la voluntad de cada uno para evitar que esta situación que vivimos actualmente se agrave de tal forma que sea un resultado catastrófico. Y eso, sin parecer demasiado fatalista, está muy lejos de tener una solución.

 

En este sentido, la ciudad toma un cariz muy especial. Y aunque somos pocos los que tomamos conciencia real del asunto, seguimos disfrutando las calles a pesar del amontonamiento de rostros sin saber que la ruleta rusa que jugamos esta apuntada a nuestra salud.

 

Aún así, caminar en las calles tiene un sabor muy diferente. Sufrimos ante la acumulación de cuerpos, sentimos ese pánico que nos atenaza el alma con el miedo de un contagio que puede ser fatal, tenemos el pavor de no saber en qué esquina, parque, plaza o simple espacio abierto existe la pistola que nos hará tomar la vida de una manera complicada

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No tenemos conciencia, esta sociedad, de lo que sucede realmente. Somos una forma de vida con inconsciencia que respira lo de otros con la misma fascinación de quien siente la muerte cerca. Sí, somos adoradores de la muerte, en diferente estilo y con distinta noción, pero adoradores al final de cuentas.

 

Hemos jugado con ella desde tiempos ancestrales. La respetamos y nos burlamos, la hacemos parte de nuestra cotidianidad y es una figura presente en cada momento de nuestra vida.

 

No tenemos miedo a la muerte, pero le tememos en cuanto aparece junto a nuestro. Quizá por eso nos la comemos y creamos representaciones factibles, tocables, que existen en nuestro entorno.

 

Quizá por eso me llama la atención la actitud de los caminantes de las tardes citadinas. Circulan sin un temor aparente, aunque en sus actitudes tienen el temor a su lado.