La gran marea de la libertad

Views: 1708

“Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada”

José Luis Sampedro Sáenz

 

 

Difícil situación, la que acontece en nuestro país en los últimos días; difícil panorama en nuestro Estado (México) y su distinguida Universidad Autónoma, las manchas de hechos y anécdotas se tiñen de negro y rojo, negro acontecer y rojo porvenir, como un lenguaje disímbolo.

 

De manera estrepitosa el uso del internet ha difundido una gran marea de información que zigzaguea entre lo veraz, lo mediático y la mentira disfrazada de realidad para obtener a través de ello, “raja política”; como una oda a la ideología que sin sustento, se defiende o que teniendo la primicia de una lucha legitima se va matizando para aparentar lo que muchos pretenden que se vea.

 

Hechos históricos se viven en nuestro país, movimientos replicados a la sazón de ideales legítimos, causas que deben ser defendidas y que no encuentran el cauce de las voces de fuego que no solamente las propaguen; sino que con el estruendo sonoro de su verbo puedan incendiar la conciencia colectiva. De manera paulatina la vida social y política de nuestro país pasa del hartazgo colectivo y la pasividad reflexiva a ocupar un sitial en las calles donde mujeres y hombres se manifiestan con el repique de campanas consignando el: ¡ya basta!

 

Y es que los broqueles con que se había sellado la paz social se han desmoronado y en su lugar dejaron astillas de luz que lastiman, pero vivifican el espíritu de lucha, el dolor social se convierte en bocina de megáfono para prorrumpir voluntades y entonar el canto que de generación en generación ha permeado en la humanidad. ¡Libertad! Libertad para dar a conocer la verdad, libertad para defender los derechos que por tato tiempo han sido sojuzgados, libertad para gritar consignas que estremecen el alma, libertad para hacerse visibles y hacer concebir en el ideario colectivo; la importancia de la vida, la seguridad, la integridad física y moral, pero sobre todo y ante todo; libertad para poder hablar y poder sentirse escuchados.

 

Y es que las luchas sociales que se han gestado a nivel nacional y particularmente en nuestro Estado han promovido el desborde de ideologías, de defensa de derechos y la movilización masiva de quienes antaño parecieran solo espectadores de la actividad social de protesta, hoy las luchas toman un caleidoscopio de oportunidades, pero también la diáfana claridad de responsabilidades con el solo hecho de adherirse a un movimiento; recordemos que cada consecución de derechos trae consigo la propagación de obligaciones.

 

Debemos entender bajo este supuesto, que esta lucha no es de mujeres en contra de hombres, de alumnos en contra de maestros, de pasajeros en contra de choferes delbtransporte público o de inconformes contra los conformes, esta es una lucha social de libertades, de comunión social, de igualdad y de responsabilidad, de voluntades y de mentes que tejen el deseo de un México más próspero, más igualitario, sin estereotipos; pero también una lucha ordenada, en donde el respeto debe imperar, que sea de propuestas, de disrupción para frenar la marea de violencia que azota nuestro país, pero pacifica para aquellos que aprecian el valor de la mexicanidad ungida de valores y tolerancia.

 

Entendemos y defendemos desde esta trinchera: la lucha legitima por la defensa de los derechos de la mujer, de los jóvenes universitarios, de los que menos tienen y que apelan a los programas gubernamentales como sostén de un derecho universalmente reconocido, la salud; las causas que se defienden son loables, escuchamos atentos las consignas, los reclamos y las proclamas de aquellos que son representados por familiares o amigos, somos fieles partidarios de que todos tiene justo derecho a ser escuchados, somos partidarios del dialogo, del compromiso y la corresponsabilidad.

 

Es en estos momentos donde la palabra se precia y se torna diamante de libertades que aguijonean el espíritu y la mente para abrir el horizonte e incitarnos a cruzar el umbral que ha cercado nuestro caudal de indiferencia; se requieren rebeldes que defiendan las causas justas de México, se necesitan voces de joyel que hagan estruendo entre sus contemporáneos para unificar un solo cuerpo; hoy los oradores deben salir del pedestal de sus campeonatos para hablar en las diversas trincheras que la vida nos presenta y defender lo que es nuestro, para darle un nuevo rostro a México, para regresar a la palabra redentora mexicana y darle alas, alas que nos permitan alcanzar para la patria los más nobles ideales.

 

Recordemos que la patria somos todos, que la violencia en el suelo mexicano les duele a todos, que no tiene color, raza, edad o sexo, que es simplemente una yaga que lacera el cuerpo mexicano; que la inseguridad no es ajena a unos, que pareciera que jugamos a la ruleta rusa con nuestra seguridad y que todos o nadie puede estar señalado, por eso; creo firmemente que estos son los tiempos de México, que es el momento de redefinirnos como generación, de caminar la patria andando en nuestros anhelos de paz; que es tiempo de cerrar las filas y hacer un frente común en donde se luche por los que menos tienen, en donde aquellos que con impotencia ven sus esperanzas deambular, tengan rostro; es necesario levantar la voz por quienes con el tesoro de la salud han sufrido y por esos padres que ven como un torrente de vida se les escapa de las manos.

 

Alcemos la voz, señalemos con el dedo flamígero de la verdad, exijamos, pero también comprometámonos; aperturemos el dialogo, hagamos sororidad con la causa de las mujeres, respetemos a quienes con nosotros caminan, reconozcamos la trascendencia de nuestro actuar y demos luz a los taciturnos luceros de la esperanza; pero hoy amigo lector, mi mensaje es el siguiente: en estos tiempos convulsos de la nación, tú también eres protagonista de la historia.

 

¿Qué camino andaremos?